Barcelona
Sábado 30 de Septiembre de 2017

España y Europa, en vilo por el referéndum separatista en Cataluña

Se da por descontado que el "sí" a la ruptura con Madrid triunfará mañana en las urnas, pero no está claro en qué grado lo hará.

La tensión es máxima, las consecuencias imprevisibles: Cataluña intentará celebrar mañana un referéndum independentista pese al rechazo frontal del Estado central, abriendo así la peor crisis institucional de las últimas décadas en España y un inesperado foco de inestabilidad en Europa. El Ejecutivo catalán liderado por Carles Puigdemont asegura que la región nororiental declarará de forma unilateral su independencia en cuestión de días si el "sí" a la ruptura con España obtiene más votos el domingo, resultado que se da por hecho porque los partidarios del "no" ven ilegal el referéndum independentista y ni siquiera hicieron campaña.

Pero no está claro en qué grado y con qué garantías se podrá votar mañana. El Tribunal Constitucional español suspendió la consulta en cuanto fue convocada el 6 de septiembre, y desde entonces el gobierno central de Mariano Rajoy impulsó diversas medidas que fueron desmantelando las bases materiales mínimas para celebrarla. "No habrá referéndum. Son plenamente conscientes de que el Estado ya lo impidió", zanjó esta semana Rajoy, que pidió a Puigdemont anular la consulta.

Jornada "festiva"

Fuentes del Ejecutivo en Madrid aventuran que mañana no habrá más que "una cierta jornada festiva en la que se montarán tenderetes en plazas y calles y se hará un sucedáneo de votación". Puigdemont, por el contrario, se aferró a la votación y prometió defender la consulta "hasta el final y con todas las consecuencias": "Por descontado, se va a celebrar el referéndum", aseveró el líder catalán.

La consulta carece de reconocimiento nacional e internacional, censo, junta electoral, participación mínima o campaña de la oposición. Se da además en un contexto de presión judicial, porque quienes colaboren a realizarla e incluso los miembros de mesas electorales estarán desobedeciendo la suspensión del Constitucional español.

Cuestión de imagen

En ese contexto de incertidumbre, lo que ocurra mañana podría pasar más por una cuestión de imagen. Madrid admite "preocupación" por la posibilidad de incidentes entre los votantes y la policía, que tiene orden de impedir el acceso a los locales electorales: una foto que mancharía la imagen internacional de la democracia española. "Nos gustaría la transparencia, pero ya ven cómo las gastan", reconoció ayer el vicejefe del gobierno regional, Oriol Junqueras, en una rueda de prensa en la que ofreció los primeros detalles sobre el transcurso de la jornada electoral el domingo. Junqueras evitó en cambio dar más precisiones sobre la segunda gran incógnita que plantea la crisis: cómo reaccionará el gobierno de Puigdemont a partir del próximo lunes.

La ley del referéndum prevé que se declare la independencia 48 horas después de que se conozca un triunfo del "sí", pero los problemas de legitimidad con la consulta y la esperable falta de reconocimiento internacional a una Cataluña independiente abren la puerta a que la región opte por un proceso de diálogo o convocar elecciones.

La crisis en la cuarta economía del euro preocupa también en la Unión Europea (UE), donde muchos socios tienen sus propias tensiones regionales. Bruselas viene apoyando a Rajoy, aunque con cautela. "La Comisión sigue el principio de no entrometerse en debates internos", repite el jefe del Ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker.

Con 7,5 millones de habitantes de los más de 46 millones que hay en España, Cataluña es una de las comunidades autónomas más ricas e industrializadas del país y aporta casi el 20 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB).

Sentimientos encontrados

Aunque está integrada en España desde el siglo XVI, la turística región con capital en Barcelona y patria de artistas como Salvador Dalí, Joan Miró o Antoni Gaudí cultivó siempre sentimientos nacionalistas basados en su identidad lingüística e histórica o las tradiciones culturales propias. Pero fueron sobre todo dos factores los que dispararon un nuevo auge del separatismo: la sensación de afrenta cuando el Constitucional español anuló en 2010 parte de un nuevo Estatuto catalán que daba más autonomía a la región y el impacto de la crisis que sacudió España desde 2009 y por la que el gobierno catalán culpó al ejecutivo de Madrid.

Años de escalada de tensión fueron abriendo el camino hasta la explosiva situación que se vivirá mañana. Pero no parece que la votación soberanista vaya a acabar con la crisis, sino más bien lo contrario.

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