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Viernes 03 de Junio de 2011

El laberinto de la oposición

La ruptura de un acuerdo entre radicales y socialistas para la composición de una fórmula presidencial conjunta (y la elección del economista Javier González Fraga para secundar a Ricardo Alfonsín) no hace otra cosa que exponer la flagrante debilidad de la oposición a la hora de armar una alternativa de poder con pretensiones de derrotar al kirchnerismo.

En el tablero de la oposición las piezas siguen teniendo flaquezas intrínsecas a la hora de la construcción política, algo que nació tras la victoria electoral de 2009.

No había nada más natural y cercano a la práctica política que una alianza socialista-radical. La ampliación de la entente a Francisco De Narváez tiene una pulimentada lógica si se miran los fríos números del archivo. El diputado ganó provincia de Buenos Aires derrotando a Néstor Kirchner y Daniel Scioli, quienes compartieron la misma boleta. Sin una competencia a la altura de las circunstancias en el principal distrito del país ningún conglomerado electoral podrá siquiera acariciar la tentación de promocionar una eventual segunda vuelta.

Aunque tardíamente, y quizás de forma inconsulta con los socialistas, el candidato presidencial del radicalismo priorizó la necesidad por sobre las florituras y los posicionamientos de voceada cercanía progresista. Ya había dado el señuelo cuando en su última visita a Rosario cruzó a un periodista que le cuestionó haber abandonado a la centroizquierda para rendirse ante De Narváez. “Acá, en Santa Fe, hay un dirigente de apellido Zancada que fue diputado nacional, y no es precisamente radical ni progresista”. Pablo Zancada (alineado con el socialismo) adhirió en su momento a una misa en rechazo a la reapertura de las causas por la represión ilegal durante la dictadura.

Clausurada la chance de una fórmula Alfonsín-Binner, otras cosas tendrán que resolver ahora socialistas y radicales. ¿Será Binner candidato a presidente o encabezará una lista a diputado nacional? ¿Cómo harán campañas cruzadas a nivel provincial? ¿Cómo repercutirá la fractura en el armado del Frente Progresista? Faltan días, apenas, para que esos interrogantes terminen de develarse.

La elección de González Fraga, sin embargo, pareció terminar de darle la razón “ideológica” a Binner. Con la candidatura a vicepresidente del ex funcionario de Carlos Menem en el Banco Central Alfonsín pondrá proa hacia destinos lejanos al declamado “progresismo”, categoría dialéctica que parece ser el rayo que parte la tierra opositora.

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