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Jueves 26 de Febrero de 2015

El fútbol en su más pura expresión

El fútbol argentino tiene una característica que lo hace incomparable. Está en su ADN. Nadie puede asegurar quién ganará.

E l fútbol argentino tiene una característica que lo hace incomparable. Está en su ADN. Nadie puede asegurar quién ganará. Se puede marcar a un favorito y hasta a un candidato excluyente, pero jamás podrá asegurase un resultado antes de que empiece el juego. Y eso lo hace distinto, saludablemente diferente. El domingo pasado, en el sur del Gran Buenos Aires, jugaron Temperley, el Gasolero, y el poderoso Boca. Las diferencias son gigantes.

Pero las equivalencias, inexistentes antes del pitazo inicial, aparecieron como por arte de magia. Ni más ni menos que el arte del fútbol en su máxima expresión. El presupuesto entero de los celestes debe ser parecido a un par de salarios xeneizes. No es una exageración. Forma parte del sangrado criminal al que son sometidos los deportes en pos de los dividendos desde hace un par de décadas. Finalmente ganó Boca, pero sus jugadores, millonarios casi todos, debieron recurrir a su ya olvidada raíz amateur para equilibrar un desarrollo que durante gran parte del juego les fue desfavorable.

En una cancha hostil para cualquier tobillo, el poderoso debió sacarse su traje de gala para ponerse el overol. Esos fueron los atributos que al final le permitieron festejar la victoria. Terminarán ganando los poderosos, pero en el trayecto afrontarán montones de vicisitudes características de un fútbol genéticamente competitivo. Y a ese fútbol no hay plata que lo pague.

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