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Domingo 03 de Marzo de 2013

El mismo método, ningún cambio

El procedimiento de la CCC es idéntico desde hace más de una década. Sus acampes se vienen repitiendo en forma consuetudinaria en iguales épocas del año: al inicio del ciclo escolar, en el invierno y antes de las fiestas. Un derrotero sobre exigencias que no se modifican, respuestas que no llegan y acusaciones de extorsión.

¿A dónde conducen los piquetes recurrentes en Rosario? Si el ejemplo fueran las protestas de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), la respuesta sería: "a nada" o, mejor dicho, "a lo mismo", a que se repitan sin límites. Desde 2001, las tomas, acampes, movilizaciones y concentraciones tienen a iguales protagonistas con idénticos pedidos y localizaciones. Incluso, aunque con matices, hasta las épocas del desarrollo de estas intensas movidas se repiten con los años: al comienzo de las actividades escolares, en pleno invierno y poco antes de las fiestas. El paso del tiempo evidencia también las mismas reacciones en los distintos sectores: la oposición de los comerciantes, indefinición de la Justicia, críticas de las autoridades y una mirada pasiva por parte de la policía. En el medio, la rueda sigue dando vueltas sobre el mismo eje: invasión descarada del espacio público, carencia laboral y planes nacionales que no se implementan. Nada es distinto. Nada cambia.

Los comienzos

Desde los primeros piquetes salteños en 1991 contra la privatización de YPF hasta la realización del primer Congreso Piquetero en La Matanza el 23 de julio de 2001, el movimiento ha recorrido un largo camino. Sin embargo, la gran expansión del fenómeno se produjo en tiempos de la administración De la Rúa. Con el doble objetivo de afectar la estructura clientelista y limitar el crecimiento de ciertos grupos, las ayudas comienzan a asignarse a través de ONGs. Pero en lugar de contener la práctica piquetera, esto la potencia. Los desocupados crean sus propias organizaciones y se convierten en movimientos sociales organizados con mayor poder de presión y una administración económica propia con una práctica sistemática de cortes.

En este marco, la CCC comienza a tomar fuerza en Rosario junto a su reiterada metodología. Y la legitimidad de los reclamos se mezcla con la agresión: los pedidos de ayuda se potencian en medio de acuerdos incumplidos con distintos sectores y promesas que no llegan. Los ejemplos lo dicen todo: hace más de 10 años, en plena crisis de 2001, la CCC empezaba a abrirse camino en las calles.

Ollas y carpas

El 14 de agosto de ese año ya cortaba el tránsito frente al Centro de Distrito de Perón y Felipe Moré. Fueron 72 horas de piquetes en reclamo de los por entonces planes Trabajar. Las ollas populares, decenas de chicos jugando a la pelota en la vía pública tomada, carpas, camas improvisadas y desechos comenzaba a abarcar distintas zonas de la ciudad.

En julio, un congreso nacional de piqueteros había convocado a una jornada nacional de cortes. Hubo acciones masivas en todo el país y la CCC no faltó. Aquí, la modalidad de interrumpir los accesos tomaba cada vez más forma.

Denuncias

Ese año, el Consejo Consultivo Municipal decidió cómo distribuir planes de empleo para jefes de hogar desocupados. La mesa estaba integrada, entre otros, por la CCC. No obstante, aparecieron denuncias de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), que decía que otras organizaciones les sacaban dineros a beneficiarios por incluirlos en los programas de subsidios. Era febrero de 2002. Poco después, el por entonces líder de la CCC, Luciano Orellano, era acusado de cobrar 40 pesos a sus adherentes. Eso no era todo, también se llevaba dos pesos de cada beneficiario que utilizaba para fotocopias y mantenimiento de su auto.

Las denuncias sobre clientelismo se diseminaban. Orellano repartía unos 700 subsidios de desempleo que, en general, estaban en manos de piqueteros, sindicalistas, punteros barriales y ex concejales.

Igualmente, la metodología de protesta no cambiaría. El actual líder de la agrupación, Eduardo Delmonte, ya aparecía en fotos frente a la sede del Servicio Municipal de Empleo. El 22 de marzo, un grupo increpaba allí a la responsable de la repartición, Susana Bartolomé, por la distribución de los planes.

Luego, en mayo de 2002, se intensificaban los bloqueos a los accesos durante varios días seguidos. Empezaba a intervenir la Justicia con la intención de desalojar. La provincia, el 10 de mayo, advertía que no volvería a tolerar los cortes a través del ministro de Gobierno, Esteban Borgonovo. Y el gobernador Carlos Reutemann le pedía explicaciones al presidente Duhalde por el reparto de los fondos. Por ese entonces, también comenzaban los cortes de las vías del ferrocarril. Otra modalidad que aún continúa.

El 25 de abril La Capital publicaba que la Casa Gris "decidió regular los piquetes incorporándolos como contravenciones". En aquel momento, el rechazo de las entidades civiles se hacía oír cada vez más seguido.

Mientras la CCC ganaba espacio, empezaba a tomar "bastiones" para acampar a lo largo de semanas enteras. La plaza San Martín, frente a Gobernación, San Lorenzo al 1000 (frente a la sede del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación), la plaza Pringles y la esquina de Rioja y Sarmiento (frente al edificio de la Ansés) se convertirían en los lugares elegidos para marcar presencia en pleno centro económico y financiero rosarino.

Ya para julio de 2007 se iniciaba un acampe de la CCC frente al edificio del gobierno santafesino en Rosario. Delmonte pedía 20 mil viviendas populares, creación de puestos de trabajo como efecto paralelo y 100 pesos de ayuda para tres mil familias. Fogatas y ollas populares se exhibían en el Paseo del Siglo. El gobernador Jorge Obeid hablaba de "extorsión" (como lo harían también intendentes y otros gobernadores de distintos signos políticos), pero se negaba al uso de la fuerza pública para resolver los conflictos. Tras un acuerdo para dar ayuda alimentaria provincial, proyectos productivos y asistencia para el frío a 120 familias, los manifestantes anunciaban que se retirarían tras 10 días de acampe, pero tras un nuevo pedido (materiales de construcción) seguiría la protesta y el campamento llegaría a los 17 días en pleno invierno y tras haber destruido la fisonomía de la plaza.

A esta manifestación le seguiría un acampe frente a la Ansés que derivaría en una reunión en el Círculo Católico de Obreros con la presencia del Arzobispado, donde se acordaría una mesa diálogo. Los pedidos: viviendas, programas de capacitación y trabajo . El panorama no prosperaba y la CCC volvía a la Ansés con una denuncia judicial por parte del municipio. Y más: en julio de 2007 paralizaría dos vías de la zona oeste.

Más adelante, ya en febrero de 2009 y tras varias protestas callejeras por los efectos de una tormenta, este diario publicaba que grupos piqueteros se llevaban la mayoría de los planes sociales (locales, provinciales y nacionales más las pensiones contributivas). En el ranking, después de la FTV, seguía la CCC.

A fin de 2009 se elegía como epicentro de la protesta (con caballos y carros) la zona de San Lorenzo al 1000. "Si la Nación cuenta con fondos para pagar una deuda externa fraudulenta, ¿por qué no pagar primero la interna?", expresaba Delmonte durante su exigencia de 20 mil viviendas populares.

El año terminaba caldeado y el 6 de enero 2010, con casi 44 grados de sensación térmica, la CCC volvería por becas estudiantiles. Entre otras cosas, en mayo se sumaría un corte del puente a Victoria y, en junio, la Municipalidad destrabaría un acampe frente a la Intendencia al comprometerse a gestionar la implementación del plan Argentina Trabaja del gobierno nacional. A mitad de año, los referentes de la CCC regresarían a la Ansés y se quedarían dos semanas; y el 8 de diciembre, en pleno movimiento de la actividad céntrica por las compras de fin de año, tomarían nuevamente la calle en San Lorenzo al 1000. Un partido de básquet entre los piqueteros, la nota de color del momento.

El año 2011 arrancaría en marzo con el pedido de los hastiados vecinos de Desarrollo Social para trasladar esa sede del lugar. La seguidilla de hechos continuaría. 18 de julio: una veintena de heridos en un choque entre manifestantes de la CCC y la policía frente a Desarrollo. 10 de agosto: ocupación de tres centros municipales de distrito. 2 de septiembre: un total de 50 días de campamento en la plaza Pringles sería levantado tras la promesa de incorporación a cooperativas de trabajo por parte del gobierno nacional.

Ya en 2012, las acciones directas de la CCC regresarían solas o en el marco de otras manifestaciones, como por ejemplo el viernes 18 de septiembre cuando (una vez más por el Argentina Trabaja) cortaron Circunvalación y Garibaldi y Juan José Paso y las vías. Recién asumida, la intendenta Mónica Fein y su secretario de Gobierno, Fernando Asegurado, expresarían que no tolerarían más cortes ante una escalada en la ciudad. Ambos dijeron en esa oportunidad que los denunciarían a la Justicia. No obstante, el año terminaría con protestas de todo tipo, entre ellas una nueva de la CCC que, además de volver por el Argentina Trabaja, pretendió un operativo para tramitar el DNI en los barrios.

Finalmente, la denuncia en Tribunales llegaría esta semana junto a los nueve días de acampe frente a la Ansés y la detención de militantes de la Corriente. Una agrupación que la provincia y el municipio tiene en la mira.

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