Donald Trump
Domingo 05 de Febrero de 2017

La Justicia de Estados Unidos inicia una larga pelea contra los decretazos de Trump

Un juez frenó el veto a la inmigración de siete países islámicos. El presidente calificó el fallo de "ridícula decisión de un supuesto juez".

Un hombre más bien desconocido infligió al presidente estadounidense, Donald Trump, la que seguramente sea la mayor derrota de su presidencia hasta el momento. Se trata de Bob Ferguson, de 51 años, casado y con dos hijos, aficionado al montañismo. Es el fiscal general del estado de Washington y el viernes se convirtió de golpe en una estrella mundial.

Con su exitosa demanda ante un tribunal federal de Seattle consiguió frenar por el momento el veto decretado por Trump al programa de refugiados y a la entrada de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.

Vigencia de la Constitución

"La Constitución prevaleció hoy", dijo Ferguson, que fue el primer fiscal general en cuestionar la prohibición. "Nadie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente", afirmó desde Seattle, a más de 5.200 kilómetros de Palm Beach. Allí esperaba pasar un relajado fin de semana Trump, en su club de golf y disfrutando tranquilamente del Super Bowl.

Pero esa tranquilidad se esfumó el viernes a la noche. El portavoz de prensa de Trump, Sean Spicer, reaccionó asegurando que la sentencia del juez James Robard es "indignante" y que será apelada. Once minutos después se emitió otro comunicado del que se eliminaba la palabra "indignante". Por lo visto, cayeron en la cuenta de que en una democracia el Ejecutivo debe medir un poco sus críticas a la Justicia, también en su propio interés.

Sin embargo, Trump calificó ayer de "ridícula" la decisión. "¡La opinión de este supuesto juez, que fundamentalmente nos quita (la capacidad) de aplicar la ley, es ridícula y será anulada!", tuiteó. "Cuando un país ya no puede decidir quién puede y quién no puede entrar en él, especialmente por razones de seguridad, ¡es un gran problema", agregó en otro tuit.

Es difícil estar más lejos de lo que están Trump y Ferguson, tanto física como ideológicamente. Trump, un "rambo" de la política, aprobó casi a diario órdenes ejecutivas (decretos) durante sus primeras dos semanas de gobierno. Lo hizo sin la participación del Congreso y sin que los departamentos a los que afectan estuviesen a pleno funcionamiento.

El veto de ingreso a Estados Unidos lo aprobó antes de que el nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, fuese confirmado por el Senado, sin un nuevo fiscal general y con un secretario de Seguridad Nacional que apenas llevaba unos días en el cargo. La fiscal general en funciones, Sally Yates, consideró que el decreto era inconstitucional y así lo dijo. Trump la destituyó de inmediato.

El líder de la oposición demócrata en el Senado, Chuck Schumer, fue el primer político en reaccionar el viernes tras la suspensión temporal de la medida. "Esta decisión judicial es una victoria para la democracia", afirmó. "Trump debería acatar esta decisión, dar un paso atrás y retirar su decreto", pidió.

Es poco probable que Trump actúe de esa manera. La disputa en los tribunales de Seattle no es la única. En Massachussetts se falló una decisión opuesta a la de Seattle y favorable a Trump. Y en Virginia, California, Hawai y otros estados los tribunales se ocuparán dentro de poco también de esta cuestión. Podría desatarse un caos jurídico y según algunos se avecina una crisis constitucional.

A la Corte Suprema

La decisión de Seattle podría ser el principio de una batalla judicial sin precedentes. La Casa Blanca puede presentar una demanda ante un tribunal de apelaciones, como dijo Spice. Independientemente de lo que este decida es muy probable que el asunto llegue hasta la Corte Suprema.

Y ahí la cosa se pondrá interesante. Las decisiones de la Corte Suprema son políticamente explosivas y los partidos luchan por definir su composición. Desde la muerte del juez ultraconservador Antonin Scalia, en febrero del año pasado, hay un puesto vacante entre los nueve que componen la Corte.

Trump propuso hace poco al conservador Neil Gorsuch, mientras que los demócratas intentan evitar que el puesto se ocupe durante el mayor tiempo posible. Si el fallo del juez de Seattle llega a la Corte Suprema antes de que haya asumido Gorsuch podría darse un empate en los cuatro jueces liberales y los cuatro conservadores. De ser así, el fallo de Seattle se mantendría por el momento.

La oposición pidió que Trump reconozca el fallo y retire el decreto. Pero el republicano apelará e irá hasta la Corte

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