El Mundo
Jueves 09 de Marzo de 2017

Testimonios en Mosul: "Los yihadistas llamaban a la puerta pero no abríamos"

"Los yihadistas llamaban a la puerta pero no abríamos", cuenta Yunes Mohamed, un habitante del oeste de Mosul que permaneció encerrado en casa con su familia por miedo a que el grupo Estado Islámico lo secuestrara.

"Los yihadistas llamaban a la puerta pero no abríamos", cuenta Yunes Mohamed, un habitante del oeste de Mosul que permaneció encerrado en casa con su familia por miedo a que el grupo Estado Islámico lo secuestrara. Ahora vuelve a disfrutar de la luz del día. Las fuerzas de seguridad iraquíes reconquistaron su barrio de Al Danadan en la ofensiva que libran contra los yihadistas en la parte oeste de la segunda ciudad de Irak.

A la sombra de un árbol, este mecánico de 39 años relata las dos semanas pasadas en el sótano de su casa con su padre, sus dos hermanos, sus mujeres y los niños. O sea "cuatro familias, 18 personas, de las cuales ocho niños". A los niños "les dábamos una poción que los hacía dormir para evitar que hablaran. Si nos hubieran oído, nos habrían secuestrado para protegerse", cuenta Yunes. Cuando se acercaban "escuchábamos sus voces y también hablar por los walkies-talkies", declara. Algunos combatientes del Isis "ni siquiera hablaban árabe".

Otros habitantes de Al Danadan afirman haberse quedado en casa, intentando pasar desapercibidos y alimentándose de comida almacenada. "No podíamos salir a causa de los combatientes del EI", confirma Manhal, de 28 años, que también se refugió en el sótano con su mujer y sus dos hijas. "A los que salían los secuestraban. Los combates eran muy intensos, cayeron obuses sobre nuestro tejado y en el patio".

"Estábamos atrapados en el medio: abres una ventana, es el ejército, abres la de enfrente, es el EI", ironiza su vecino Mohamed. En las aceras de esta pequeña calle bordeada de casas, todos los coches están calcinados. En medio de la calzada, una explosión causó un cráter que deja entrever las canalizaciones torcidas. "Era como un terremoto", recuerda Ahmed, que se enclaustró en casa con su mujer, sus dos hijas y su padre septuagenario. El muro del jardín se cayó y el césped está lleno de pedazos de asfalto de la calzada.

La amenaza no ha desaparecido del todo. Un poco más lejos sigue habiendo francotiradores del EI y de vez en cuando se oye el crepitar de las balas. De repente un soldado cruza corriendo una avenida para esquivar los tiros.

Tony Gamal-Gabriel


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