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Martes 19 de Julio de 2011

El hábito de buscar más

Inquieto. Esa es la palabra que define al Negro Rada. Le cuesta estar en un mismo lugar, se aburre. Y lo bien que le hace a su música.

Inquieto. Esa es la palabra que define al Negro Rada. Le cuesta estar en un mismo lugar, se aburre. Y lo bien que le hace a su música. El Negro busca sonidos, va por más, a veces con felices resultados, otros no tanto, a veces con pincelazos de popularidad, otras veces duerme en las bateas, pero siempre se mueve, condición esencial para que un artista sea justamente eso. En “Confidence”, Rada revive la mística de Opa, ese grupo que impuso aquel mosaico estético, que partía del candombe para mixturarse con el jazz y el rock, y le daba un sello más rioplatense a la fusión. “Bueno que me voy”, el primer corte del disco subtitulado como “Rada instrumental”, tiene el carácter festivo de aquel grupo. Opa apostaba a esa impronta y a la improvisación con talento, no al delirio de los solos que invitan a la siesta. Aquí se puede oir a Matías Rada, su hijo, en punteos demoledores, a Gustavo Montemurro en sutiles pasajes de piano, como se destaca en la balada “Solymar Beach”, e incluso una sección de vientos que invoca las raíces afroamericanas en “Samba rusa” y en “Bombe”.

Rada vuelve como parte de una banda de ocho músicos, con la presencia de un histórico como Osvaldo Fattoruso en la batería, en una apuesta que sacude. Que hace un link con el pasado, pero sube el target artístico hacia el futuro. Típico de los inquietos.

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