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Lunes 08 de Abril de 2013

El "milagro" y el método

Pasaron once meses entre dos procedimientos policiales. Que conectan los mismos nombres y ocurrieron en la misma zona y durante la misma gestión del gobierno de Antonio Bonfatti.

Pasaron once meses entre dos procedimientos policiales. Que conectan los mismos nombres y ocurrieron en la misma zona y durante la misma gestión del gobierno de Antonio Bonfatti.

En mayo de 2012, según el relato oficial, un auto particular estacionado en un cruce de rutas cercano a Chapuy, en el sur provincial, llamó la atención a los ocupantes de otro auto que pasaba por ahí. Justo en el auto particular estaba el sindicado como mayor narcotraficante de la región. Y justo en el otro auto estaba el jefe de la brigada antinarcóticos de Venado Tuerto. El departamento General López tiene 11.558 kilómetros cuadrados, 32 localidades y 109 mil habitantes. Pero estos dos autos y estas dos personas se toparon por azar en ese cruce solitario. Y el policía le secuestró un pan de 1,2 kilos de cocaína al traficante, de apellido Ascaíni. No hubo investigación previa, ni seguimiento documentado, ni teléfonos captados. Sólo una orden política y una casualidad en el medio de la llanura.

El viernes pasado hubo procedimientos simultáneos contra personas sospechadas de narcotráfico en el sur provincial. Esta vez estuvieron basados en acciones de inteligencia e interceptaciones telefónicas, con conocimiento previo de fiscal y juez, que fundamentó 12 allanamientos, lo que redundó en el decomiso de casi 10 kilos de droga y detenciones de varias personas conectadas a redes de distribución. El mismo jefe de la brigada antinarcóticos de Venado Tuerto de entonces comandó estos operativos.

En el caso de 2012 hay una discusión pendiente sobre la validez del acta policial. Lo que no hay duda es que la forma de iniciar operativos antidrogas en base a casualidades, históricamente convalidada por todos los eslabones del sistema penal en Santa Fe, fue puesta en discusión desde entonces. No hay jurista de convicciones democráticas que pueda defender esa forma de actuar caprichosa e instintiva.

En el otro caso, que llevó el viernes a la detención de la esposa de Ascaíni, la Justicia analizará la validez de las actuaciones. Pero en lo preliminar todo parece ceñirse a una investigación cuidada y un procedimiento legítimo. Hay aquí un origen explicable de la actuación policial. Lo mismo que faltó que hace un año, salvo para los devotos de los milagros.

¿Qué cambió este año para generar tal cosa? Al menos entraron en debate ciertas circunstancias políticas. El contexto político determina las formas de persecución del delito y el aspecto de los trámites judiciales. El primer descubrimiento del gobierno fue que no avanzar contra las asociaciones entre policías y traficantes conocidas por comunidades enteras era ruinoso. Entonces se ordenaron resultados, seguramente de buena fe, que se produjeron con los métodos chapuceros de siempre. Ahí vino el segundo descubrimiento: producir resultados de cualquier forma también lleva a la ruina. Esa había sido la coartada usual de una policía tolerante o socia de la narcocriminalidad. Y actuar de cualquier modo no asegura que los narcos queden presos.

No es un acto de fe. Para que gente como Aldo Orozco o Carlos Ascaíni puedan ser sancionados no hace falta creer que son narcos sino que haya prueba que lo demuestre. Lo que parece haber cambiado es la convicción de que sólo el apego estricto a la legalidad opera los cambios.

Se dice que el jefe policial que actuó antes con Ascaíni ahora tuvo su revancha. Si es por actuar dentro del principio de legalidad, bienvenida la revancha a un oficial que intervino en operativos que llevaron a la Cámara de Casación Penal a anular condenas dictadas en Rosario por acusaciones en base al olfato policial (caso Castelau Pablo Andrés, mayo de 2011).

El miércoles pasado la Unidad Regional II allanó en Alvear una chacra de presuntos abastecedores de búnkers de la zona sur de Rosario en base, según esa fuerza, a capturas telefónicas ordenadas por el juez Carlos Vera Barros. Se esperan de allí explicaciones a brutales ejecuciones que pese a ofrecer conexiones muy concretas no las tienen. Como los homicidios del policía Sergio Honores, de Martín "Fantasma" Paz, Santiago Pérez, Domingo Vivas o Roberto "Tuerto Boli" Padilla. La vocación explicitada por la Secretaría de Delitos Complejos de avanzar sobre redes narco en base a métodos de investigación sigilosos y de origen fundado invitan a una cautelosa celebración. Con eje en la criminalidad policial en más que justificada discusión, el peso de lo pendiente es enorme. Pero por algún lugar hay que empezar. Que no sea recurriendo a las casualidades es muy saludable.

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