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Sábado 22 de Agosto de 2015

El monstruo que asoma en la política

En foco. La alta intención de voto del magnate Donald Trump como precandidato a presidente por el partido republicano de los Estados Unidos sacudió el tablero político en ese país. Un lenguaje xenófobo, racista y machista lo ubicó como favorito para ganar las primarias y a sólo seis puntos de Hillary Clinton.

Como si en el mundo no hubiese demasiados conflictos de envergadura para resolver, la aparición en la política norteamericana de un personaje difícil de entender como Donald Trump podría complicar aún más la fragilidad de una globalización que hace agua por todos lados.

Trump, nacido en Queens, Nueva York, hace 69 años, es un magnate experto en finanzas que ha desarrollado un imperio económico en el campo inmobiliario, deportivo y del entretenimiento. La revista Forbes, especializada en negocios, lo cuenta entre los multimillonarios del planeta con un activo de 4 mil millones de dólares, aunque Trump asegura tener 9 mil millones.

Siempre se lo vinculó a Trump con una posición xenófoba y racista pero por fuera de la política, aunque ya había insinuado con fuerza su intención futura de participar cuando en 2011 le exigió al presidente Barack Obama que mostrara su partida de nacimiento. El presidente norteamericano accedió a publicarla y demostrar, para congoja de Trump, que había nacido el 4 de agosto de 1961 en la isla hawaiana de Oahu y por ende era norteamericano. En realidad, lo que más le molestaba a Trump no era tanto comprobar que Obama hubiera nacido en Estados Unidos y no en alguna tribu africana, sino su color de piel, aunque era políticamente incorrecto admitirlo.

El paso del tiempo, en lugar de atenuar su animadversión manifiesta contra todo lo que no sea puramente blanco y estadounidense, lo encuentra ubicado en el ala más reaccionaria y putrefacta de la sociedad norteamericana, incluso hasta para el asombro del sector más derechista del país nucleado en el llamado Tea Party del Partido Republicano.

Si la voz de Trump fuera sólo un estertor primitivo y bufonesco, como existen en todas partes, incluida la Argentina, no dejaría de ser una anécdota en un país que tiene larga tradición democrática para sus asuntos internos, aunque no tanto en política internacional.

Sin embargo, desde que Trump anunció su precandidatura presidencial dentro del Partido Republicano no deja de prometer y decir barbaridades en un lenguaje irritante para millones de norteamericanos, pero que lo han puesto en el primer lugar entre los 17 postulantes de esa fuerza. Según el último sondeo (que en general son bastantes aproximados y no manipulados como en la Argentina) es el favorito de los republicanos con una intención de voto del 24 por ciento. Está muy por arriba del segundo, Jeb Bush, (hermano del ex presidente George W. e hijo del también ex presidente George H. W.) que tiene un 13 por ciento.

Mensajes. ¿Con que discurso llegó Trump a sumar voluntades mayoritarias dentro del partido? Una de las frases más impactantes fue la siguiente: “Cuando México envía a su gente no envía a los mejores sino a los que tienen muchos problemas. Nos traen las drogas, el crimen, son violadores, aunque supongo que algunos son buenas personas”. También señaló a los negros e hispanos como “culpables de todos los crímenes violentos” y sobre las mujeres dijo una vez que son “cerdas gordas y animales desagradables”.

De inmediato, las cadenas de televisión Univisión y Televisa, que transmiten en español, y también la NBC anunciaron que rompían relaciones contractuales con Trump. Incluso la famosa tienda Macy’s, con 800 negocios a lo largo del país, dejará de vender la línea de ropa masculina “Donald J. Trump” porque “el respeto por la dignidad de todas las personas es un pilar de nuestra cultura y las palabras del multimillonario son incongruentes con los valores de Macy’s”, dijo la tienda a través de un comunicado. Hasta la cantante Shakira salió a enfrentarlo al pedir que nadie apoye “tanta ignorancia” porque el discurso racista “intenta dividir a un país que se ha encaminado en defensa de la diversidad y la democracia”.

En el sitio oficial de internet que promueve la candidatura de Trump (www.donaldjtrump.com) se puede leer en grandes letras su eslogan: “Make America Better Again” (Hacer a Estados Unidos grande otra vez). Para ello Trump propone, como primera medida, deportar a los inmigrantes ilegales, cancelar las acciones migratorias del país, triplicar las fuerzas de seguridad en los pasos fronterizos y levantar un muro a lo largo de la frontera con México (son unos 3.200 kilómetros), cuyo costo sea afrontado, en parte, por los propios mexicanos con los fondos que remiten desde Estados Unidos a sus familias en México.

Se estima que en Estados Unidos viven hoy unos 11 millones de inmigrantes ilegales, mayormente latinoamericanos, que serían expulsados si la propuesta de Trump llega algún día a implementarse. El total de la población norteamericana, según el último censo de 2014, es de casi 319 millones de personas. De esa cifra, un 17 por ciento son latinos y un 13 por ciento afroamericanos.

Más peligros. No sólo en el campo doméstico se le ha escuchado a Trump prometer barbaridades, sino también ha incursionado en política internacional pese a que su formación en el área debe ser nula. Dijo hace poco que enviaría tropas norteamericanas a combatir a Medio Oriente al Estado Islámico, un grupo criminal y fanático sunita musulmán que se ha apoderado de grandes áreas de Siria e Irak, donde autoproclamó un califato. Pero parece que la principal preocupación de Trump no es terminar con la matanzas, decapitaciones, esclavitud sexual y la guerra civil ni rescatar a los indefensos, sino apoderarse del petróleo, porque así ha dicho que lo haría en caso de controlar militarmente esos países.

También, como podía esperarse, se opuso al inédito plan contra el cambio climático que acaba de lanzar al mundo Obama, con el que aspira a cerrar su ciclo presidencial con tres grandes logros en materia internacional: el aparente enfriamiento del programa nuclear iraní, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y el mencionado plan medioambiental. Sobre la cárcel de Guantánamo, en Cuba, que Obama prometió pero aún incumplió en cerrarla, Trump no se ha pronunciado con precisión (sólo cuestionó un intercambio de prisioneros), aunque se puede pensar que seguramente la mantendría e incluso ampliaría.

¿Un monstruo político semejante podría llegar a la presidencia de los Estados Unidos? Las elecciones presidenciales tienen fecha para noviembre de 2016 y entre enero y junio de ese año se desarrollarán las primarias de los partidos que elegirán sus candidatos.

Los demócratas parecen tener en Hillary Clinton a su postulante y los republicanos, hasta ahora, a Donald Trump, quien con su lenguaje provocativo reúne a lo peor de los norteamericanos, que se espera no sean mayoría.

Pero lo más preocupante no sólo es la encuesta que lidera entre los republicanos sino la que encargó esta semana la CNN y el diario “USA Today”. Si hoy se hicieran las elecciones, Hillary Clinton obtendría el 51% de los votos y Donald Trump el 45%, es decir habría sólo 6 puntos porcentuales de diferencia, que se achican cada vez más. En junio la ventaja de Hillary era de 24 puntos y en julio de 14.

Trump apuesta a concentrar el espectro más conservador del país con comentarios cada vez más desafiantes que nadie antes se había animado a enunciar, aunque seguramente circulan por el pensamiento de muchos políticos y norteamericanos ultraconservadores. “Los actuales líderes del país son los únicos que no han leído mi libro “The Art of the Deal” (El arte de la negociación) porque hacen malos acuerdos, dijo Trump tachando de ineficaz a la propia Casa Blanca, con lo que su círculo degradatorio también engloba a políticos y funcionarios.

Todavía hay tiempo para que el pueblo norteamericano reaccione, afloren sus defensas democráticas y rechace a quien sólo promete un país y un mundo mucho más desigual, belicista y peligroso.

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