El Mundo
Lunes 02 de Enero de 2017

Río, San Pablo y otras ciudades cambiaron de signo político

Nuevos alcaldes conservadores asumieron en miles de municipios de Brasil como resultado del retroceso del PT de Lula y Dilma

El ex senador y obispo evangélico Marcelo Crivella asumió ayer las riendas de Río de Janeiro, una ciudad "postolímpica" en bancarrota, igual que lo hicieron en todo Brasil más de 5.000 nuevos alcaldes, marcando un giro a la derecha en el mayor país latinoamericano.

Tras unos fuegos artificiales de fin de año recortados por la crisis, la ciudad del samba estrena este 2017 ahogada económicamente y pendiente de los planes de austeridad promovidos por Crivella, el pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dios, de 59 años, que prometió gobernar sin distinción de religiones y para un Río menos violento. Claro que Crivella es un conservador que ha hecho declaraciones contra las minorías sexuales y el casamiento de personas del mismo sexo.

En San Pablo, la capital económica de Brasil, ayer empezó también una nueva etapa bajo el gobierno del empresario y ex presentador de TV Joao Doria, quien impidió cómodamente en la primera vuelta la reelección del hasta hace un tiempo popular Fernando Haddad, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) del ex presidente Lula da Silva.

La izquierda y el PT sufrieron una debacle en las elecciones municipales de octubre, que fueron el primer test en las urnas para el gobierno conservador de Michel Temer tras el impeachment y destitución de la presidenta Dilma Rousseff (PT).

El partido de Lula y Rousseff, que gobernó Brasil durante 13 años, se quedó con solo una capital estatal de las cuatro que tenía, Rio Branco (Acre, oeste), y perdió más de dos terceras partes de sus alcaldías. Una debacle, sin dudas ligada a la crisis de imagen que sufre el PT a raíz de los casos de corrupción que surgen del "Lava jato", el caso de corrupción en la estatal Petrobras.

El nuevo mapa municipal brasileño fue un espaldarazo para el partido de gobierno PMDB y sus aliados, que viven asediados por los escándalos de corrupción y la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2018.

La corrupción, de hecho, también tuvo sus efectos en la esfera municipal: tras las elecciones de octubre, 145 candidatos de todo el país habían sido rechazados por la justicia electoral, aunque a mediados de mes esa cifra había disminuido a unos 90.

Electos y detenidos.

En el municipio de Osasco, en San Pablo, el alcalde electo Rogerio Lins, que ya era edil, pasó unos días detenido acusado de contratación de empleados fantasmas, pero fue liberado para poder asumir como alcalde a cambio de pagar una fianza.

Mientras que en el rico municipio también paulista de Ribeirao Preto hubo un vacío de poder momentáneo porque la alcaldesa Darcy Vera salió del puesto a inicios de diciembre, investigada en una operación anticorrupción y, sólo días después, fue reemplazada de manera interina. En este cuadro general de sospecha de corrupción, es muy difícil que la política brasileña recupere credibilidad ante la población.

Las municipales de octubre fueron una debacle para el PT: perdió más de dos tercios de las ciudades

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