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Lunes 23 de Septiembre de 2013

El intolerable éxito de Angela Merkel

El contundente resultado de las urnas confirma a Angela Merkel como líder indiscutida de Alemania, y también de Europa. Nadie tiene en la UE tanto poder y respaldo como Merkel.

El contundente resultado de las urnas confirma a Angela Merkel como líder indiscutida de Alemania, y también de Europa. Nadie tiene en la UE tanto poder y respaldo como Merkel. Esto le permitirá seguir adelante con su "austeridad", tantas veces condenada por los voceros de sus presuntas víctimas. El sábado, un corresponsal de una agencia alemana rogaba por un "milagro", que no se cumplió. Ayer, con el resultado puesto, el corresponsal de la BBC entrecomillaba la palabra "victoria". Dos muestras entre cientos de un clima de opinión meramente mediático, que no prendió nunca en la población alemana.

El bienpensante progresismo global, que ha hecho de la condena in limine de todo ajuste del gasto público en Europa una nueva religión, ya no sabe qué hacer con Merkel. Demonizarla y caricaturizarla brutalmente no le ha servido de nada: ayer triunfó con casi 9 por ciento más votos que en 2009. Señalan que sus aliados liberales decayeron, pero olvidan decir que los socialdemócratas, candidatos naturales a recolectar el descontento popular con el inhumano ajuste neoliberal de Merkel, inexplicablemente logró un magrísimo 26 por ciento. Parece que los alemanes ven claro lo que la frustrada intelectualidad alemana y europea no quiere ver: buen diagnóstico y cumplimiento de objetivos. En un continente agobiado por una deuda construida en 40 años de déficit fiscal, Alemania mantiene bajo el desempleo y alto el nivel de actividad industrial. Su economía es competitiva en plena globalización (2ª exportadora mundial, solo por detrás de China). Merkel, además, no hace demagogia, algo desconcertante para sus críticos, que le tienen una tirria indisimulada. Ella simplemente vive en el mismo departamento de siempre. Si la fotografían haciendo las compras, no es por una operación de prensa. Merkel sencillamente hace sus compras como siempre las ha hecho. Es una alemana de clase media que a la noche, luego de gobernar el país, prepara la cena. No tiene cuentas en Suiza ni gustos caros y de mal gusto, como tanto arribista de la política (véanse España e Italia, por ejemplo). Entonces, al momento de tener que ajustarse el cinturón con las jubilaciones y los salarios, los alemanes lo aceptan. Mucho más acompañan cuando se ponen límites a los préstamos monumentales a Grecia (Atenas necesitará un tercer "rescate" dentro de poco). Es esto lo que los progresistas, siempre proclives a denunciar la maldad intrínseca del capitalismo y de los "conservadores", no pueden tragar. Porque los "conservadores", en lugar de refugiarse en un discurso estudiantil o nostálgico de la lejanísima posguerra (que es, esta sí, una conducta conservadora), señalan las cosas como son y lo que debe hacerse, aunque no sea grato. O sea, decir que Europa debe resolver su problema de fondo, que ya no puede gastar a manos llenas el dinero que no tiene (el caso de Grecia es simplemente escandaloso, pero en absoluto es el único). Esto no es reaccionario, es simplemente honesto. Merkel les dice a los alemanes y a los europeos que retornar al pasado no es posible, pero que Alemania, y Europa si no cae en la demagogia de la victimización, pueden seguir siendo sociedades con una alta calidad de vida, que se ubica a años luz de la que ofrecen los países "emergentes", esos que hasta hace poco estaban tan de moda.

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