El Mundo
Lunes 05 de Junio de 2017

Trump y un desafío ambiental que atrasa al menos 15 años

Los costos en las Relaciones Internacionales para Estados Unidos de la decisión de Trump sobre el Acuerdo de París comenzaron a llegar rápido.

Los costos en las Relaciones Internacionales para Estados Unidos de la decisión de Trump sobre el Acuerdo de París comenzaron a llegar rápido. El viernes, al día siguiente del anuncio, el premier chino Li Keqiang y Angela Merkel se lucían en defensa del acuerdo. Trump les había regalado en bandeja ese rol, quedándose en el rincón de los "malos" totalmente solo, sin siquiera la compañía de los petroleros , que también se pronunciaron en contra de lo que hizo.

Trump optó por pagar una alta factura internacional para ganar en el mercado político interno. Cumplió así una promesa de campaña mil veces enunciada en los mitines y recorridas, pero olvidó que el debate público sobre el calentamiento global ya no es el de hace 10 o 15 años, cuando Bush podía bajarse del protocolo de Kyoto (2001) sin demasiados costos. Hoy existe una convicción mucho más extendida sobre el calentamiento global. Es que la experiencia directa puede más que mil trabajos científicos. Casi todos en el planeta han vivido o conocido muy de cerca inundaciones, sequías, veranos infernales y otras anomalías climáticas que, intuitivamente, se atribuyen al calentamiento global más allá de que esta sea su causa o no. Por otro lado, la economía de la energía ha cambiado dramáticamente en EUU. El país ha mutado su matriz y lo seguirá haciendo, dejando atrás el carbón que defiende Trump. En marzo, el presidente anuló el plan Energía Limpia de Obama. Ese plan buscaba reducir para 2030 en 32 por ciento las emisiones de las centrales térmicas respecto a 2005. Fue una noticia que apenas se registró fuera de EEUU, pero tal vez tenga más efectos negativos reales que el último anuncio, dado que el Acuerdo de París establece metas que parecen ser de hecho voluntarias y acepta mediciones locales de emisiones. Por "algo" Exxon, Conocco Phillips, BP, entre otras gigantes del petróleo, le pidieron públicamente a Trump no salir de la COP21. Por lo demás, seguramente los objetivos de reducción de emisiones de Obama (26 por ciento a 28 por ciento para 2025 respecto de 2005) ahora no serán cumplidos, pero la tendencia de fondo seguirá siendo la misma en EEUU. Además, cuando Trump señala que China e India, bajo el acuerdo, podrán seguir abriendo usinas a carbón —China inaugura hasta dos por semana, según un estudio de Greenpeace — y ellos no, y EEUU, como todos los países desarrollados, deberán pagar 100 mil millones de dólares a partir de 2020 a los emergentes, incluidas las potencias China e India, tiene su parte de razón.

Como sea, las iniciativas del sector privado, como el cambio de matriz energética en EEUU del carbón al gas, parecen lograr mucho más que estos planes intergubernamentales. El sueco Bjorn Lomborg lo explica muy bien, y lo hace aplicando los mismos modelos matemáticos de la ONU. Tal vez tenga razón, tal vez no, pero hay que escucharlo en lugar de censurarlo, como exigen prestigiosas publicaciones.

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