El Mundo
Martes 11 de Julio de 2017

El chavismo busca salvarse con unas elecciones amañadas

La oposición avanza: a la excarcelación de López agrega un referendo contra la irregular constituyente de Maduro

Más allá de las suspicacias sobre las negociaciones, que obviamente existieron, la excarcelación de Leopoldo Lopez no puede ser interpretada de otra forma que como un logro de la oposición venezolana y, paralelamente, un retroceso del régimen. Otro más, ya van varios en estos 100 días de lucha, con casi otros tantos asesinados por la represión estatal y paraestatal. El próximo desafío es el referendo consultivo dispuesto por la coalición opositora MUD para el domingo venidero sobre la irregular asamblea constituyente que convoca Maduro. El resultado es cantado, el punto clave será la participación.

El balance de estos 100 días es bifronte: al duelo por las 91 vidas jóvenes perdidas (14 incluso eran adolescentes) se opone el enorme debilitamiento que ha sufrido el chavismo, que ha debido desnudar su autoritarismo a la vista del mundo entero. El matonaje a la luz del día contra el Congreso perpetrado el pasado miércoles fue otro intento de avance que terminó en retroceso ante una nueva ola de repudio global. Una obra maestra del esperpento más indefendible. Que hunde en el silencio, cada vez más espeso y culposo, al autodenominado "progresismo" argentino. Al chavismo hoy sólo le quedan escasos aliados firmes en el mundo: Cuba, Nicaragua y Bolivia, los países caribeños del Caricom que, pese a que Venezuela está quebrada, siguen recibiendo un beneficio vital en petróleo, y no mucho más. ¿China y Rusia? Están para hacer negocios y posicionarse en la región, como parte de su competencia global con Estados Unidos. Se aprovechan de la debilidad venezolana. Rusia está por quedarse con Citgo, la filial de la petrolera estatal PDVSA en EEUU (ya tiene 49,9 por ciento como garantía de un préstamo por 1500 millones de dólares). China se ha apropiado de buena parte de las reservas de crudo a cambio de masivos préstamos en yuanes. El antiimperialismo vociferante de Chávez ha terminado, muy previsiblemente, en una "dependencia" extrema. El nacionalismo militarista puso al país de rodillas.

Es esta debilidad económica de fondo, creada pura y exclusivamente por el modelo de Chávez, la causa de la debacle política del régimen, de su irremontable impopularidad. Culpar a la caída del precio del petróleo no es serio: otras potencias petroleras lucen muy saludables, como Arabia Saudita y los emiratos del Golfo o la superdesarrollada Noruega.

Se verá el domingo si el chavismo sale con sus "colectivos" armados e impunes a espantar votantes, quemar urnas y correr a tiros autoridades de mesa o si se aguanta la consulta. Admitir el referendo y su resultado abrumador sería casi letal para el régimen. Pero combatirlo a sangre y fuego también, por el ulterior costo de imagen. El sector duro, el de Diosdado Cabello, que estuvo al frente del torpe asalto al Congreso, parece decirse "ya estamos quemados, vayamos a fondo", mientras el sector más político, con la prisión domiciliaria para Leopoldo López, juega alguna ficha a una moderación que atenúe la mala imagen.

En todo caso, se hará la elección de constituyentes del oficialismo el próximo 30 de julio. Vale detenerse en el arbitrario mecanismo elegido. Estas serán elecciones "de segundo grado". Se elegirá una parte de los constituyentes por "sectores". Serán "campesinos y pescadores, comunas y consejos comunales, estudiantes, pensionados, empresarios, pueblos indígenas y personas con alguna discapacidad física". En cualquier caso, los habilitados serán de estricta observancia chavista. Otro tramo de los asambleístas será elegido por municipios, el llamado "poder comunal" que diseñó Chávez. Acá también se recortará el electorado "a piacere". Una ciudad de tradición antichavista, por más que habitantes que tenga, merecerá pocos constituyentes; una más pequeña pero fiel votante chavista, recibirá los mismos o más escaños. El diseño repite el de la frustrada reforma de Chávez de 2007, frenada por el referendo consultivo, que perdió, y que ahora Maduro ha eludido, cayendo en una segunda inconstitucionalidad manifiesta. Y en una tácita pero neta admisión de su impopularidad. Esta será una elección de tipo soviético o franquista, no contemplada en la Constitución de 1999. Es la única manera en que el chavismo puede hoy ganar una elección. Desde que en diciembre de 2015 perdió de manera neta, por 56 por ciento a 41 por ciento, las elecciones nacionales al Parlamento, en Venezuela no ha habido más votaciones: el año pasado el organismo electoral postergó de manera inaudita las elecciones de gobernadores y alcaldes. Es que la derrota iba a ser aún peor que en 2015. Según la encuestadora Datanálisis, a inicios de junio el nivel de rechazos de la constituyente de Maduro era de 85 por ciento , mientras 86,1 por ciento exigía que se realice la consulta popular previa que ordena la Constitución. Un 78,3 por ciento quiere el voto secreto, universal y directo, para el caso de que se haga igualmente la elección de constituyentes. Con semejantes datos, es lógico que el chavismo se saltee las urnas de la democracia y la Constitución y vaya a unas elecciones inventadas a su medida. Por lo demás, ¿en medio de la peor crisis económica de la historia nacional se convoca a una reforma constitucional, para colmo de una Constitución muy joven, de 1999? Una locura que es otro índice del grado de desesperación del chavismo.

Más allá de si sobrevive o no, la debacle del chavismo como modelo la seguir o proponer es una dura derrota ideológica y propagandística para la izquierda latinoamericana. Que siempre ha apostado por estos modelos populistas autoritarios en lugar de postular un reformismo democrático y republicano, socialdemocrático. Que por lo demás es la única izquierda que puede mostrar buenos resultados económicos, como se ve en Uruguay, Chile y en la primera y prolongada etapa de la experiencia del PT en Brasil.

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