Referéndum en Cataluña
Miércoles 04 de Octubre de 2017

De Cataluña al golpe de 1981: dos reyes, dos crisis, dos discursos

El objetivo de Felipe VI recordó al que consiguió su padre en momentos en que España luchaba por cerrar heridas de la Guerra Civil y el franquismo

El país es diferente, el reto institucional también, pero el objetivo que buscó ayer el rey Felipe VI recordó al que consiguió su padre durante el intento de golpe de Estado de 1981: hablar a España para representar seguridad institucional en una hora de tensión e incertidumbre. Ambas sensaciones recorren el país en una semana clave: días después del referéndum en Cataluña, con las imágenes aún frescas de la violencia que dejó la jornada y ante una posible independencia unilateral de la región en cuestión de días, lo que abriría un escenario inédito e imprevisible.

El silencio del rey comenzaba a generar críticas en medio de la peor crisis institucional que afronta España posiblemente desde aquella que su padre ayudó a sortear hace 36 años. Por eso el anuncio de su primer mensaje a la nación fuera de cualquier acto —una medida reservada a situaciones excepcionales que su padre usó solo en cuatro ocasiones en 39 años de reinado— generó una expectativa inmensa. En una escenificación austera, flanqueado en su despacho por la bandera española y la europea, Felipe combinó las advertencias sobre la "extrema gravedad" que plantea el desafío independentista en Cataluña con pedidos de confianza: "Son momentos difíciles, pero los superaremos". No correspondía al rey anunciar medidas, pero sí enviar mensajes. Y uno de ellos tuvo forma de instrucción: "Es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional" en Cataluña.

Pero más allá de valoraciones, el hecho de que el rey se estrenara hablando al país en otro momento histórico para España recordó la situación vivida por su padre el 23 de febrero de 1981. La España que entonces luchaba aún por cerrar heridas de la Guerra Civil (1936-1939) y la dictadura franquista (1939-1975) afrontó su mayor desafío en el camino democrático cuando un grupo de militares irrumpió a tiros en el hemiciclo del Congreso de los Diputados al grito de "¡Al suelo todo el mundo!" en un intento de golpe de Estado. Apoyado por unos 200 oficiales de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, el teniente coronel Antonio Tejero paralizó la respiración de la joven democracia, que había celebrado sus primeras elecciones apenas cuatro años antes y forjaba consensos que no podían dejar satisfechas a todas las partes. "Nadie salió a la calle, nadie quedó bien, nadie lo hizo bien", resumió sobre esa noche el escritor Javier Cercas, que diseccionó esas horas de desconcierto, miedo y tensión en "Anatomía de un instante", premio nacional de Narrativa en 2010.

Sí salió el rey Juan Carlos. Con 43 años de edad —seis menos que los que tiene hoy su hijo— y poco más de cinco en el trono, apareció en TV a las 1:23 horas de la madrugada del 24 de febrero vestido con uniforme militar como jefe de las Fuerzas Armadas. Y lanzó una advertencia clara a los golpistas. "La Corona, símbolo de permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar acciones o actitudes de personas que pretenden interrumpir por la fuerza el proceso democrático", proclamó.

Interpretaciones aparte, la mayoría de historiadores creen que ese mensaje no solo fue decisivo para frustrar las esperanzas de los golpistas, que se rindieron tras casi 18 horas, sino que también salvó la institución monárquica y la democracia. Es la última y definitiva diferencia entre el discurso pronunciado ayer por Felipe y el que hace 36 años envió su padre:el desenlace de la crisis que vive ahora España es cualquier cosa menos previsible. El éxito del rey en su intento de aportar serenidad a un momento turbulento está aún por verse.

Pablo Sanguinetti

DPA

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