El Mundo
Lunes 09 de Octubre de 2017

Los catalanes a favor de la unidad con España "inundaron" Barcelona

A 48 horas de la muy probable declaración de independencia, cientos de miles coparon la capital catalana y reclamaron detener la separación.

Cientos de miles de personas llenaron Barcelona de banderas españolas, catalanas y europeas en una manifestación contra la independencia de Cataluña, en el último episodio de la peor crisis política en España en 40 años. Entre 350 mil personas, según la policía catalana, y casi un millón según los organizadores, se ha visto un acto masivo en el que los catalanes han dicho "no" sonoramente al radicalizado movimiento separatista, a horas de que el gobierno regional concrete su promesa de independencia.

La manifestación concluyó con un discurso del escritor Mario Vargas Llosa. "La democracia española está aquí para quedarse, y ninguna conjura independentista la destruirá", afirmó el gran escritor peruano-español. Antes que él habló el histórico dirigente socialista Josep Borrell. "Esta es nuestra estelada", dijo Borrell señalando una bandera de la Unión Europea. La bandera "estelada" es la que distingue a los secesionistas. Ayer hubo un mar de bandera catalanas, pero las oficiales, sin la estrella, la llamada "señera".

"Nosaltres també som catalans" ("Nosotros también somos catalanes"), podía leerse en una de las pancartas de la manifestación, cerrada con las palabras del Nobel de Literatura que vivió unos años en la capital catalana. Bajo el lema "¡Basta, recuperemos la sensatez!", la marcha reunió a la "mayoría silenciosa" de catalanes opuestos a la independencia que no suelen expresarse,mucho menos en grandes manifestaciones. Como los separatistas sí han organizado sistemáticamente grandes manifestaciones, ha quedado la impresión de que son mayoría. Ayer se intentó demostrar que no lo son. "Luego diréis que somos cinco o seis", "no somos fachas" o "Puigdemont, a prisión", fueron algunos de los lemas escuchados en la marcha, que saludaba las banderas españolas colgadas en los balcones y abucheaba las independentistas. Los manifestantes llevaban la bandera catalana tradicional, la "señera", pero no la "estelada" de los separatistas.

"La pasión puede ser destructiva y feroz cuando la mueven el fanatismo y el racismo. La peor de todas, la que ha causado más estragos en la historia, es la pasión nacionalista", aseguró Vargas Llosa. El ex ministro socialista y ex presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, reprochó a los manifestantes que pidieran cárcel para Carles Puigdemont: "No gritéis como las turbas romanas. Quien manda a la cárcel a las personas son los jueces". Borrell, histórico dirigente del socialismo español y obviamente catalán, ha agarrado una bandera de la UE y dicho: "Esta es nuestra estelada. Tiene las estrellas de la paz, de la convivencia y del derecho. Eso es lo que representa Europa". Y así ha comenzado el discurso más celebrado de ayer. Trazó una radiografía del escenario político en Cataluña. "No me gustaría exagerar, pero vivimos momentos casi dramáticos de la historia de este país. La convivencia está rota. Se ha roto entre amigos, entre familiares y en la calle. Y tenemos que rehacerla. Y defender el pluralismo político, porque aquí no se reconoce", ha expuesto Borrell, que ha arremetido duramente contra Carme Forcadell: "¿Cómo es posible que la presidenta del Parlament se atreva a decir que los que votan a otros partidos no son ciudadanos catalanes?". Animó a los manifestantes a comprar una botella de cava —el famoso vino espumoso catalán— para ayudar a las empresas productoras que han sufrido una caída de ventas en el resto de España por un boicot a los productos catalanes. Borrell es, obviamente, catalán.

Horas decisivas

Tras considerar que ha ganado la consulta prohibida del domingo 1º de octubre, el presidente catalán, Carles Puigdemont, amenaza con declarar unilateralmente la independencia, cuyos 7,5 millones de habitantes se encuentran profundamente divididos sobre la secesión. Los separatistas aducen que la consulta del 1º de octubre los habilita e incluso obliga a declarar la separación, dada la ley de referéndum aprobada por el Parlamento catalán. Pero la suma de irregularidades del acto electoral, así como su prohibición taxativa por las instituciones, quitan legalidad a todo el procedimiento, desde la convocatoria a la votación a la inminente declaratoria de independencia.

Esta tal vez llegue mañana, cuando Puigdemont concurrirá al Parlamento. El Parlamento catalán debe, según el calendario independentista, declarar la secesión a más tardar 48 horas después de que se proclamen los resultados del referéndum. Estos resultados se oficializaron el viernes. Puigdemont se dirigirá mañana a la Cámara para comentar la "situación política". De momento se ignora si ese será el momento elegido para declarar la independencia. Las presiones del mundo económico catalán para que no dé ese fatal paso son enormes, según reseñan los medios locales.

Por otro lado, el gobierno de Mariano Rajoy se niega a dialogar mientras los independentistas no hayan retirado la amenaza de secesión. "No descarto absolutamente nada", declaró ayer Rajoy ante la posibilidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución, que permite la suspensión de la autonomía regional.

Los manifestantes en Barcelona se reivindicaban como "la mayoría silenciosa". Y tal vez lo sean: sobre un padrón electoral de 5,36 millones de personas, el 1º de octubre sólo votó, según las cifras de Puigdemont, algo más de 2,3 millones, de los cuales más del 90 por ciento lo hicieron por el "sí". Pero esa cifra, de unos 2,2 millones, no llega a ser el 40 por ciento del padrón. Es un 38 por ciento según estimaron los medios de comunicación no separatistas. Y toda vez que el independentismo ha intentado convertir las elecciones catalanas en un plebicisto separatista, ha fallado. Le ocurrió al ex presidente Artur Mas, quien, al no llegar a un número holgado en las elecciones de septiembre 2015, debió ceder el cargo a Puigdemont en enero de 2016 para lograr los votos parlamentarios de la ultraizquierdista CUP.

masiva. Los catalanes moderados salieron en masa a las calles, ante el temor que provoca la secesión.

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