El Mundo
Sábado 24 de Diciembre de 2016

"House of cards" a la brasileña: el drama político que no tiene fin

Las investigaciones sobre la corrupción que salpica al gigante sudamericano amenaza a casi todo el arco político, entre ellos Lula y el actual presidente Temer.

En Brasil, país de grandes artistas y de deportistas de éxito como Neymar, la persona más popular de 2016 es posiblemente un juez. El nombre de Sérgio Moro está en todos sitios, en las redes sociales su rostro adorna a menudo los perfiles de usuarios brasileños. Moro se ha convertido para muchos en el símbolo de la lucha contra lo que perciben como el problema más grande del gigante sudamericano: la corrupción. Las investigaciones lideradas por Moro en el caso bautizado como "Lava Jato" ("Lavado de coches") revolucionan al país en tanto desde hace más de dos años. Las denuncias de corruptelas en torno a Petrobras, que apuntan al desfalco de millones de dólares durante años en la petrolera estatal, amenazan a casi toda la clase política brasileña. Varios partidos están bajo sospecha, sobre todos dos: el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que gobernó durante los últimos 13 años con Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, y el conservador PMDB del actual mandatario, Michel Temer.

Todos, en la mira

Las pesquisas tienen en la mira a unos 60 políticos, entre ellos a Lula. Y con la investigación avanzando hasta el entorno del propio Temer, 2017 podría convertirse en un año igual de convulso como el que acaba. El mayor drama político de 2016, sin embargo, no estuvo ligado directamente con "Lava Jato", aunque muchos partidarios de Dilma Rousseff creen que su destitución fue impulsada por adversarios interesados en frenar las pesquisas anticorrupción.

La primera presidenta de Brasil fue destituida por el Senado en agosto como colofón de un controvertido juicio político, rodeado durante meses de intrigas y traiciones que parecían por momentos salidas del drama televisivo estadounidense "House of cards". El Congreso censuró por primera vez a Rousseff en abril, en una turbulenta sesión en la que uno de sus críticos llegó a elogiar a la dictadura militar (1964-1985). El vicepresidente de Rousseff, Michel Temer, se había vuelto poco antes contra ella para apoyar el "impeachment". "Pasé los primeros cuatro años como un «vice» decorativo", se quejó Temer por carta con Rousseff para anunciar la ruptura de la coalición que los llevó por primera vez al poder en 2011.

Impeachment a Dilma

Después de suspenderla en mayo, la Cámara alta defenestró a la presidenta finalmente el 31 de agosto por acusaciones de que su gobierno maquilló el verdadero déficit fiscal. "Es el segundo golpe de Estado que afronto en la vida", dijo Rousseff, que rechazó su destitución como un complot de la derecha para sacarla del poder. La ex guerrillera se despidió con una popularidad ínfima del 10 por ciento y dejando al país sumido en una grave recesión, después de haber heredado una economía boyante cinco años y medio atrás. Aunque Rousseff no ha sido acusada personalmente de corrupción, muchos críticos le reprochan el descalabro económico y su escasa habilidad para fraguar compromisos políticos.

Menos de dos meses después cayó el propio impulsor del "impeachment", él sí por cargos de corrupción: el ex presidente de la Cámara de Diputados y compañero de partido de Temer, Eduardo Cunha, debe responder ahora ante la Justicia en el marco de "Lava Jato" por el presunto cobro de sobornos. La caída de Cunha dio un impulso más al descrédito de la clase política. Miles de brasileños han convertido la consigna "Fora Temer" ("Fuera Temer") en el grito de guerra de la oposición, que sale a menudo a las calles a protestar contra el gobierno y sus medidas de ajuste. Temer, que estará en el cargo sólo hasta finales de 2018 y tiene índices de popularidad similares a los que tenía Rousseff, ha anunciado que su prioridad será luchar contra la crisis económica.

Y está "Lava Jato". En la mira del juez Moro está ahora Lula, acusado de ser incluso el "comandante máximo" de la corrupción en la década pasada. Aún muy popular entre las clases más pobres, el ex presidente (2003-2010) y artífice del despegue económico durante la última década, rechaza las acusaciones como una venganza política y amaga con presentarse a las elecciones de 2018. "Prueben mi corrupción e iré a pie a ser detenido", dijo el carismático ex líder obrero, entre lágrimas, al defenderse en septiembre. La Justicia ha aceptado varios cargos por corrupción pasiva y lavado de dinero contra Lula y debe abrirle juicio próximamente.

Incógnitas

El futuro del político más influyente de Brasil en la última década es una de las incógnitas de 2017, así como la suerte de Temer. El presidente fue recientemente vinculado con el presunto pago de sobornos por parte de la mayor constructora de Brasil, Odebrecht, en las investigaciones de "Lava Jato", y algunos empiezan a especular con la posible caída en desgracia del líder conservador. La compañía, que durante años fue el referente de la construcción en Latinoamérica, está en el ojo del huracán por sus pagos para obtener obras en 12 países.

Brasil cerrará 2016 por segundo año consecutivo con una contracción de más de tres puntos porcentuales de su Producto Interno Bruto (PIB), esta vez de alrededor del 3,6 por ciento. Y la recuperación sigue sin estar a la vista. Además de las pancartas con la cara de Moro, en las frecuentes protestas en Brasilia, San Pablo o Río de Janeiro se han visto en tanto carteles apoyando lo impensable hasta hace muy poco: el regreso de un régimen militar para poner orden en casa. El drama político brasileño parecer tener asegurada al menos una temporada más.

Comentarios