El Mundo
Domingo 03 de Septiembre de 2017

Los "dreamers" luchan por evitar su deportación

El presidente Donald Trump enfrenta presiones cada vez mayores de ejecutivos, obispos católicos y celebridades, así como movilizaciones, mientras sopesa si elimina un programa del gobierno de Barack Obama que ampara a los inmigrantes jóvenes de la deportación. El esfuerzo de último momento ha adoptado mayor urgencia en los últimos días en medio de trascendidos de que la Casa Blanca podría poner fin al programa. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, dijo que Trump podría anunciar una decisión el martes.

Diversos grupos de inmigrantes efectúan protestas diarias bajo el sol abrazador en Phoenix, y algunos se han manifestado en los últimos días frente a la oficina y la iglesia del presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. Los obispos católicos en diversas partes del país han enviado cartas en las que exhortan al presidente a que mantenga el programa. Los directores generales de Microsoft, Apple, Google, Facebook, Starbucks y de otras compañías se han sumado al esfuerzo y señalan que la eliminación del programa asestará un golpe a la economía.

Los inmigrantes se preparan para la perspectiva de perder sus empleos cuando concluyan sus permisos de trabajo, y quizá ser deportados si el presidente elimina el programa. Eli Oh, de San José, California, dijo que fue uno de los primeros en integrarse en el programa después de trabajar como camarero en forma clandestina para pagar su carrera de enfermería. Oh, de 30 años, ha vivido en Estados Unidos casi dos décadas desde que sus padres coreanos se quedaron después que expiró su visa. Oh trabaja como enfermero en California, donde acude a emergencias en hospitales y teme quedarse sin empleo si le cancelan el permiso de trabajo. "Yo salvaba vidas en hospitales y daba atención médica, ahora parece que tal vez tenga que manejar Uber para pagar el alquiler", agregó.

Obama creó en 2012 el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés) que ha permitido a unos 800.000 inmigrantes traídos de niños de manera ilegal permanecer en el país y trabajar en forma legal.

Cuando era candidato presidencial, Trump arremetió contra el DACA y lo describió como una "amnistía ilegal". Como mandatario señaló que el asunto ha sido uno de los más difíciles que ha afrontado. Funcionarios republicanos de 10 Estados amenazaron con presentar una demanda para frenar el programa, y dieron al gobierno de Trump hasta el martes para que adopte una decisión al respecto.

Para acceder al programa, los inmigrantes no deben tener antecedentes penales y mostrar que fueron traídos a Estados Unidos antes de los 16 años. Los permisos de trabajo y la protección para que no los deporten deben renovarse cada dos años. Acceder al programa cuesta casi 500 dólares, y la mayoría de solicitantes contratan abogados para que los ayuden en el transcurso del complicado proceso. El gobierno tarda de varias semanas a meses en revisar las solicitudes.

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