Ovación
Martes 28 de Junio de 2016

El individualismo siempre necesita un culpable

Después del Mundial de Brasil 2014, Lionel Messi ya había expresado en su círculo íntimo el deseo de renunciar al seleccionado...

Después del Mundial de Brasil 2014, Lionel Messi ya había expresado en su círculo íntimo el deseo de renunciar al seleccionado y según pudo conocerse en ese momento incluso fue un tema de conversación en el seno del cuerpo técnico de Gerardo Martino, quien recién había asumido como entrenador albiceleste y debía definir si lo convocaba para disputar algunos amistosos. Luego todo fue negado desde lo formal y el episodio quedó en un cono de sombras, casi reducido a una anécdota. Pero lo cierto es que para el jugador emblemático de Barcelona no poder obtener un título con Argentina ya era un elemento de presión que comenzaba a perturbarlo entre tanta gloria adquirida en suelo europeo. Donde creció cuidado y sin demasiado espacio para la crítica. Ahora habrá que esperar que la bronca y el dolor por no haberse consagrado en alguna de las cuatro finales disputadas comience a decantar para conocer si finalmente su determinación se mantendrá en el tiempo. A sabiendas que hoy son pocos quienes podrán hacerlo cambiar de opinión si la misma tiene un anclaje en su sentir. Y esos pocos están en su círculo familiar. Fuera de ese contexto íntimo nadie logrará persuadirlo. Mucho menos alguno de los actuales dirigentes de la AFA, quienes han llevado al fútbol argentino a este estado de situación calamitosa desde lo administrativo, financiero y deportivo. Y que el propio capitán se encargó de exponer públicamente a través de una red social, algo que sorprendió porque es inusual a su forma de conducirse.

Sin Messi se presenta un expectante desafío para la selección nacional, ya que será interesante comprobar cómo se logra armar un equipo sin el máximo referente. Y tal vez el seleccionado deba pasar por esta prueba para consolidar un conjunto que le permita alcanzar de una buena vez la matriz futbolística no tan dependiente de una individualidad. Porque podrá ser uno de los mejores jugadores del mundo, pero siempre en el marco de un conjunto.

Si algo quedó en evidencia en estas dos finales consecutivas de Copa América es que Chile es un gran equipo, en contraposición con nuestra selección, que aún no terminó de afianzarse como tal. Y allí radica el problema justamente en la selección: en el conjunto.

Y no sólo en lo futbolístico, también en lo social. Porque así como los compañeros de Messi en la selección esperan siempre que él con una jugada parida desde su talento encuentre el puente al resultado favorable, parte de una sociedad aguarda que el jugador número diez compense con un título todos los sinsabores que la cotidianidad argentina depara.

Y cuando esto no ocurre, a la frustración la convierten en fracaso, y se la adjudican sin arrepentimiento al mismo que antes definían como el dueño de todos los éxitos.

Suponer que Messi es el problema es un reduccionismo que desembocará en un problema real. Como así creer que este jugador con un amplio abanico de virtudes es la solución. Sin dudas que es parte de esa solución que siempre dependerá de lo colectivo. Porque el fútbol es un deporte colectivo, a tal punto que muchas veces fue utilizado en ensayos políticos y económicos como un ejemplo de cooperativismo. Justo lo que falta hoy, porque el individualismo siempre se encarga de buscar un culpable. En este caso, Messi. Aunque desde la sensatez no lo sea.

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