El Mundo
Viernes 26 de Mayo de 2017

"Creer que en Colombia ya terminó la guerra es una ficción"

Rubén Chababo, asesor del Centro Nacional de Memoria Histórica de Bogotá, alerta sobre el deterioro del proceso de paz, que podría perderse

Rubén Chababo es seguramente uno de los argentinos que mejor conoce el conflicto interno de Colombia. Desde hace más de tres años integra el Consejo Asesor Internacional del Centro Nacional de Memoria Histórica de Bogotá, organismo creado por la Presidencia de Colombia. Antes, como se sabe, fue director del Museo de la Memoria de Rosario. Chababo advierte que, después del lugar privilegiado en la marquesina mediática que tuvo el caso colombiano el año pasado y que culminó con el Nobel de la Paz para el presidente Juan Manuel Santos en diciembre pasado, el tema se ha olvidado y la guerra se da por concluida, cuando la realidad es que el proceso de paz corre serio peligro y se está deteriorando.

—La impresión sobre Colombia es que está consolidando la paz interna.

—A fines de 2016 se creía que el plebiscito sería exitoso y ninguno o casi ninguno presagiaba el resultado negativo. El plebiscito no era obligatorio, pero Santos lo quiso. El "No" obligó a barajar y dar de nuevo. La pregunta es porqué una parte importante de la población votó por el No,cuando el Sí era claramente el fin de un conflicto de casi 60 años. Los analistas reconocen que hubo unos 10 millones de electores que responden a sectores de la Iglesia católica y evangelistas, que habían observado que el Acuerdo de Cartagena tenía "una sobreabundancia de políticas de género". Esto, que parecía secundario, tuvo impacto en la prédica de las iglesias evangélicas, que son muy poderosas y llamaron a votar por el No. Lo mismo pasó con la Iglesia católica. La colombiana es una sociedad altamente conservadora y por más que hay algunos obispos comprometidos con el proceso de paz, la jerarquía más alta no se pronunció a favor del proceso de paz. Fue un error del gobierno no haber atendido a este componente. Se abre así el "postconflicto", que muchos se niegan a aceptar y hablan del "postacuerdo". Es decir, la idea de que después del acuerdo de Cartagena cesó la guerra es una ficción.

— Que es la creencia que se fijó en el resto del mundo, sobre todo después del Nobel a Santos.

— Exacto. Quedó la foto de Santos en Cartagena con las víctimas, con los presidentes. Pero resta el díficil proceso de puesta en marcha del acuerdo. Luego del plebiscito se debió comenzar a tomar las recomendaciones del uribismo (el movimiento del ex presidente Alvaro Uribe) contra el financiamiento político y los curules de las Farc, además del componente de género. Se debe pactar con el uribismo, que estaba en contra del proceso de paz. El gran tema que se abre por delante es la Justicia, qué grado de impunidad habrá para aquellos que estén acusados de graves delitos de lesa humanidad. Esta era la principal objeción de muchísimos sectores, no solo del uribismo. Se crea la Jurisdicción Especial para la Paz, organismo que determina una diferencia en las penas según la persona reconozca su delito o no. Todo esto se tuvo que redefinir. Pero el gran problema radica en que la guerra exige de un caudal económico para cesar. Miles de guerrilleros entraron en las "zonas veredales", pero cuando llegaron no estaba la infraestructura. Luego están los guerrilleros que han vuelto a sus comunidades y se producen venganzas contra ellos. El uribismo había pedido que las Farc blanqueen su acervo económico y digan donde están las "caletas", que son más de 600 depósitos de armas. Por ahora se ha entregado el 40 por ciento de las armas. Ahí hay un tira y afloje entre las Farc sobre su caudal económico, producto del narcotráfico en gran medida, en función de si se respetan o no los acuerdos. Es su carta negociadora. Todo esto favorece a los sectores más extremos, que dicen que los acuerdos no van a funcionar y piden un retorno a la guerra. Se vive hoy en Colombia un tiempo de tensa expectativa, muchos dicen que la situación es tan delicada que es muy probable que la violencia vuelva duplicada. Otro desafío es la Comisión de la Verdad, que tiene que empezar a funcionar ahora. Deberá propiciar el reconocimiento de que todos, absolutamente todos, con diversas responsabilidades, propiciaron el crimen. Esto es muy difícil con sectores como el ejército, que no quieren ser identificados como responsables únicos. Para el ejército el gran fantasma es que le ocurra lo mismo que al ejército argentino. El informe de la Comisión Nacional de Memoria Histórica de la que soy parte, no satisfizo a los militares, a pesar de que reconoce las víctimas militares. Pero reducir el conflicto a una disputa entre Farc y ejército es un grave simplismo. De esta guerra han sido parte los empresarios, las multinacionales, la oligarquía, el paramilitarismo, brazo armado de los terratenientes. Este conflicto hizo metástasis y llevará años depurar ese cuerpo enfermo y mutilado por la violencia. Será trabajo de las generaciones futuras leerlo desapasionadamente y sacar sus propias conclusiones.

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