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Domingo 10 de Agosto de 2014

El mundo y Boudou siguen andando

Otra vez procesado. La situación del vicepresidente de la Nación se torna insostenible, al punto que ya hay senadores kirchneristas que piensan en ponerle límite a su lealtad. Mientras tanto, él se comporta como si nada hubiese ocurrido.  

La situación de Amado Boudou se torna insostenible a cada hora que pasa. El procesamiento dispuesto el viernes por el juez Claudio Bonadio, a más de ser otro jalón en la inédita historia de vicepresidentes procesados inaugurada por el compañero de fórmula de Cristina, achica el cerco de soledad en el que se mueve este hombre. Dos senadores que saben levantar la mano sin preguntar nada ante los deseos del poder ejecutivo nacional le advirtieron hace horas a su jefe de bloque Miguel Pichetto que la lealtad había llegado a un límite. “El miércoles que viene Amado no puede estar en el Senado”, le dijo uno de los hombres de provincia al titular de la bancada. Pichetto apenas hizo silencio

La proporción de lo que ha ocurrido ahora roza lo grave en el fondo y la farsa en sus causas. Boudou fue notificado que la firma en los formularios de un registro del automotor que él adquirió no eran verdaderas, que el domicilio denunciado en esa práctica administrativa resulta ubicable casi en el agua del Riachuelo y que para “agilizar” los papeles parece haberse valido de un comisario amigo. Un procedimiento que, de confirmarse en los términos de este procesamiento, lo coloca en la categoría de embaucador de recursos mediocres y ridículos. El caso es que este hombre fue primero ministro de Economía y ahora vicepresidente de la Nación. ¿Puede seguirlo siendo un adulterador de papeles de poca monta luego de semejante sentencia? A esto debe adosarse el otro fallo admonitorio por haber presuntamente favorecido a su bolsillo y al de sus amigos para quedarse con la fábrica de papel moneda y varios procesos penales abiertos. ¿Es tolerable?

Lo que más irrita es que el licenciado Boudou juega a que no pasa nada. Porque una cosa es ampararse en el principio de inocencia que rige en igualdad ante la ley para todos y otra pretender que es lo mismo estar doblemente procesado que no. La actitud de bajar al Senado el miércoles pasado para presidir la sesión no fue una guapeada para defender la inocencia procesal. Fue un torpe gesto inescrupuloso para enrostrarle a los legisladores (y a todo el país) que él cree que no pasa nada y que puede lo que quiere. Algunos senadores oficialistas sortearon con poco éxito su dificultad de ordenar el sujeto, el verbo y el predicado, y rompieron su tradicional afonía parlamentaria para saludar con los más elementales lugares comunes la presencia del vicepresidente procesado. El verdadero núcleo de poder kirchnerista resistió el momento sosteniendo apenas las formas de esa asistencia. Fue otra vez el rionegrino Miguel Pichetto el que puso el rostro (pero no el alma) para rechazar cualquier pedido de cuestionamiento de la oposición, pero sus palabras denotaron que estaba llegando al límite de la disciplina partidaria. Con este nuevo procesamiento, ¿volverá a defender a Amado? “Lo dudo”, confesó en reserva a este cronista una de sus más antiguas asesoras.

Habrá que verlo en esta semana cuando los senadores sepan si el vicepresidente tornará a desafiarlos presidiendo la sesión. Es de esperar que la oposición cumpla con su función y se mantenga en sus bancas. Abandonar el recinto como hicieron esta semana es, además del incumplimiento de su carga pública, un capricho inexplicable e inconducente toda vez que el jefe de gabinete debía rendir cuentas de su gestión.

Lo que viene. Es cierto que el mundo sigue y la Argentina también, como dijo la presidenta de la Nación luego de haberse cumplido el plazo para pagarle a los fondos buitre. Sigue la estrategia de la doctora Kirchner de demonizar al juez Griesa y la artillería para esa anatema ataca por todos los frentes. Se sabía que la Corte Penal Internacional no iba a poder intervenir en la causa, toda vez que Estados Unidos no aceptan jamás esa jurisdicción.

Sin embargo, como dice el ex fiscal del tribunal con sede en Holanda Luis María Ocampo, se golpea en La Haya para que se abra la puerta en Washington. El kirchnerismo desea que ante el fracaso de la negociación judicial se propicie un paraguas diplomático auspiciado por Barak Obama que destrabe sin generar vencedores ni vencidos una vía de solución. Dicen los que saben que esperar que el presidente del norte desautorice a un juez de su país o lo rete desde un atril como se hace en Buenos Aires es, más que una quimera, un gesto de ignorancia elemental del sistema republicano y de la realidad norteamericana. Se verá. También fue una falsa expectativa esperar que luego de que la presidente dijese que era hora de hablar en serio de economía se abordara el tema de la inflación argentina que nos ubicará en la más alta del mundo junto con Venezuela y apenas por encima de la de Sudán e Irán. Nada de eso.

La política santafesina sigue también andando sin mucha novedad salvo las fotos del radical Mario Barletta con Miguel del Sel y la de Hermes Binner con Sergio Massa.

Por la primera, no deja de ser extraño ver cómo el centenario partido de la boina blanca reclama su justificado lugar al siempre hegemónico socialismo a la hora de nombramientos del Frente Progresista. Ahora utiliza un coqueteo amenazador con el ex Midachi. Visto desde afuera, da toda la impresión de que ni los propios radicales creen en su vocación y aptitud de poder ya que no amenazan con desprenderse en soledad de las alianzas sino que recurren a un candidato que llegó a la función pública hace un lustro haciendo gala del desconocimiento y la historia institucional defendidos por la UCR.
Por la fotografía restante, algunos suenan del lado del ex intendente de Tigre con acercarse al PS para limar asperezas y sellar un entendimiento eventual en una segunda vuelta de octubre de 2015. Alguna vez, el ex gobernador Hermes Binner dijo que Mauricio Macri era su límite. ¿Lo será también Sergio Massa?

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