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Viernes 05 de Septiembre de 2014

El espíritu curioso de un modernizador

La vida de Gustavo Cerati se terminó aquel fatídico 15 de mayo de 2010, cuando sufrió ese ACV fatal. Desde entonces no hubo más esperanza, y lo sobrellevamos lo mejor que pudimos.

La vida de Gustavo Cerati se terminó aquel fatídico 15 de mayo de 2010, cuando sufrió ese ACV fatal. Desde entonces no hubo más esperanza, y lo sobrellevamos lo mejor que pudimos. Igual es muy difícil escribir ahora desde este dolor, que es definitivo, que es certero, y que desde hace cuatro años estaba ahí, como agazapado. Cerati fue el gran modernizador del rock argentino de los 80 y los 90, aunque nunca renegó de la tradición de los 70. Trajo un increíble bagaje de nuevas influencias de todos lados (del rock británico, de la electrónica, del noise, del shoegazing, del tecno pop, de la new wave) y lo tradujo en canciones populares en nuestro propio idioma. Sus detractores siempre dijeron que no era original, pero ese no era el punto. El sabía perfectamente lo que quería como compositor, sabía dónde inspirarse, cómo mezclar sus influencias y cómo condensarlas en canciones de cuatro minutos. Sus letras _que fueron subestimadas durante años_ también resultaron renovadoras y frescas con respecto a la tradición de los 70: ni poéticas ni crípticas, eran puramente sensitivas y musicales, y a veces eran tan precisas en la descripción de situaciones que hasta llegaban a contar una historia. Pienso en “Tu medicina”, “Fue”, “Té para tres”, “En la ciudad de la furia”, “Puente”, “Un millón de años luz”... Y pienso en “Av. Alcorta”, casi un tango de los años 90. La muerte de Cerati no es solamente la despedida de un músico singularísimo y popular, también simboliza el fin de una era en el rock argentino, el fin de una estética, el fin de una manera de hacer las cosas. Recordemos que por alguna razón fue un personaje muy resistido en algunos círculos, que soportó con estoica elegancia todo tipo de burlas, y eso sólo pasa con los que dejan huella y asumen riesgos. Es cierto que otros (pocos) tomaron su legado (desde el Nuevo Rock Argentino en adelante), pero la sensación que queda ahora es que Cerati se va en un momento de gran pobreza del rock nacional, y que su ausencia duele más que nunca. Tal vez, si logramos rescatar algo de aquel espíritu curioso, voraz y sensual que él le imprimió a la música, un poco de Cerati se quede con nosotros. Además de sus canciones, obviamente, que van a estar ahí siempre.

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