El Mundo
Domingo 24 de Septiembre de 2017

Merkel: ¿cuál es la fórmula de una estadista inoxidable?

Mientras de Bush, Cameron y Sarkozy están retirados hace años, ella sigue. La economía y el empleo son las razones de fondo de su éxito.

Casi con seguridad, hoy Angela Merkel ganará al frente de su coalición democristiana CDU otro período de gobierno. Extenderá así su "reinado" desde 2005 hasta, previsiblemente, 2021. Igualará así el récord establecido por su padrino político, el histórico Helmut Kohl, quien fue canciller durante 16 años.Todo indica que lo logrará y que tendrá que posponer nuevamente su deseo de retirarse en su casita de campo.

   Pero ¿cuál es la causa de semejante continuidad en el poder? Merkel no parece tener ninguno de los atributos de imagen que requieren los expertos en marketing político: pequeña, no precisamente bella ni elegante, siempre vestida como una ama de casa con sus ya famosos conjuntos de chaqueta y pantalón. La floreciente economía alemana en una Europa estancada es seguramente una de las respuestas a este caso poco común de éxito político y personal. La escasez de figuras de calibre en el campo rival, con líderes socialdemócratas grises y con poco carisma, es otra. Pero sin lugar a dudas los alemanes han halllado algo especial en esta señora que vive austeramente, tal como hacía antes de ser jefa del gobierno de la cuarta potencia económica mundial, que sale a hacer las compras y ocupa el mismo departamento de cuando era una diputada rasa. "Mumie", mami, la llaman los alemanes de a pie. Y la votan.

Afán de normalidad

La "canciller inamovible" ya ha coincidido y sobrevivido a tres presidentes estadounidenses, cuatro franceses y tres primeros ministros británicos y, de momento, no parece sufrir el desgaste del poder. No tiene rivales en su país porque, como afirmaba el filósofo Peter Sloterdijk en 2015, encarna como nadie "el deseo ardiente de normalidad" de los alemanes, consecuencia de una historia convulsa y de una mirada circunspecta hacia el mundo. La placidez de la dirigente, que conservó el apellido de su primer marido, para sus críticos es tan sólo una apariencia. Con el paso de las sucesivas crisis europeas, fue adquiriendo en el extranjero una imagen de verdugo de los países derrochadores, como pasó con Grecia, antes de ser presentada como la "líder del mundo libre" tras la elección de Donald Trump.

   Pero esa imagen de seguridad y normalidad se crea sobre la economía, que es sin dudas la razón de fondo: desde 2005 a hoy, Merkel redujo el desempleo a un cuarto del que recibió. Es cierto: también heredó las duras reformas del mercado laboral del socialdemócrata Gerhard Schroeder, a quien venció contra todo pronóstico aquel año. Alemania registra desde hace siete años un crecimiento anual sostenido. En 2014 el Producto Bruto Interno (PBI) aumentó 1,9%, en 2015 un 1,7% y, el año pasado, volvió a escalar hasta un 1,9%. El Banco Central de Alemania (Bundesbank) prevé que, al cierre de 2017, el PBI registrará un aumento superior a 1,9 puntos porcentuales. Cifras excepcionales en una Unión Europea anémica, plagada de problemas estructurales y déficits irremontables.

Desempleo récord en 2005

Pero sobre todo pasa por haber enterrado el fantasma del desempleo. En aquel lejano año de 2005, el desempleo en Alemania registró un fuerte incremento y superó el fatídico número de cinco millones de personas, nada menos que el 12,1% de la población activa. Fue el nivel más elevado en siete décadas. Era políticamente insostenible, y el socialdemócrata SPD perdió ante la nueva figura de los democristianos, Angela Merkel. En 2017 la tasa de desempleo es de apenas 5,6 %, en julio pasado, según datos oficiales de la Oficina Federal de Empleo. En términos absolutos, en julio había registrados 2,518 millones de personas sin trabajo (frente a más de 44 millones de población empleada). Mal que les pese a los adversarios políticos y mediáticos de la canciller la economía en expansión y las medidas pro mercado son la llave de este éxito social y político. Con un Estado social activo y presente y una economía dinámica, Merkel ha conseguido las bases para este continuado éxito político.

La contracara

Los opositores resaltan que esta economía en expansión tiene como contracara un incremento significativo de la brecha entre ricos y pobres, y una falta de flexibilidad del mercado laboral para absorber a nuevos trabajadores, una necesidad en un país con una población cada vez más vieja y que recibió sólo en 2015 alrededor de un millón de refugiados de Siria, Irak y Afganistán. Según una investigación del Instituto Alemán de Investigación Económica, el coeficiente de Gini, el indicador que mide la concentración del ingreso entre los habitantes —cero significa que todos los individuos tienen el mismo nivel de ingreso y uno, que la riqueza está en muy pocas manos—, creció significativamente en los últimos años. En 2014, una investigación del Bundesbank confirmó esta tendencia al revelar que el 10% más rico de los alemanes poseían casi el 60% de la riqueza. Inversamente, el 50% de los alemanes más pobres concentraban apenas el 2,5% de la riqueza del país. Pero pese a todo esto, en términos absolutos la situación económica de los alemanes mejoró. Según el estudio del Bundesbank, el patrimonio promedio familiar ronda los 60.400 euros, lo que representa un crecimiento de unos 9.000 euros con respecto a 2010. Un motivo más que válido para votar otra vez a "Mumie".


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