El Mundo
Sábado 18 de Marzo de 2017

Incómodo primer "cara a cara" entre la canciller Angela Merkel y Trump en la Casa Blanca

La balanza comercial, el terrorismo y la inmigración fueron los puntos calientes de la gélida reunión entre ambos políticos.

A pesar de sus diferencias, Donald Trump y Angela Merkel expresaron ayer su intención de lograr una mayor cooperación en la Otán o la lucha contra el terrorismo, en la primera visita de la canciller alemana a Washington desde la asunción del presidente estadounidense. El encuentro en la Casa Blanca tenía el objetivo de limar las asperezas y restablecer la confianza entre ambos mandatarios, que siguen manteniendo posturas antagónicas en temas como migración o comercio. "La inmigración es un privilegio, no un derecho", señaló Trump en la conferencia de prensa conjunta. "Debemos proteger a nuestros ciudadanos de aquellos que siembran violencia(...) La seguridad de nuestros ciudadanos siempre debe venir primero", aseguró.

El estadounidense, que quiere construir un muro en la frontera con México y establecer un veto migratorio, había criticado en varias oportunidades a la canciller alemana por su política de recibir a cientos de miles de refugiados y la vinculó a riesgos terroristas.

Merkel, por su parte, destacó la necesidad de un intercambio comercial justo entre Alemania y Estados Unidos y dejó en claro que cualquier acuerdo se daría en el marco de un pacto con la Unión Europea (UE). Trump, que prefiere negociaciones bilaterales, dijo que espera una "extraordinaria relación comercial con Alemania". La canciller alemana dijo que ambas partes deben beneficiarse de los acuerdos comerciales y consideró que la globalización debe ser abierta y justa.

Amenaza de aranceles

Trump insistió en que no es un aislacionista, sino simplemente alguien que quiere acuerdos comerciales justos. "Todo lo que quiero es igualdad", dijo a la prensa antes de que ambos se sentaran a almorzar para debatir temas económicos, entre ellos la balanza comercial de ambos países. El presidente estadounidense amenaza con aplicar duros aranceles a las importaciones como medida de presión para que las empresas se instalen en Estados Unidos y no en otros países como en el vecino México. Esta medida afectaría de forma importante a la industria automotriz alemana. Por eso, Merkel viajó a Washington acompañada por el presidente de Siemens, Joe Kaeser, y de BMW, Harald Krüger, dos empresas que cuentan con fábricas en Estados Unidos. En un intento por buscar un acercamiento, Trump mencionó el supuesto espionaje del celular de la canciller alemana durante el gobierno de su antecesor. El caso fue revelado en 2013 y es investigado actualmente por una comisión del Parlamento alemán. "Al menos tenemos algo en común", señaló ante la pregunta de si sigue creyendo que él fue espiado por la administración de Barack Obama con ayuda de los servicios secretos británicos.

La canciller alemana también intentó distender el clima, no tan cálido como el que compartía con Obama, y aseguró que es bueno que los políticos tengan un origen diverso. Al ser consultada sobre su relación con Trump, que no es un político de carrera, Merkel manifestó que la gente llega a la política de distintas maneras y eso ofrece diversidad, "lo que es bueno". A la vez admitió que a veces es difícil llegar a acuerdos, pero aseguró que es normal. "Si no lo fuera, no habría necesidad de que hubiera políticos", añadió.

Merkel dijo que debatió con Trump la contribución de Alemania a la Otán y su participación militar en Afganistán y aclaró que será mantenida por su país. Para el presidente estadounidense, los aliados europeos se aprovechan del gasto en defensa de su país. "Estas naciones deben pagar lo que deben", apuntó. De todas formas, agradeció a la canciller por el compromiso de Alemania de aumentar sus contribuciones para la Otán al 2 por ciento del producto interior bruto (PIB). Trump también agradeció el aporte de Alemania a la lucha contra la milicia terrorista Estado Islámico (Isis), mientras que la líder germana manifestó estar "muy satisfecha" con el compromiso de la administración Trump con el proceso de Minsk para la paz en Ucrania."Debe hacer una solución segura para Ucrania", consideró.

La visita de Merkel se dio dos días después de lo previsto, ya que la canciller tuvo que suspender su viaje por la tormenta de nieve Stella que se abatió sobre el este del país.

Se negó a darle la mano para las fotos

El presidente Donald Trump y la canciller Angela Merkel protagonizaron ayer una gélida reunión en la Casa Blanca, dejando al descubierto sus diferencias en temas centrales, como migración y comercio internacional. El helado ambiente entre los dos dirigentes quedó brutalmente en evidencia cuando los dos posaban para fotógrafos y camarógrafos en el Salón Oval y Trump evitó el protocolar estrechón de manos.

   Ante el insistente grito de los fotógrafos por el gesto, Merkel preguntó a Trump si quería que los dos se dieran la mano, pero el presidente estadounidense ni siquiera respondió. Ambos políticos sí se estrecharon las manos al final de la reunión bilateral.

   Ambos líderes mostraron caras poco distendidas, aunque Trump trató de romper el hielo con una broma para los fotógrafos: "Asegúrense de mandar una buena fotografía a Alemania".

   La rigidez del encuentro contrastó con las expectativas, aunque moderadas, sembradas días antes a ambos lados del Atlántico.

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