Política
Domingo 20 de Noviembre de 2016

"El gobierno está en una situación gelatinosa, de empantanamiento"

Marcelo Cavarozzi fue reconocido por la Fundación Konex como una de las 100 personalidades más destacadas del campo de las humanidades (2006-2015). Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario.

Desde el vamos, Marcelo Cavarozzi sostiene que la economía es una severa complicación para el gobierno y para la sociedad. El politólogo porteño considera que el Ejecutivo está en un momento "gelatinoso, de empantanamiento", como en un laberinto.

   En una entrevista con La Capital, el director de la maestría en Políticas Públicas y Gerenciamiento de la Universidad Nacional de San Martín asegura que el problema central de la Argentina es la ausencia de una política clara, hacia futuro. "Llevamos más de 30 años de democracia y sólo hubo paliativos en materia económica. Pensamos que los commodities se iban a extender hasta el infinito. Es una mediocridad aguda que hace imposible ir hacia el desarrollo", expone Cavarozzi, quien fue galardonado con el premio Konex.

   En ese contexto de ausencia de políticas de Estado y de alternativas políticas, ni siquiera considera que el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos pueda tener algún tipo de empatía con un futuro electoral en el país. "En la mayoría de la población hay desasosiego y falta de esperanza", sostiene.

   —¿Cómo observa la marcha del gobierno a casi un año de la asunción de Macri?

   —Desde mediados de año resulta evidente que las medidas tomadas en el aspecto económico no tienen el resultado esperado por el gobierno ni por la sociedad. Hubo un gradualismo creciente combinado con decisiones que apuntaron a demandas de un conjunto muy amplio de actores, y todo eso configura un paquete que es imposible que resulte exitoso. El gobierno está en una situación gelatinosa, de empantanamiento, y no está claro qué curso se seguirá hacia futuro. Ese mismo clima gelatinoso también alcanza en lo político a la oposición. Es como que hay una ambigüedad manifiesta.

   —Hubo una luna de miel bastante extendida. Incluso con las CGT, que ahora se han reunificado. ¿Se terminó el tiempo de los acuerdos para evitar protestas?

   —Nadie sabe, ni el gobierno ni la oposición, qué situaciones pueden darse en la sociedad, en particular de la clase media. No aparecen nuevos puestos de trabajo, en un contexto en el que se han perdido muchos y con inflación que no es controlada debidamente. Esto hace muy complicada la vida cotidiana. Ni el gobierno, ni la CGT, ni la oposición saben muy bien qué va a pasar.

   —¿La mejor noticia para el gobierno es la división de la oposición y del peronismo?

   —Hay una fragmentación del peronismo e inexistencia de otras fuerzas de oposición. No son relevantes los sectores de izquierda parlamentaria o extraparlamentaria. La fragmentación le permite avances al gobierno en el corto plazo, pero con incertidumbre respecto de los próximos meses.

   —Y, en este marco, ¿a Macri le conviene que Cristina está libre y activa?

   —Sí, cuánto más se mueve Cristina aparece en acción una actriz como ella, que al gobierno le conviene que esté en primera plana. Tiene una capacidad de ahuyentar votos más alta que la que tiene para retener de su núcleo durísimo de apoyo. La presencia de Cristina le favorece al gobierno. Pero con los dos problemas más graves de la Argentina, economía y seguridad, más temprano que tarde el gobierno deberá producir un viraje. Tiene que dejar en claro cuál es el curso que va a seguir en materia de política inflacionaria y gasto público. La sociedad debe percibir que el gobierno tiene cursos de acción definidos, algo que hoy no sucede. Tiene que convencer que tiene ideas claras. Y en esas arenas, la oposición no plantea alternativas muy claras. (Roberto) Lavagna, que es un economista serio, dijo una verdadera pavada al comparar esta política económica con la de los militares.

   —Lo que sorprende es que hasta aquí el gran problema del gobierno sea la economía y no la política. Se pensaba todo lo contrario en la transición...

   —Totalmente. En materia de políticas públicas, lo más grave es la inseguridad. En Capital Federal y provincia de Buenos Aires no hay nada positivo en ese aspecto. Se ha vuelto a la Argentina normal, y es terrible decir esto.

   —¿Qué quiere decir "la Argentina normal"?

   —Somos una sociedad en la que los diferentes actores plantean en el corto plazo demandas que son absolutamente incongruentes e inviables entre sí. Incluido el gobierno. Llevamos más de 30 años de democracia y sólo hubo paliativos en materia económica. Pensamos que los commodities se iban a extender hasta el infinito. Es una mediocridad aguda que hace imposible ir hacia el desarrollo.

   —¿En el 2019 se juega el destino político de Macri?

   —Es muy importante para el gobierno de Macri que no le vaya mal en esas elecciones. El distrito decisivo es provincia de Buenos Aires.

   —¿Y cómo es que a Vidal le va tan bien, teniendo en cuenta que Macri no arranca?

   —Es una incógnita. Vidal generó una imagen de funcionaria y política que trata de hacer las cosas bien en las materias que les caben a un gobernador de provincia. Es difícil de explicar, pero se muestra como una política honesta, sin estridencias ni payasadas. Quiere mostrarse como una persona común, como en esa foto en la que aparece comiendo en un McDonald's. Tiene capacidad de convencimiento más alta que la del presidente, cuya figura no se ha desgastado, pero si no empieza a dar respuesta los resultados de los próximos meses pueden ser negativos. Por primera vez en la historia existe la posibilidad de que el desgaste de un gobierno no implique necesariamente que esté el peronismo esperando detrás de la puerta como una alternativa. Implica falta de horizonte, de alternativas.

   —¿Esto le abre la puerta a un futuro Trump argentino?

   —Lo veo muy difícil, no hay alternativa en Argentina, aunque la política está dando sorpresas en todas partes del mundo, y el triunfo de Trump es una de ellas. Pero cuando digo que no hay alternativas, incluyo a las alternativas imprevisibles. No las hay. En la mayoría de la población lo que hay es desasosiego y falta de esperanza.

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