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Domingo 27 de Abril de 2008

El humor social se hizo humo

La sociedad argentina necesita por momentos un tratamiento psiquiátrico. Cuando alguien critica a la presidenta es tildado por un sector de “golpista”. Y cuando uno se manifiesta en contra del lock out de los productores agropecuarios y a favor de las retenciones es calificado despectivamente por otro sector de “kirchnerista”.

La sociedad argentina necesita por momentos un tratamiento psiquiátrico. Cuando alguien critica a la presidenta es tildado por un sector de “golpista”. Y cuando uno se manifiesta en contra del lock out de los productores agropecuarios y a favor de las retenciones es calificado despectivamente por otro sector de “kirchnerista”. Paso a paso, centímetro a centímetro, se está produciendo una peligrosa polarización en el país donde no se admiten los grises, las posiciones críticas, el debate de ideas. Blanco y negro; en el medio, el abismo.

Que el gobierno se muestre muchas veces prepotente y arrogante ya no sorprende (es la impronta del estilo K). Pero el nuevo dato de la realidad es que la intolerancia se haya adueñado de algunos sectores de la clase media urbana cuando alguien expresa el respaldo a determinadas políticas de este gobierno.

Evidentemente el humor social cambió, al menos en las grandes ciudades. Y es en las góndolas de los supermercados donde se está desdibujando la sonrisa de la gente. Una encuesta de hace pocos días así lo revela: la inflación llegó por primera vez en la era kirchnerista a la cima de las preocupaciones sociales del país. Según el sondeo de la consultora Poliarquía, un 18,5 por ciento de los argentinos dijo que el tema que más le preocupa es el incremento de los precios, que comparte el primer puesto en el ranking con el de la inseguridad. En cambio, hace un año sólo un 5 por ciento se mostraba inquieto por la inflación.

Así, detrás de la protesta de los productores del campo se está colando el fastidio de sectores urbanos por la inflación, el aumento descarado en los precios de los alimentos y el desabastecimiento.

Pero este malhumor no brotó de manera sorpresiva. Previo al conflicto del campo, la bronca de la clase media urbana ya se sentía, se respiraba en el aire, se escuchaba en las mesas de café y se podía leer también en miles de comentarios en foros de debate, cartas de los lectores y llamados a las radios.

Todo indica que la sociedad argentina ha ingresado en un nuevo ciclo que tiende a ser más crítico de los gobernantes, y el kirchnerismo está acusando los primeros impactos de ese malestar social.

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