El Mundo
Miércoles 31 de Mayo de 2017

Manuel Noriega, el fallecido dictador de Panamá aliado de la CIA

Dirigió con puño de hierro los destinos del país desde 1983 hasta que fue derrotado por la invasión de EEUU el 20 de diciembre de 1989

El ex dictador panameño Manuel Noriega trabajó para la CIA, estuvo vinculado al narcotráfico y gobernó con mano dura desde 1983 hasta 1989, cuando fue derrocado por la invasión estadounidense (que causó 3.000 muertos), y desde entonces estuvo en prisión. La salud del ex jefe castrense, cuya muerte a los 83 años de edad confirmaron ayer fuentes de la familia así como el presidente, Juan Carlos Varela, se había deteriorado a causa del largo período de reclusión, primero en Estados Unidos (1990-2010), luego en Francia (2010-2011), y finalmente en Panamá (2011-2017). En la cárcel, el paciente tuvo un accidente vascular, hipertensión, problemas renales y prostáticos, y un tumor cerebral.

Noriega asumió el mando de las Fuerzas de Defensa de Panamá en 1983, anteriormente llamada Guardia Nacional. Luego del golpe de Estado de 1968 que derrocó al gobierno del presidente Arnulfo Arias, dirigió la lucha contrainsurgente en la occidental provincia de Chiriquí, limítrofe con Costa Rica. Obtuvo mayor protagonismo nacional e internacional a partir del 16 de diciembre de 1969, al garantizar el retorno a Panamá del general Omar Torrijos, a quien oficiales vinculados a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) habían expulsado de la institución, aprovechando un viaje del jefe militar a México. Los opositores al régimen le endilgaron el apodo de "Cara de Piña", por las secuelas del acné en su rostro. A la CIA le daba información sobre los cárteles de la droga colombianos, pero él también estaba involucrado en el narcotráfico.

Poder de facto

Noriega nunca fue presidente, pero obtuvo el control absoluto del país tras convertirse en el jefe máximo del ejército en 1983. Para sus seguidores fue un líder nacionalista que desafió a Washington, pero sus opositores lo consideraban un dictador que sumió a Panamá en una profunda crisis político-económica y le abrió las puertas al narcotráfico. En 1992, el ex jefe militar obtuvo el reconocimiento de "prisionero de guerra" en Estados Unidos, pero fue declarado culpable por ocho casos de narcotráfico y condenado a 40 años de cárcel por su vinculación con el cártel colombiano de Medellín. Pese a ello, tuvo una reducción de sentencia, que cumplió hasta 2010.

Estados Unidos tuvo un interés especial en construir una relación con Noriega debido al manejo estratégico del Canal de Panamá y la Escuela de las Américas, una institución militar estadounidense donde se formaron miles de militares latinoamericanos, algunos de ellos vinculados con los regímenes dictatoriales del continente. Sin embargo, la relación era contradictoria: mientras el Departamento de Estado buscaba deshacerse de Noriega debido a sus vínculos con el narcotráfico y las violaciones a los derechos humanos, el Ministerio de Defensa y la CIA lo apoyaban como un aliado contra el comunismo.

Noriega se enfrentó a Washington al oponerse al modelo neoliberal del presidente Nicolás Ardito Barletta (1984-1985), un egresado de la universidad de Chicago y ex vicepresidente del Banco Mundial, quien fue forzado a abandonar el poder en su segundo año de mandato. El ex general adujo que Washington también quería destituirlo por negarse a apoyar una invasión a Nicaragua, y que el presidente Ronald Reagan envió a Panamá a John Poindexter, del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, para amenazarlo. A Noriega, por su parte, se le endilgó la decapitación del médico guerrillero Hugo Spadadora.

El poder de Noriega y su relación con Washington empezaron a tambalearse después del asesinato de Spadafora y de que aumentaran las evidencias sobre sus lazos con el cartel de Medellín. El comienzo del fin llegó en febrero de 1988, cuando jurados investigadores de Florida lo acusaron de narcotráfico.

En un principio Noriega reaccionó desafiante, resistiendo dos intentos de golpe de Estado y las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos para sacarlo del poder. Sin embargo, con el agravamiento de la crisis interna de Panamá anuló los comicios de 1989, que según observadores había ganado el candidato opositor Guillermo Endara. Noriega pregonaba "ni un paso atrás" y acusaba a Estados Unidos de hostigar y someter a su país. Washington impuso al país un duro bloqueo económico y diplomático, que fue preludio de la operación "Just Cause" (Causa Justa) que desplazó a los militares del poder.

El entonces presidente estadounidense George Bush instó primero a los panameños a que derrocaran a Noriega y luego autorizó la invasión que neutralizó a las fuerzas del dictador en diciembre de 1989. De acuerdo con el Pentágono, unos 200 civiles y 314 soldados murieron durante la operación, en la que también fallecieron 23 estadounidenses y 320 resultaron heridos. En un primer momento, Noriega eludió la captura y se refugió en la Nunciatura, pero el 3 de enero de 1990 se entregó a las autoridades estadounidenses y fue trasladado a Miami para enfrentar las acusaciones de narcotráfico.

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