El Mundo
Miércoles 14 de Junio de 2017

Otro frente de batalla contra Trump: demanda judicial por sus negocios

La controversia gira en torno al hotel del magnate en Washington. Fiscales dicen que hay incompatibilidad con las funciones de presidente

El presidente Donald Trump se encuentra en una batalla defensiva: por un lado, está el frente abierto de la presunta injerencia rusa en las elecciones estadounidenses que investiga el Buró Federal de Investigación (FBI), agravado por las declaraciones en su contra de su ex jefe James Comey. Y ayer fue el turno del fiscal general del país, Jeff Sessions, que declaró ante la comisión de los servicios secretos del Senado. Y en este momento tan poco oportuno se le abrió de repente un nuevo escenario de batalla: el Estado de Maryland y el distrito de Columbia acaban de llevar a Trump a tribunales al considerar que existe incompatibilidad entre sus negocios hoteleros con el puesto de presidente.

Trump viola con ello la Constitución, alegan, y no se desprendió de sus negocios inmobiliarios lo suficiente como para no interferir con sus funciones presidenciales. En lugar de depositar todos sus negocios en un denominado "blind trust" o fideicomiso ciego —donde los beneficiarios no tienen conocimiento de las inversiones que se hacen ni derecho a intervenir en la gestión—, el presidente creó una estructura liderada por sus hijos Eric y Donald Jr. y de la que él sigue pudiendo beneficiarse en segundo plano. "Los líderes electos deben servir al pueblo y no a sus propios intereses financieros", dijo el fiscal general de Maryland, Brian Frosh. "Este es un irrefutable fundamento de la democracia", destacó. "Trump violó importantes normas de la Constitución estadounidense", alegó su homólogo Karl Racine del distrito de Columbia. "Nadie puede estar por encima de la ley".

En el foco de la controversia se encuentra el hotel de Trump en el corazón de Washington con su famosa torre del reloj, situado justamente en el centro entre el Capitolio y la Casa Blanca y cerca del Obelisco. Días antes de la elección de su fundador como presidente de Estados Unidos, el hotel se convirtió en un punto de encuentro de poderosos del mundo, sin importar los precios. Que un gin tonic cueste más de 20 dólares indica que el lobby de este hotel no es para cualquier turista, sino para quienes deseen ser conocidos en la escena política de la capital, Washington.

Y ese es precisamente el fundamento de los juristas: Trump quita clientes al resto de los hoteles de la ciudad y del vecino Estado de Maryland, porque estos no pueden hacer publicidad con el nombre de un presidente. Las delegaciones extranjeras anularon sus reservas para festejar en otros hoteles para hacerlo en el de Trump. Por ejemplo en diciembre la embajada de Bahréin trasladó la fiesta de su día nacional al hall del antiguo edificio de correos de Washington. Y poco después le siguió Kuwait. Y en una fiesta de la embajada de Azerbaiyán fue visto entre otros el embajador ruso Serguei Kisljak. La persona cuyos contactos con el equipo de Trump están precisamente bajo la lupa del FBI.

El escándalo relacionado con Rusia con todas sus implicaciones, nombres conocidos y estrategias de los servicios secretos es una sola cara de un cocktail más complejo. Con su negocio hotelero, Trump estaría recaudando unos cientos de miles de dólares adicionales. Además, si un tribunal aceptara ahora la demanda de los Estados, Trump podría verse obligado a publicar sus documentos y declaración fiscal, algo a lo que se niega desde hace meses. En los blogs jurídicos, los "nerds" están convencidos de que el camino para la destitución de Trump pasa por denunciar sus actividades ilegales e incompatibilidades de sus negocios con su posición.

La cláusula de emolumentos de la Constitución estadounidense es citada continuamente por los críticos de los presidentes para pedir su destitución, al establecer que ningún cargo público del país puede aceptar regalos o cualquier tipo de prebenda de un Estado extranjero sin el consentimiento del Congreso. En todo el país los juristas están trabajando en busca de opciones legales, ante la presencia de invitados extranjeros en hoteles de Trump. No sólo el hotel de Washington está en el punto de mira, sino también el White House South, la residencia de lujo de Trump en Mar-a-Lago en Florida. Pero también están sus inversiones en el extranjero, así como los negocios de su hija o su mujer. Más de 1,1 millón de personas firmaron la petición online "Impeach Trump Now", que pide su destitución.

El renombrado profesor de derecho de Harvard Laurence Tribe ve "un continuo flujo de dinero y otras ventajas por parte de fuerza extranjeras" al presidente, según señala en un estudio elaborado con ex asesores del gobierno de George W. Bush y de Barack Obama. La profesora Kathleen Clark de la universidad de Washington En San Louis dejó claro en la revista Time: "Es un estupendo ejemplo de alguien que quiere utilizar su puesto público para sacar beneficios privados".

Muchos creen que tras cinco meses en el poder se ha alcanzado un nivel de corrupción desconocido incluso en la administración del ex presidente Richard Nixon, que se vio obligado a dimitir por el escándalo Watergate. "No creo que Nixon alcanzara el nivel de corrupción que ya vemos con Trump", dijo John Dean, asesor de aquel mandatario.

El analista de sondeos Patrick Murray de la universidad de Monmouth alerta sin embargo del optimismo entre los críticos de Trump. Aunque según una encuesta del Morning Consult por encargo de la revista Politico en torno al 43 por cientode los estadounidenses defiende un proceso de destitución, el 45 por ciento está en contra. Y lo que es más importante: el inicio de un proceso no es garantía del fin de una presidencia.

Michel Donhauser

DPA

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