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Sábado 16 de Agosto de 2014

El manejo integrado de plagas, una práctica "relegada" que está de vuelta

(Por Jorgelina Hiba). _ Expertos aseguraron que el escenario obliga a sustituir el criterio de control por el del manejo.

Ante nuevas realidades, nuevas soluciones. La consolidación de las malezas, hongos e insectos duros de domar, forman parte de un laberinto con una sola salida a la vista: la aplicación en el lote de más y más conocimiento.

En lo operativo, la aplicación de ese conocimiento tiene un nombre que en realidad no es nuevo, pero que había quedado archivado durante los últimos años: el manejo integrado de plagas. Si antes la palabra clave era control, a partir de ahora tendrá que ser manejo. Así se expresó en el último congreso anual que la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid) organizó en Rosario, donde fueron muchas las voces que alertaron sobre la desaparición de una receta única para solucionar los problemas de resistencia que se multiplican en los lotes.

Marcelo de la Vega, uno de los mayores expertos en el tema, explicó que "la luna de miel se terminó", en referencia al paquete cerrado que durante una década y media conformaron la soja transgénica y el glifosato. A partir de ahora, la rentabilidad será proporcional al conocimiento aplicado por hectárea, sin perder de vista que cada lote tiene particularidades y requiere una mirada propia para sacarlo adelante.

La resistencia de las malezas a los herbicidas es un aspecto del nuevo escenario. "Hay que cambiar de paradigma y dejar de esperar que llegue una nueva bala de plata que traiga otra solución que parezca eterna", dijo De la Vega. El manejo, explicó, "debe estar centrado en el conocimiento porque no hay malezas difíciles, lo que hay son diferentes métodos de control".

Otro paradigma. Pero el fenómeno de la resistencia y la dificultad de control se extiende a patógenos e insectos. Uno de los paneles centrales del primer día del congreso estuvo dedicado al manejo integrado de plagas (MIP), una herramienta con un largo historial que se dejó de usar tras la irrupción del combo siembra directa, soja transgénica y glifosato.

De la Vega, agrónomo de la Universidad Nacional de Tucumán y referente en el tema, abrió la charla afirmando que "hubo grandes cambios sistémicos, porque la siembra directa llevó a problemas sanitarios diferentes".

Desde el vamos, recordó que la siembra directa es un sistema que trajo sustentabilidad al campo a partir de su ingreso formal al país en el año 1996, cuando el gobierno autorizó la soja RR. "Hubo un gran crecimiento de este sistema, no sólo por los precios sino también, y sobre todo, porque era un sistema simple, sin malezas, un triángulo perfecto entre conveniencia, eficiencia y rentabilidad que cerraba perfecto. Hubo una rápida adopción de la tecnología por parte de los productores, y empezó una luna de miel que duró 12 ó 13 años pero que terminó", sintetizó el experto.

Esto se terminó. Ante el nuevo escenario, el especialista recomendó dejar de pensar en clave de "control", para pasar a modo "manejo". Y el manejo empieza con el monitoreo. "Hay que conocer el lote para tomar decisiones sobre la aplicación, detectar las fallas tempranas, y estar muy atentos con el umbral de las malezas", dijo.

Esto rige también para el manejo integrado de plagas, que se tiene que llevar adelante con un ojo puesto en el umbral de daño económico.

Fungicidas. Si bien la resistencia a los fungicidas no es un problema que haya alcanzado los niveles vistos con los herbicidas o los insecticidas, el especialista Daniel Ploper (investigador de fitopatología en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán) recomendó no dejarse estar y encarar el tema lo antes posible.

Para evitar enfrentarse a un problema en términos de corto o mediano plazo, afirmó que recomienda aplicar técnicas de manejo que tengan componentes culturales, biológicos y químicos, de forma integrada.

"La química tiene éxito sólo si se hacen las aplicaciones correctas", dijo, para agregar que si bien existe una ventaja para los fungicidas sistémicos, también crece la chance de generar resistencia.

En este punto, diferenció entre resistencias naturales y resistencias adquiridas. "Existe una resistencia cualitativa que se da por mutación de un único gen, y una resistencia cuantitativa que es gradual, y que viene por cambios en varios genes".

Respecto al origen de los fenómenos de resistencia, explicó que hay presión de la selección si se usa siempre el mismo modo de acción, porque las aplicaciones facilitan la selección de las plantas resistentes.

Ante esto, lo mejor es combinar prevención y tratamiento, con herramientas como el manejo integrado, el monitoreo permanente, y mezclas de productos con diferentes modos de acción.

Mirada regional. El encargado de cerrar el panel fue el especialista brasileño Dirceu Gassen, quien insistió en la necesidad de sumar más y más conocimiento al sector.

"Falta conocimiento, hay que entender a la planta, al patógeno, y no hay que copiar informaciones del norte, debemos desarrollar nuestras propias soluciones", enfatizó, para agregar que existen en la región una deficiencia en estudios de biología, como en dinámica poblacional o en control biológico. "Precisamos más estudios básicos para tomar mejores decisiones", sintetizó.

En Argentina —consideró— existen elementos a favor, como la fertilidad natural de lo suelos, la poca cantidad de enfermedades, una buena logística al haber corta distancia con los puertos, y referencias institucionales fuertes como Aapresid, los grupos Crea o las universidades con desarrollos en tecnología y rastreabilidad.

"Para tomar decisiones en el manejo integrado de plagas hay que pensar como las plantas, necesitamos mucho más conocimiento, ese es el ingrediente más importante", resumió.

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