El Mundo
Domingo 09 de Abril de 2017

Estocolmo se enfrenta a sus miedos el día después del atentado terrorista

Cientos de personas se reunieron en el lugar del ataque cometido con un camión para solidarizarse con las víctimas y mostrarse unidos.

Cobertores de rescate de color naranja siguen tirados sobre el asfalto el día después del atentado terrorista en Estocolmo, mientras las vallas y cintas de la policía cortan el acceso al lugar de los hechos en la concurrida calle comercial Drottninggatan, en la que un camión embistió a un multitud de personas el viernes, matando a cuatro de ellas. De camino al trabajo, de compras o a visitar a los amigos, muchos de quienes pasaban ayer por allí se detenían delante de las vallas. Muchos para entender mejor lo que ocurrió en la ciudad. Entre los barrotes, ciudadanos suecos y turistas depositaban velas y flores de todos los colores.

   El luto se palpaba al hablar con los habitantes de la ciudad, pero también el orgullo por la unión y solidaridad de sus ciudadanos, y también mucho consuelo. "Deberíamos celebrar aquí una gran fiesta para mostrar que no tenemos miedo", dijo un vendedor de frutas. Cuando el camión se estrelló tras la embestida a la multitud contra un centro comercial, el vendedor, de origen turco, estaba en su puesto de fruta en la plaza Hotorget, muy cerca del lugar de los hechos.

   Poco después del atentado, la gente huyó en estado de pánico. Ayer, cientos de personas llegaron al lugar para mostrar su solidaridad con las víctimas. "¡No nos podrán robar nuestro Estocolmo!", escribía un usuario en Twitter. Un periodista del diario Dagens Nyheter advertía a los responsables: "No podrán de rodillas a Estocolmo". Quienes se acercaban a Drottninggatan agradecían también su trabajo a la policía: "Gracias", "buen trabajo", les decían.

   En un osito de peluche, alguien dejó un mensaje: "Nos vemos en Nangijala". Es el nombre del mundo imaginario al que van después de morir los personajes del libro "Los hermanos Corazón de León" de la escritora sueca Astid Lindgren. "Uno tiene una sensación de irrealidad, como en una película", dijo una mujer que paseaba con sus perros.

   Una tarde de viernes que transcurría de forma totalmente habitual hasta poco antes de las 15 horas se convirtió en una pesadilla para los habitantes de Estocolmo. "Creo que la gente que cruza la ciudad se alegra de poder reunirse con los suyos el fin de semana. La vida cambia de forma totalmente inesperada", dijo el primer ministro Stefan Lofven.

   Con el mismo método utilizado en atentados como el de diciembre en Berlín o el de julio de 2016 en Niza, el atacante volvió a causar con relativa facilidad mucho sufrimiento entre personas inocentes. El taxista de origen tunecino Mohammed mira conmocionado el centro comercial Ahléns, en cuyos escaparates se estampó el camión. "Vengo de un país que sufrió tres grandes atentados. Lo que ocurre aquí es horrible".

   Técnicos de la policía vestidos de blanco investigan en tanto el lugar de los hechos, mientras otros colocan los escombros en un contenedor verde. El camión robado a una cervecera ya fue retirado por los investigadores. "Máquinas de la muerte a cuatro ruedas": así describió ayer el diario danés Politiken los vehículos que utilizan los atacantes para atentar contra civiles en lugares públicos.

   Y nadie había pensado que algo así podría ocurrir "en la pacífica Escandinavia", dijo la danesa Charlotte Belacel. En Londres, donde vive, se está siempre expuesta, no pensaba que lo estuviera en Suecia. Belacel comía con dos amigas y su madre en el centro comercial en el momento del ataque. "Oímos un estallido y mi hermana dijo «tenemos que salir de aquí»", contó mientras depositaba una rosa en Drottninggatan.

   Sobre un montón de flores se lee un cartel escrito a mano que dice "Je suis Stockholm", en referencia al lema de solidaridad contra ataques terroristas acuñado tras el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo en enero de 2016.

   Por el momento, Suecia controlará a todos los que salgan del país y aumentó la presencia de la policía en las calles. "No sería humano no tener miedo, pero la vida debe volver pronto a la normalidad", dijo el ministro del Interior, Anders Ygeman.

   El atentado deja también su huella en el debate político sueco, según se muestran convencidos los analistas. En 2018 habrá elecciones parlamentarias en el país. Los altercados entre bandas y tiroteos en los últimos tiempos aumentan la sensación de inseguridad en el país. El crimen y la seguridad serán temas importantes en la agenda de campaña. Pero ayer, lo primero fue el luto. La princesa Victoria de Suecia y su esposo Daniel visitaron el lugar del atentado. Vestidos totalmente de negro, la sucesora al trono depositó rosas rojas con los ojos llorosos. Al ser preguntada por un periodista cómo saldría el país de este momento difícil, respondió con una única palabra:"Unido".

La policía acusa a un uzbeko de 39 años

El sospechoso de haber atropellado con un camión a una multitud en Estocolmo es un uzbeko de 39 años, apresado el viernes y contra el que se presentaron cargos por "terrorismo", reveló ayer la policía sueca. La investigación "reforzó" las sospechas sobre el detenido, admitió la cúpula policial, que no confirmó otros detalles apuntados por los medios, como sus simpatías por el grupo islamista radical Estado Islámico (EI), la fecha de su llegada a Suecia o el móvil del ataque. Aunque no se realizaron más detenciones, no se descarta que haya más personas implicadas. El sospechoso no figuraba en ningún registro de los servicios de inteligencia (Sapo), aunque estos sí recibieron hace un año informaciones del extranjero sobre él, que no revelaron relación con movimientos extremistas, informó ayer su máximo responsable, Anders Thornberg.

   Una mujer que aseguró conocer al detenido dijo que era un trabajador normal, que bebía alcohol, y que no estaba fanatizado con ninguna religión.

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