El Mundo
Viernes 06 de Octubre de 2017

Intranquilidad entre la "mayoría silenciosa" que se opone a la secesión

Son los catalanes que no quieren romper con España. Están preocupados por las consecuencias sociales y económicas de la medida

Asunción García está sentada en un banco de Barcelona leyendo el diario con desasosiego. Señala un gráfico de la caída de las acciones de CaixaBank, el primer banco de Cataluña, la región que amenaza con romper con España. "Tengo mis ahorros en CaixaBank, lo poco que tengo ahorrado", explica esta mujer de 68 años, procedente de la provincia de León (norte) y que lleva 50 viviendo en Cataluña. García es una de las muchas personas en Cataluña que está en contra de la independencia y que está asistiendo con intranquilidad, y también enojo, a la precipitación de los acontecimientos.

Pese al auge del secesionismo en los últimos años, los independentistas no lograron la mayoría de votos en las elecciones regionales de 2015, que plantearon como un plebiscito a favor del proyecto soberanista.

Eso sí, el sistema electoral catalán permitió al movimiento independentista, integrado por la coalición Junts pel Sí y la CUP —un partido de extrema izquierda— disfrutar en este mandato de una ligera mayoría absoluta en el Parlamento catalán.

El pulso entre Barcelona y Madrid ha escalado y la amenaza del Ejecutivo catalán de Carles Puigdemont de declarar unilateralmente la independencia podría concretarse el lunes. Cuenta con el apoyo de una parte importante de los catalanes, a los que pueden habérseles sumado otros indignados por la respuesta policial al referéndum del domingo pasado, celebrado pese a la prohibición de la Justicia española.

La inquietud es palpable

Otros, sin embargo, no apoyan a los líderes regionales. Les gusta identificarse como "la mayoría silenciosa", se oponen a la independencia y están preocupados por sus consecuencias económicas y sociales. El distrito barcelonés de Nou Barris (barrios nuevos), obrero y modesto, es menos separatista que otros de la capital catalana y la inquietud era palpable ayer. Muchos se negaron no obstante a dar sus nombres, en un ambiente de fervor independentista del que se sienten ajenos.

Una mujer lo justificó afirmando sentir "miedo", mientras el hombre a su lado señalaba un balcón del que colgaba una bandera independentista. Justificado o no, ese miedo apunta a un aumento de la tensión en Cataluña, donde el último sondeo encargado por el gobierno regional en julio situó en un 41 por ciento el apoyo a la independencia.

Aunque este porcentaje podría haber aumentado tras las escenas de violencia policial del domingo, muchos no quieren romper con España, y están preocupados por los mensajes que envían los actores económicos. Ayer, el Banco Sabadell, que lleva en Cataluña desde su fundación en 1881, anunció que trasladaba su sede social a Alicante, situado 420 kilómetros al sur. "Es un desastre", dijo Asunción García. Dice que incluso mucha gente está absteniéndose de comprar cosas no urgentes, como ropa, hasta ver cómo acaba todo. "La gente tiene miedo de quedarse sin trabajo o no poder sacar dinero" del banco, afirmó.

El tema divide a muchas familias. José María, 46 años, responsable de varios cafés en Barcelona, que no quiso dar su apellido, dijo que sus dos hijos son independentistas pero él no. "Si hablamos del tema, nos enganchamos (peleamos)", explicó.

En un artículo publicado el miércoles en el diario El País, la directora de cine Isabel Coixet explicó que unos desconocidos la llamaron "fascista" por la calle, por sus posiciones contrarias a la independencia. "Desde hace meses, años quizás (...) los insultos y las descalificaciones a los que, como yo, no seguimos el pensamiento único del independentismo y manifestamos nuestro desacuerdo han sido constantes", escribió Coixet. "Y estos últimos meses el odio que hemos suscitado está alcanzando cotas inusitadas", añadió.

Hay cosas más importantes

Incluso aquellos que no han tenido problemas se quejan de que los "pros y contras" de la independencia no han sido lo suficientemente explicados por los líderes independentistas. Juan, de 67 años, jubilado, se pregunta cómo una región fuertemente endeudada —35,4 por ciento de su PIB, 76.700 millones de euros a fines de junio— sería capaz de financiar un nuevo Estado. "No van a poder pagar lo que hay aquí, pagar las pensiones.

Tienen que tener un ejército, tienen que pagar a la policía, los mantenimientos de limpieza, muchas cosas". En LHospitalet de Llobregat, cerca de Barcelona, David Fernández, un cristalero de 42 años, tampoco lo ve claro. "Si se declara la independencia, ¿aquí que va a pasar?", se preguntó. "¿Va a haber salud gratuita, trabajo para todos?", ahondó. Le indignan las cargas policiales contra quienes protegían los centros electorales el domingo, y explica que eso le ha ocasionado problemas con amigos suyos que consideran "justificable" la respuesta. Pero dice de nuevo, volviendo a la independencia: "Con la crisis que hay, con el desempleo, hay cosas más importantes que todo esto".

Marianne Barriaux

AFP

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