El Mundo
Jueves 13 de Julio de 2017

Sérgio Moro, el justiciero de un Brasil castigado por la corrupción

El juez, de 44 años, es el responsable de destapar uno de los mayores escándalos (sino el más grande) de la historia del país sudamericano

Su nombre resuena desde hace meses por todo Brasil y en muchas marchas de protesta contra la corrupción se ven pancartas que lo proponen incluso para la presidencia: mientras la clase política se hunde en el descrédito, el juez Sérgio Moro encarna hoy la esperanza de días mejores para muchos brasileños. Que un magistrado sea una de las figuras públicas más celebradas es otra muestra del actual grado de deterioro de las instituciones democráticas en el país sudamericano. En realidad reacio a los focos públicos, Moro comanda desde hace más de tres años las principales investigaciones de la megacausa conocida como "Lava Jato" ("Lavado de autos").

Bautizada así por un local de lavadero de vehículos donde empezaron las investigaciones, la operación ha puesto en jaque a gran parte de la clase política brasileña. Moro, un jurista de 44 años de voz aguda y pausada, tiene fama de ser implacable y de no tener miedo a sentar a los poderosos en el banquillo de los acusados. Su objetivo más grande hasta ahora, el pez más gordo, es nada menos que el ex jefe de Estado e ícono de la izquierda latinoamericana Luiz Inácio Lula da Silva, condenado ayer a nueve años y medio de cárcel en primera instancia por "Lava Jato".

"No tengo ninguna desaveniencia personal con el señor ex presidente", le aseguró Moro a Lula durante un cara a cara en mayo, cuando lo sometió por primera vez a un interrogatorio que se extendió durante varias horas. "Va a ser tratado con el máximo respeto, como cualquier acusado", agregó el juez, sin miramientos.

Que el magistrado natural del Estado de Paraná, en el sur del país, sea alguna vez candidato presidencial parece improbable, pero, para muchos, Moro ya ha contribuido a crear un nuevo país como un justiciero que pone fin a la larga tradición de impunidad para los poderosos que cometen delitos. Y por poner en la mira la promiscuidad entre negocios oscuros y la alta política como forma de gobernar en Brasil.

Blanco de críticas

"República de Curitiba" llaman sus simpatizantes al reino imaginario del juez, un funcionario de provincias de la clase media blanca de Paraná, desconocido hasta 2014. Curitiba, la capital paranaense, ubicada a casi 1.400 kilómetros de Brasilia, es desde ese año la sede de los procesos de "Lava Jato".

Temido por empresarios y políticos corruptos, Moro es sin embargo también objeto de críticas. Entre las últimas, destacan las que lo acusan de emplear métodos demasiado duros e incluso arbitrarios, una acusación más seria cuando se trata de un juez. En marzo de 2016, cuando estalló el escándalo en torno a Lula, Moro ordenó la conducción coercitiva del ex presidente a declarar a un tribunal, que desembocó en una detención de varias horas que dio la vuelta al mundo. Los abogados de Lula acusaron al juez de "abuso de autoridad" por una medida que calificaron de excesiva.

Polémica

Moro ordenó la detención "sin que hubiera resistencia o falta por no haber atendido a una citación", protestó Cristiano Zanin Martins. El abogado también se quejó por la publicación, autorizada por Moro, de una conversación telefónica privada entre Lula y su sucesora Dilma Rousseff, que había sido interceptada por orden judicial. "Se publicó todo como se ha hecho en otros procesos", se justificó Moro en una de las raras entrevistas que ha concedido. El Tribunal Supremo criticó luego la medida y excluyó el uso de la grabación como prueba en los juicios contra Lula.

El ex mandatario acusa a Moro de ser un "inquisidor" que representa los intereses de las élites económicas del país que quieren evitar un regreso de la izquierda y el Partido de los Trabajadores (PT) al poder. El juez niega siempre cualquier trasfondo político. Sólo su esposa, que administra una página de Facebook dedicada al juez y que tiene más de un 1,5 millón de seguidores, parece hacerle a veces un flaco favor a la imagen de imparcialidad de Moro. Además de criticar a Lula y defender la lucha contra la corrupción, la abogada Rosangela Wolff publica a menudo posts en los que fustiga al PT y elogia políticas conservadoras, entre ellas varias de la administración de Donald Trump en Estados Unidos.

Isaac Risco

DPA

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