El Mundo
Jueves 30 de Marzo de 2017

El Reino Unido presentó ayer su renuncia a la Unión Europea

La premier conservadora Theresa May envió una carta a la UE que comunica oficialmente la decisión, que "es irreversible", subrayó

La primera ministra británica Theresa May inició oficialmente la salida de la Unión Europea del Reino Unido, que calificó de "irreversible". Es la primera vez en los flamantes 60 años de historia de la Unión Europea que un país miembro se retira del bloque. "Ha llegado el momento de unirnos y trabajar juntos para lograr el mejor acuerdo posible", afirmó May en el Parlamento, minutos después de que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, recibiese en Bruselas la carta británica que notifica formalmente la salida universalmente apodada "Brexit". "Es un momento histórico que no tiene vuelta atrás", sentenció May. La solicitud formal de salida de la UE por Gran Bretaña es resultado directo de la victoria del "No" en el referéndum del pasado 23 de junio sobre la permanencia de la nación en el bloque europeo. El resultado fue inesperado y terminó con la carrera política del primer ministro conservador David Cameron, que abogaba por el "Sí". Ante la caída de Cameron, el Parlamento votó por Theresa May, una conservadora abiertamente escéptica sobre la UE. Pero las negociaciones aún tardarían dos años hasta dar por terminados los lazos entre el Reino Unido y el bloque europeo.

"No hay razones para pretender que este es un día feliz, ni en Bruselas ni en Londres", le respondió casi de inmediato a May el polaco Tusk, advirtiendo que los 27 países restantes se mantendrán "unidos también en el futuro, durante las difíciles negociaciones". Al término de dos años de negociaciones, la UE habrá perdido a un miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y potencia nuclear, y habrá ganado, a su pesar, un ejemplo que otros sentirán la tentación de seguir. A su vez, el Reino Unido podría quedarse sin Escocia e Irlanda del Norte si el descontento de ambas con el Brexit acaba en independencia. La jefa del gobierno alemán Angela Merkel pidió unas negociaciones "justas y equilibradas", pero el presidente francés, François Hollande, pronosticó que el Brexit "será doloroso económicamente" para los británicos y "sentimentalmente" para los europeos.

El referéndum del 23 de junio de 2016 (casi 52 por ciento contra 48 por ciento a favor del Brexit) dejó heridas por cicatrizar en la sociedad británica, y ayer coincidieron las muestras de alegría y de auténtico pesar. Nigel Farage, el antiguo líder del partido antieuropeo UKIP, se fue a tomar unas cervezas y estimó que la muerte de la UE está cerca: "Nosotros nos vamos primero", festejó. Ante el Parlamento británico, una pequeña manifestación protestaba contra el "Brexit". "El Titanic navega hacia aguas Brexit. Será un viaje tranquilo, sin obstáculos", bromeó uno de sus organizadores, Graham Fawcett. Pero Abdul Chudhury, un inmigrante bangladesí de 49 años que trabaja en un puesto de sandwiches de Edimburgo, se congratuló porque hay que controlar la inmigración, "como en Australia o Nueva Zelanda, donde sólo se permite venir a vivir y a trabajar a gente capacitada". En cambio, para el enfermero español Joan Pons, era un día lúgubre: "nunca podré volver llamar mi casa a este país. Es una casa rota, y me parte el corazón", escribió en Twitter. Los flujos migratorios han sido decisivos en el crecimiento del sentimiento antieuropeo y en muchos casos xenófobo que llevó al triunfo del Brexit. Como este escenario es similar en otros países europeos, existe el temor a que el ejemplo británico se extienda a otros socios de la UE. Es lo que postulan los populistas de derecha como la francesa Marine Le Pen y el italiano Matteo Salvini, entre otros. "Estoy contenta porque estoy harta de inmigrantes, eso es todo lo que tengo que decir", sentenció Irene, una ingelsa de 63 años del barrio londinense de Bethnal Green. La misma división reina en los medios. Mientras el tradicionalista Daily Mail hablaba de "¡Libertad!", el progresista The Guardian advertía sobre un "salto a lo desconocido".

Los mandatarios europeos tienen previsto establecer las grandes líneas de negociación el próximo 29 de abril en una cumbre en Bruselas, sobre la base de la propuesta que Tusk les presentará antes del viernes. Las negociaciones propiamente dichas empezarán a finales de mayo, principios de junio, y el primer cara a cara entre May y los líderes de los 27 será el 22 de junio.Se prevé que las negociaciones se prolongarán por dos años. May quiere una ruptura neta y renunciará al mercado único europeo para poder controlar la inmigración, lo que ha despertado preocupación en sectores estratégicos como la banca y las automotrices, muy dependientes de sus negocios en la UE. Del otro lado, el principal negociador europeo, Michel Barnier, pretende que los tres millones de ciudadanos europeos en Reino Unido conserven sus derechos.

La "factura" a pagar

Sin embargo, la cuestión que protagonizará el inicio de las conversaciones será la "factura" a pagar por el Reino Unido. Aunque todavía no hay cifra oficial, se estima que los compromisos presupuestarios adquiridos por Londres ascienden a hasta 60.000 millones de euros. El ministro de Finanzas, Philip Hammond, admitió que habrá que pagar, porque "no se puede tener todo", pero discrepó sobre el monto, atribuyéndolo a una estrategia: "esto es una negociación".

El ingreso británico a la UE se produjo en 1973, hace casi 44 años, tras dos negativas del presidente francés Charles de Gaulle, quien estaba convencido de que los británicos eran europeos reticentes que iban a actuar como caballo de Troya de Washington. A partir de las reformas estructurales de Margaret Thatcher, el Reino Unido prosperó económicamente, moldeó el bloque y le arrancó importantes concesiones: se le permitió quedar al margen del euro y del espacio Schengen (que liberaliza el movimiento de ciudadanos del bloque), obtuvo la creación del mercado único europeo, la ampliación del bloque a los países del Este y que se le reembolsara dinero del presupuesto agrícola. Todo esto no bastó para cambiar la percepción, entre gran parte de la prensa y el público, de que Bruselas es un nido de burócratas empeñados en recortar la soberanía y las instituciones británicas con regulaciones abusivas. Es que la telaraña de regulaciones europeas no combina bien con el temperamento más liberal de los británicos y este choque se ha evidenciado una y otra vez.

Un voto que mostró dos países

En el referéndum que decidió el Brexit los jóvenes, las mujeres, Londres, Irlanda del Norte y Escocia votaron a favor de seguir en la UE, pero los adultos mayores, los hombres y el resto de Inglaterra y Gales, acabaron sacando al Reino Unido de la UE contra el pronóstico de empresas de sondeos y formadores de opinión de la prensa. Fue el inicio de una ola de disidencia que cruzaría el Atlántico y propiciaría la victoria de Donald Trump.


Comentarios