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Sábado 02 de Abril de 2011

El libro que sobrevivió al horror

Una ex docente contó a los alumnos cómo resguardaron un texto para que no lo quemen.

El testimonio de una profesora que devolvió un libro que había rescatado de la quema ordenada por la dictadura logró conmover a los más de 500 adolescentes de la Escuela Media Nº 251 Víctor Bibian Cue. Fue en el acto por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justica. Los chicos agradecieron que les contaran “en persona” una vivencia de aquella época.

  El acto estaba convocado para un día antes del 24 de marzo. La lluvia impidió que se hiciera en esa fecha. Como ocurre en muchas escuelas de zonas periféricas —la 251 está en pleno Empalme Graneros—, el mal tiempo reduce la asistencia, y hasta deja sin luz a las aulas.

  Pero llegó el día. El lunes pasado los estudiantes de la Media Nº 251 estaban reunidos en el patio principal de la escuela. Ingresó la bandera, se leyeron textos alusivos a la fecha que se conmemora en las escuelas, un profesor encargado de hacer de anfitrión les recordó la historia de las Madres de Plaza de Mayo, y al final se los invitó a ponerse cómodos (léase sentarse en el suelo) para escuchar un relato que desde su misma presentación prometía ser emotivo.

  Hasta el centro del patio llegó la profesora María Sara Yema, una ex docente de lengua y ciencias sociales de esta escuela. Agradeció poder estar allí, “recordar a través del corazón”, y en especial la apertura de la dirección escolar de facilitar el tratamiento de temas como el de los derechos humanos, cuando aún otras instituciones censuran o bien los omiten.

“Operativo claridad”

  ¿Y cómo era enseñar y aprender en tiempos de la dictadura del 76? “Un día llegó una orden del Ministerio de Educación con una larga lista de libros que debían ser quemados, porque atacaban al ser nacional”.

  Lo que relató la profesora tenía que ver con las acciones planificadas en lo que se conoció como “Operativo claridad”, diseñadas por quien fuera ministro de Educación de Videla, Ricardo Bruera, y que apuntaban a “una depuración ideológica dentro de las escuelas”. Hay que advertir que Bruera vive en Rosario y ostenta, entre otros cargos, el de director general del Complejo Educativo Colegio Rosario.

  El pedido que había llegado hasta la escuela 251 (y a las demás) “era quemarlos en un acto público donde participaran los alumnos”, tal como contó Sara ante la mirada más que atenta de los adolescentes, sobre lo que les tocó enfrentar en aquellos años.

  “Se trataba de libros de autores como José Hernández, Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Mario Benedetti y Pablo Neruda, por citar unos pocos. También había libros de textos, entre ellos el de “Las edades moderna y cotemporánea”, de Juan Bustinza y Gabriel Ribas (editorial Kapelusk, 1973). Nosotros sabíamos que no los íbamos a quemar”, continuó la educadora.

Otra salida

  “Buscamos otra salida y decidimos repartirlos, que cada quien se animara y pudiera se llevara uno a su casa. Y así los salvamos”, dijo, y preguntó en voz alta hacia los estudiantes de la democracia: “¿Por qué tanto miedo a los libros?”.

  Lo que siguió fue la devolución a la biblioteca escolar de aquel texto preservado de la fogata cultural y educativa impulsada por el terror.

  Pero Sara fue por más y, además de repasar al ensayista alemán Heinrich Heine, “Primero van por los libros y luego por los hombres”, miró a los chicos y les pidió: “Los que impulsan hechos como estos son los que no quieren que ustedes aprendan, se conecten con el conocimiento, porque donde se construye conocimiento hay libertad. Los libros, el estudio y la escuela valen”.

  El libro de Bustinza está de vuelta en la biblioteca de la escuela de Empalme. Ocupa un lugar destacado: el de la memoria y el derecho a aprender.
 

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