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Domingo 31 de Enero de 2016

El juego de los restos

Lejos de lo festivo, el conjunto de obras presentadas parece reflexionar sobre un espíritu de época poco auspicioso.

Visitar el Salón Nacional de Rosario en la planta alta del Museo Castagnino no resulta una experiencia festiva. Está bien que eso suceda si pensamos que el arte de una época reflexiona más o menos veladamente sobre los acontecimientos que la constituyen; sobre todo si transitamos un momento histórico que no ofrece señales auspiciosas a la humanidad en su conjunto.
     En general, las obras se caracterizan por la presencia de una materialidad precaria compuesta por restos, fragmentos y despojos, conformando una serie de huellas crípticas que plantean el desconcierto, tanto cultural como social, que nos atraviesa.
La falta de certezas sobre la consideración artística del objeto estético contemporáneo no es ninguna novedad, las vanguardias se encargaron de inaugurar esa estrategia que se sigue reeditando hasta al presente. Hace tiempo que la novedad es que no hay nada nuevo pero lo que hoy determina la singularidad de un creador es el grado de consciencia crítica sobre la selección y articulación que realiza de los fragmentos de la historia cultural que lo precede.
El Primer Premio Adquisición del Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, Fundar y Fundación Castagnino fue para La magdalena de hoy, colectivo integrado por Eliana Bianchi y Ernestina Fabbri. 376 proyectos para ser un poema es una obra materializada en grandes papeles que tapizan una pared de la sala central en la que se atisban referencias del abordaje lúdico de la literatura dadaísta y surrealista.
Estos proyectos de poema constituyen esbozos que parecen resumir la interacción de la vida de las creadoras y sus participaciones en el medio artístico. Un “cadáver exquisito” donde asistimos a reflexiones internas, discusiones colectivas, apreciaciones sobre obras y personajes que constituyen una suerte de videoclip literario donde la trama de relaciones se convierte en un material estético donde confluyen lo visual y lo literario.
Irina Kirchuk obtuvo el Segundo Premio Adquisición con Politeísmo donde ensambla una base y caños de plástico a caloventores ubicados en los extremos superiores a la manera de reflectores. Con una materialidad muy básica parece aludir, escépticamente, a la función que cumplen las religiones en la sociedad y en la vida de las personas.
El Premio Estímulo de la Fundación Castagnino para Artistas Emergentes se adjudicó a Foto crazy de Valeria Galliso. Este proyecto surgió en 2011 a partir de talleres de fotografía y escritura organizados con internos de la Unidad Penitenciaria Nº11 de Piñero, y genera la posibilidad de expresiones personales que permitan trascender los límites físicos y simbólicos del encierro.
Por último, el Premio Institucional Fondo Nacional de las Artes fue para el colectivo Crudo integrado por Fepi Farina y Yuyo Gardiol y su obra Lo que quedó de nuestro amor. Se trata de una instalación performática que constó de la mudanza de los objetos que se hallaban en Casa espacio en obra. En ese espacio, también manejado por Farina y Gardiol, se realizaron muestras, residencia de artistas y su funcionamiento fue posible gracias al apoyo económico del Fondo Nacional de las Artes. Coherentemente, cierra su recorrido en el Salón con un premio auspiciado por la misma institución que lo sostuvo en el tiempo.
Este último caso, entre muchos otros ejemplos de actividades consideradas independientes,residencias de artistas, pequeñas editoriales, galerías de exhibición, funcionan gracias a becas y subsidios de la ciudad, la provincia y la nación. Ante el cambio político y la imposición de un modelo reduccionista, el desafío recala sobre la permanencia de estos proyectos y la habilidad de los creadores en su tarea de dar cuenta de la visión del mundo que habitan.
Hasta el 1º de marzo, los jueves, viernes, sábados y domingos, de 17 a 21, en el Museo Castagnino (www.museocastagnino.org.ar), Pellegrini y Oroño.

Un recorrido por algunas de las obras seleccionadas

•Dentro de las obras seleccionadas del Salón, Bicho 1 de Marcela Sinclair apela al objet trouvé, interviniéndolo para desnaturalizar su esencia: una alacena de cocina de nerolite color naranja es desprovista de su función y convertida en un objeto autónomo a partir de cortes y bisagras que remiten a estructuras minimalistas.
•Paulina Scheitlin, presenta una fotografía de la serie Temporada baja donde registra una construcción abandonada en la playa. Su mirada se detiene en espacios que parecen congelados en décadas pasadas, una estética presente en toda su producción.
•Las flores de Elizalde del colectivo Un triángulo y una calavera repite el formato expuesto anteriormente por el mismo taller en la Alianza Francesa. Con un tema común a todos los alumnos, en este caso La magnolia púrpura del pintor Rodolfo Elizalde, surgen pequeños ejercicios con diversidades estéticas, técnicas y de materiales.
•Leila Tschopp retoma con Paisaje de San Juan la obra de Spilimbergo que lleva el mismo nombre y es patrimonio del Museo Castagnino. Realiza una simplificación compositiva y cromática del famoso paisaje metafísico del pintor argentino con gran síntesis en la rampa, las construcciones y las cadenas montañosas del fondo.
•El monstruo soy yo, de Gastón Herrera consta de un video que proyecta imágenes nocturnas de un espacio natural y, frente a la pantalla, una cuadrícula de dibujos yuxtapuestos con dibujos de vegetación realizados en grafito. Estas imágenes se hallan entre los apuntes de la flora realizados por artistas viajeros durante los siglos XVIII y XIX y las viñetas de un cómic a partir de su organización compositiva y el uso de luces y sombras como recurso principal.

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