El Mundo
Miércoles 03 de Mayo de 2017

Una Constituyente "Frankenstein", la fuga hacia adelante de Maduro

La Constitución de Chávez se ha vuelto un dolor de cabeza para su heredero, porque está sin respaldo popular mayoritario.

El reconocido analista político y consultor venezolano Luis Vicente León hizo un análisis de la jugada de convocar a una Constituyente sin voto universal del gobierno de Nicolás Maduro. Publicó su columna en el portal web Prodavinci.com, que se reproduce con algunas aclaraciones para el lector argentino.

El gobierno decidió huir hacia adelante convocando una Asamblea Nacional Constituyente en sus propios términos. El tema es que esta convocatoria rompe con la tradición democrática venezolana que plantea (como en todos los países democráticos) que las elecciones para escoger a los representantes, en este caso constituyentes, sean elegidos en procesos universales (toda la población participa sin sesgos ni segmentaciones, con voto directo y secreto).

Es obvio que el gobierno del presidente Maduro no podría ganar una elección de este tipo y entonces hace una convocatoria tipo Frankenstein en la que se elegirá un número descomunal de 500 representantes, una parte en elecciones convencionales y otra seleccionada por los sectores que el chavismo decida (trabajadores, mujeres, indígenas, etc). Un proceso que, por supuesto, estará sesgado y tutelado, garantizando que el gobierno pueda obtener la mayoría que necesita para controlar la Asamblea. Con esto intenta matar varios pájaros de un sólo tiro.

Primero, canalizando la energía hacia una "elección" que en realidad es una trampa cazabobos. Segundo, dejando automáticamente desahuciados a los poderes constituidos, quienes por ley estarán supeditados a la nueva Asamblea Constituyente tan pronto sea convocada: un mecanismo para dejar sin efecto a la Asamblea Nacional y también, si lo desea, a la Fiscal General (Luisa Ortega Díaz), hoy irreverente.

Tercero, y más importante: redactando una nueva Carta Magna que sustituya la de 1999, que aunque hecha y promovida por Chávez es una Constitución democrática y liberal que se ha convertido en un dolor de cabeza para que la "revolución" permanezca en el poder, estando como está sin respaldo popular mayoritario y en incapacidad absoluta de ganar cualquier elección medianamente transparente. Esa nueva Constitución buscará, sin lugar a dudas, acomodarse a procesos sesgados de selección y elección que fulmine definitivamente la democracia electoral en Venezuela y permita a la "revolución" permanecer en el poder, aunque la mayoría del pueblo la rechace y desee cambiarla.

Cuarto, mientras se convoca este proceso, quedan suspendidas las elecciones regionales, locales y presidenciales en 2017 y 2018, respectivamente, con lo que el gobierno pretende conjurar su mayor peligro.

Finalmente, el proceso natural de una Constituyente debería incluir una validación por parte del pueblo en un referéndum aprobatorio del documento redactado, con condiciones convencionales de universalidad electoral (Nota: tal como se hizo con la Constitución de 1999, aprobada en referendo). Proceso que el gobierno finalmente perdería. Algunos analistas creen que aun así habría comprado tiempo, evadido elecciones y organizado a su grupo, lo que es suficientemente atractivo. Yo en cambio pienso que va más allá. El gobierno aprovechará un vacío constitucional en el que se deja implícita pero no explícita la obligación de validar esa nueva Constitución con el voto del pueblo. Lo más probable es que den por concluida la nueva Constitución con la sola redacción y aprobación de la Asamblea Constituyente que ellos han conformado sesgadamente, escondidos en el concepto de democracia "directa", que no es más que una excusa para fulminar y controlar la democracia real. En pocas palabras, no van a convocar referéndum aprobatorio porque probablemente lo perderán.

Estas acciones del gobierno van a tener reacciones opositoras. Lejos de rescatar equilibrios, la decisión constituyente acelera la crisis. Impide cualquier acuerdo o diálogo entre gobierno y oposición y obliga a los opositores a activar su lucha de calle con más fuerza. Es impensable que la oposición participe en esa convocatoria circense. Pese a sus múltiples divisiones, el gobierno logra con esto unificarla, reactivar y oxigenar su lucha por el rescate de la democracia, mientras consolida también el rechazo internacional a lo que a todas luces es una violación de derechos humanos y democráticos, y un intento de consolidar una autocracia encubierta en manipulaciones legales absolutamente impotables para cualquier demócrata en Venezuela y el mundo.

Nada que no sea una elección universal, directa y secreta ayudará a resolver la crisis. La convocatoria de ayer solo puede agudizarla.

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