Bajo sospecha. La empresa de la manzanita utiliza filiales en Irlanda para llevar a cabo su estrategia tributaria.
Si la sociedad rusa acepta el fallo, el líder del Kremlin podrá someter a gusto a sus adversarios. Los críticos del gobierno advierten sobre un incremento de la represión y las penas de cárcel.
Un grupo de mujeres protesta en las calles de Manhattan en solidaridad con las tres jóvenes rockeras condenadas por el breve rezo punk contra el presidente ruso, Vladimir Putin.
Moscú. —
Con la sentencia contra las integrantes de la banda punk Pussy Riot, el presidente ruso, Vladimir Putin, está probando sus límites. Ahora, la sociedad rusa se enfrenta a un "examen de tolerancia ante la tiranía", comentó ayer el diario online crítico con el régimen gazeta.ru. ¿Hasta donde puede llegar el hombre fuerte de Rusia? Defensores de los derechos civiles lo tienen claro: si la población acepta el veredicto, Putin podrá hostigar a sus opositores a su gusto y perseguirlos a golpe de condenas.
La sentencia de dos años de prisión contra las tres activistas por su "rezo punk" contra Putin en la catedral del Cristo Redentor en Moscú se ve como una dura señal del jefe del Kremlin a sus adversarios. El mensaje: quien no esté conmigo será apartado. "El país vuelve definitivamente a los gulags de Stalin", dijo el diputado Gennadi Gudkov, quien también está en el punto de mira de la cúpula. Defensores de derechos humanos temen más represiones y se habla incluso de inquisición. Para gazeta.ru, el Kremlin utiliza la condena para vengarse de todas las críticas de los últimos meses, desde las multitudinaria protestas tras los comicios parlamentarios del 4 de diciembre.
El Parlamento, dominado por el partido de Putin, Rusia Unida, endureció las leyes a tal velocidad que la oposición apenas pudo responder con protestas. Decenas de jóvenes están además detenidos tras la escalada de la protesta celebrada en la noche previa al regreso de Putin a la presidencia, el 7 de mayo, y podrían ser condenados a años de cárcel.
Pero el proceso contra las jóvenes de la banda punk están considerado como el punto álgido hasta el momento. "El poder hace oídos sordos", dijo el abogado de Pussy Riot, Mark Fejgin, quien quiere impugnar el veredicto ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Impulsos de venganza. Según analistas, la modificación de la sentencia en una instancia rusa superior depende sólo de Putin. Y los críticos no esperan nada bueno. "La mala noticia es que tenemos como presidente a un hombre que no se guía por los intereses de su país, sino por sus impulsos, por venganza", explicó el galerista Marat Gelman.
Muchos expertos temen que ahora aumente todavía más la división social. "Esta decisión injusta hará que la gente se una más en torno a los presos políticos", opinó el bloguero Alexei Navalny, uno de los principales opositores a Putin. Y también las Pussy Riot parecen querer aprovechar la atención mundial que atrajo su proceso. En una nueva canción tras ser condenadas, las integrantes del grupo que aún siguen en libertad llaman a una revolución contra Putin: "El país sale a la calle con valor/ El país le dice adiós al régimen".
El respaldo militar. Pero Putin, al fin al cabo el político más querido del país, no debe temer aún una revolución. Todavía sigue contando con el apoyo de las fuerzas de seguridad, a las que atrae con promesas de generosos salarios, así como del grueso de una sociedad de corte conservador. A esto se añade que, fuera de Moscú y San Petersburgo, para la mayor parte de ciudadanos la única fuente de información es la televisión estatal, en la que el nombre Pussy Riot sólo es citado con menosprecio.
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