Clásico rosarino
Domingo 23 de Octubre de 2016

El Flaco Landucci y el Mono Obberti, dos clásicos de los 70

En el mediocampo canalla no podía faltar Angel Landucci, en la delantera leprosa Alfredo Obberti era intocable. Hoy juegan desde afuera, aportando recuerdos y esperando un triunfo para alimentar la pasión como hinchas

Hace apenas 46 años lo jugaron por primera vez. Comenzaba la década del 70, cuando los equipos rosarinos empezaron a hacerse grandes. Uno llegaba desde las inferiores, con los colores azul y amarillo impregnados en el corazón. El otro ya había lucido el rojo y negro en otro equipo de la provincia pero ni bien se puso la camiseta leprosa le quedó pintada. Coincidieron en el debut clásico el 27 de julio de 1970, en un 1-1 jugado en el Parque Independencia. El Flaco adueñándose de la mitad de la cancha. El Mono imponiendo su presencia goleadora. Angel Landucci con la 5 de Rosario Central. Alfredo Obberti con la 9 de Newell's. Antes de un lado y otro de la cancha, hoy juntos en un bar de Alberdi, recordando momentos y uniéndose con un abrazo que demuestra que en los clásicos todo queda en la cancha, en los 90' de juego.

   "En esos años logramos un protagonismo en los resultados, no perdíamos, como pasa ahora, como también sucedió cuando estuvimos 22 años sin ganar en cancha de ellos, son momentos. Sabíamos cómo jugarle a Newell's, que tenía un muy buen equipo. Pero nosotros lo encimábamos en la salida y cuando agarrábamos la pelota no la perdíamos. Ellos tenían un gran mediocampo, yo marcaba a Silva (Angel, ex Lanús) o al Negro Martínez (Héctor Jesús), mientras que de Zanabria se encargaba Aimar, que era fuerte y aguerrido (no mal intencionado). Yo era más hábil con la pelota, más pensante y pasaba al ataque y por eso tengo varios goles, no tantos como el Mono", explicó el futbolista auriazul para tomar el último sorbo de café.

   "Ahora me cuentan los muchachos, como el Loco Killer (Daniel, más conocido como el Caballo), el Aldo (Poy) que son dos amigos, cómo se preparaban para marcarme", comentó Obberti. Y asintió Landucci: "Killer lo marcaba a él y el Coco Pascuttini barría atrás". A lo que el rojinegro agregó: "El Coco te cortaba los pies si pasabas. Si te tenía que matar, te mataba. Y los referís eran mas permisivos, aunque no eran foules fuertes, sino muchos. Eso le venía bien a Central y nos cortaban el juego a nosotros, a Mario (Zanabria), a los brasileños Marcos y Bezerra. Hoy el referí no te deja, los echaría. Pero ellos también tenían grandes jugadores, como el Pato Colman, por ejemplo", contó el goleador rojinegro que prefirió no tomar nada porque "vengo de tomar un montón de mates en casa".

   Un primer clásico que no olvidan, obvio. Empezó con un gol del Chango Roberto Gramajo a los 27', pero en el segundo tiempo (57') apareció Obberti para marcar el 1 a 1, que fue el resultado final. Sin embargo, hubo otra acción del juego que los dos recordaron, cada uno a su manera: a los 74' el Mono erró un penal.  

"Se me fue afuera por poco, junto al palo. Tengo la foto y el Loco tiene los ojos bien abiertos, si iba al arco era gol porque no llegaba", contó el delantero rojinegro.

   "Cuando lo fue a patear confié en lo que me había dicho Menutti. Con el Loco concentrábamos en la misma pieza y la noche anterior me dijo «quedate tranquilo, si hay un penal y lo patea el Mono sé cómo lo va a patear y se lo voy a atajar. Jugamos juntos en Los Andes y lo conozco bien»", recordó el mediocampista auriazul.

   Sin embargo, este penal errado trajo algunas consecuencias que tal vez hoy no hubiesen pasado fácilmente (por la intolerancia actual). Igual, tuvo derivaciones.

   "Ya en el vestuario, cuando me estaba por ir, apareció mi hermano y me dijo un par de veces que esperáramos un rato más. Obvio, le pregunté por qué, si había bronca afuera. Así era, pero apareció un gigante que me abrazó del cuello, que si quería me ahorcaba, y me acompañó diciéndome que saliéramos tranquilos que no pasaría nada y así fue. Claro, podríamos haber ganado y había bronca, después pasó. Lo peor fue que tres fechas antes perdimos la chance de ser campeones porque estábamos haciendo un torneo bárbaro", rememoró el goleador.

   "Nos salvamos. Si el Mono lo metía quedaba poco y si perdíamos nos quedábamos afuera del torneo Nacional e íbamos al Reclasificatorio. Mirá cómo serán las cosas, después salimos subcampeones de ese Nacional, perdiendo la final con Boca", explicó Landucci.

   Y así como falló el remate desde los doce pasos, en el clásico siguiente del 29 de septiembre, Obberti sí la mandó al fondo de la red convirtiendo por segundo derby al hilo (después no volvió a marcar), sólo que "no sirvió de nada porque ya perdíamos 3 a 0 y quedaban dos minutos. Fue en cancha de Central. Nosotros veníamos mal en el arranque del Nacional después de un Metropolitano excelente, pero se enfermo el Gitano Juárez (el técnico), agarró el Flaco Menotti y yo anduve mal pese a que hice muchos goles".

   El rubro penales siguió vigente en la nota matutina mientras afuera la lluvia empezaba a caer más fuerte. Es que en el cuarto clásico compartido (22 de mayo del 71, por el Metro), otro empate, en este caso 2-2, el que no lo pudo convertir fue Landucci. A los 36', con el resultado 1 a 1, el rojinegro Carlos Fenoy se lo atajó.

   "Sinceramente no lo recuerdo. Sí que pateé varios, que metí y erré como es lógico, porque además pateaba tiros libres y también convertí muchos. Pero más me gustaba hacerlos en jugadas, como en una preparada que teníamos con Aldo (Poy), que bajaba un poco a recibir y me dejaba el hueco para que yo me proyectara a buscar la devolución y definir de cara al arquero". Por esto no es casual que en su historial con la azul y amarilla tenga 41 goles en 162 partidos entre 1969, cuando "empecé a jugar en reemplazo de Timoteo Griguol", y 1973, ya que después del Metro "Central me vendió a España, al Sporting Gijón, donde jugué tres años".

   En cambio, Obberti en el 72 fue transferido a Brasil para jugar "en Gremio de Porto Alegre, donde también fui goleador. Pero me volví porque me peleé con el entrenador y Newell's me volvió a comprar en el 74", rememora.

   Antes de irse, su último partido del 71 quedó grabado pero en el historial canalla. Es que fue el de La Palomita de Poy, del 19 de diciembre, cuando Central le ganó la semifinal a Newell's y después fue campeón de la mano de Angel Labruna como DT.

   "El primer tiempo fue muy malo", empezó contanto el Mono. En el segundo (a los 54') llegó la jugada en la que "Aimar se la dio al Negro González, que envió el centro al área, donde estábamos Poy, el Chango Gramajo y yo esperando el centro. Y Aldo se le adelantó de palomita a De Rienzo. Después, como era lógico, ellos se nos vinieron encima y el Flaco Menutti fue la figura. Y en el final sacó una de al lado de un palo", recordó el Flaco. Después "nosotros atacamos y los metimos en un arco pero no la pudimos meter, Menutti se atajó todo, fue la figura del partido, sin dudas", agregó Obberti. "Si todavía me acuerdo cómo sacó ese cabezazo junto al palo, pensé que era gol", dijo Landucci. "Si íbamos al alargue lo ganábamos", cerró el delantero rojinegro.

   El 9 que volvió a Newell's para ser campeón en 1974. Para ser figura en ese "equipazo que teníamos". Pero no fue sencillo pegar el gran grito que nunca se les había dado a los leprosos y que Central había conquistado en el Nacional del 71 y el 73.

   Pero el 2 a 2 del clásico del 2 de junio del 74 le alcanzó a Ñuls para festejar en grande y en cancha de Central. Eso sí, le costó demasiado.

   "Ellos se pusieron 1-0 con un penal muy tonto, que todavía hoy recuerdo y me dan ganas de cagarlo a trompadas al Chivo Pavoni por un empujón a Cabral", dijo el Mono. Encima después (69') llegó el 2-0 "que metió el Cai Aimar de cabeza", contó el Flaco.

   "Pero por suerte enseguida (71') cuando Capurro (Armando, fallecido) descontó sabíamos que lo empatábamos. Y Mario (Zanabria) clavó ese golazo inolvidable en el arco de Génova. Lo tengo en el celular y cada tanto lo miro. La agarró de sobrepique después de que se la bajara de cabeza Magán, que era muy buen jugador aunque algo lento", confió Obberti, quien además se acuerda que "Canción (Juan Carlos Montes, ex compañero de equipo un año antes) me sacó para poner a Ribeca para defender el resultado, que era lógico. Entonces me fui al vestuario para dejar los botines para que no me los afanaran en los festejos. Lo que no pude guardarme fue la camiseta porque me la pidió un dirigente".

   El Flaco ya no estaba. Sí seguía mostrando sus condiciones en España, de ahí pasó a Deportivo Cali de Colombia, donde se quedó hasta 1980 ("en el 78 fuimos campeones de la Copa Libertadores") nada menos que con Carlos Salvador Bilardo como entrenador, quien hasta cerca del final lo llevó a Estudiantes y a la selección argentina.

   Después, con una cortina de lluvia como testigo, la charla siguió y se jugaron varios partidos de anécdotas que guardan en montones, con recuerdos latentes y con todo el color que brinda el clásico de la ciudad desde hace más de un siglo. Ellos debutaron en uno hace sólo 46 años y lo siguen jugando, ahora como hinchas.

   Y se quedaron charlando entre ellos, en una clara imagen que debería primar en todos los que defendieron, defienden y defenderán los colores de cada una de las dos camisetas. Como cualquier hincha en cada bar o en cada esquina de barrio. Si se nace canalla o leproso, si se va creciendo con amigos de un lado y otro, si esto se trata de un juego de 90 minutos con mucho piripipí alrededor, que con el correr del tiempo queda en anécdotas deliciosas para contar clásico a clásico.


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