Escenario
Viernes 18 de Noviembre de 2016

El escritor Alejandro Dolina vuelve a Rosario, y afirma que "el trabajo previo garpa"

El conductor de radio llega al teatro El Círculo con "La venganza será terrible"


Alejandro Dolina dejó Radio del Plata, pero su mítico programa "La venganza será terrible" no paró ni un día. Se relanzó en la ascendente AM750, siempre en su horario de 0 a 2. Intercala emisiones desde el estudio de la 750 con sus funciones teatrales, radiales, desde la sala porteña del Centro Cultural Caras y Caretas EM_DASHa su vez sede de la radioEM_DASH, y desde distintas ciudades del país donde lleva su show en gira permanente. Por ejemplo, esta noche volverá presentarse en el teatro El Círculo de Rosario, a las 21.30.

En una charla con Escenario, luego de una función teatral radial, en el barrio porteño de San Telmo, Dolina reivindicó el trabajo preparatorio de un artista como la única forma segura de obtener buenos resultados. "Es cierto que nosotros improvisamos, pero lo hacemos sobre la base de una estética, nos hemos preparado mucho en ciertas destrezas", concede.

Escritor, periodista, músico, humorista, Alejando Dolina desafía el paso del tiempo —lleva 30 años ininterrumpidos con su proyecto radial—, y asegura "de a ratos, es bueno tener la ilusión de inmortalidad".

—El programa está cada vez más teatral, ¿sienten que el estudio de radio va quedando chico?

—Nuestro trabajo está pensado y preparado para ejecutarlo con público. En un estudio de radio la respuesta es diferente, hay una cierta teatralidad que se pierde. Las pausas dramáticas tienen efecto sólo si hay gente, en radio pueden parecer un bache.

Estuvo en Rosario en mayo, y llenó El Circulo dos veces, ¿qué expectativas tiene esta vez?

—A Rosario llevaremos nuestro espectáculo, del mismo modo que lo venimos haciendo en tantas provincias; llevamos el mismo espíritu a todos lados, aunque con variaciones en el contenido. En El Circulo tuvimos una gran experiencia, el público se contagia, y además la alegría especial nuestra por estar de visita. Y acaso, del mismo modo, la alegría de las personas por recibir a los visitantes.

—¿Hay algo del visitante de Buenos Aires que lleva su arte al interior?

—No se trata de una interacción entre un porteño y los provincianos. Se trata de algo más personal. Yo no llevo nada de Buenos Aires al interior, ni siquiera nací en Buenos Aires. Se trata de un encuentro entre argentinos, con un condimento, simplemente no estamos todos los días en esos lugares. Vivimos esa alegría, una intensidad emotiva, aunque no se trata de intercambios regionales. Nos entendemos sin hacer grandes esfuerzos, sin fingir que venimos de regiones tan distintas.

-La música tiene cada vez más relevancia en sus shows, incluso ahora acompañado por sus dos hijos.

—La música es importante en nuestras presentaciones. Es rico y variado, se fue haciendo un repertorio bastante extenso de canciones. Que tienen su ensayo, pero que en algunos casos hay canciones que no sabemos, y las inventamos (risas).

—Hablando de lo "inventado", sin embargo, pareciera que llegan al escenario con mucho trabajo previo. ¿Mejora el resultado con más trabajo, o puede suceder que la pura improvisación sea más productiva?

—Puede que uno toque una cuerda inesperada y que eso resulte muy bueno. Pero la mayor parte del tiempo lo que mejor sale es aquello que fue pensado, preparado y ensayado. En todas las disciplinas se nota mucho la preparación. En el arte mucho más.

_ Aunque una clave de su humor pasa por la improvisación.

—Improvisamos, es cierto, pero sobre una base, sobre ciertas destrezas sobre las que sí nos hemos adiestrado. Del mismo modo que en la música, se puede improvisar un poco, pero lo más importante es estudiar. El trabajo previo garpa, incluso para preparar desde el punto de vista comercial una función.

—Sigue al aire, con su formato de programa clásico, desde hace 30 años. Y las nuevas generaciones se suman, ¿cómo sucede ese fenómeno?

—Tenemos una reconversión del público, sin dudas. Y eso nos provoca un efecto ilusión, que el tiempo no pasa. Resulta que no son los pibes de siempre, y nosotros tampoco somos los pibes de entonces, aunque pareciera que somos los mismos, favorecidos por la conformación del público. Mayoritariamente juvenil, que se han ido sustituyendo, unos con otros.

EM_DASH¿Lo motiva la ilusión de mantener la juventud?

—Diría la ilusión de inmortalidad, que no está mal, al menos por un rato. Creo que es lo único valedero que podemos aspirar, creer por un rato que seguimos siendo jóvenes.

EM_DASHFinaliza el primer año de un nuevo gobierno, que llegó con la palabra "cambio". ¿Está viendo algo novedoso, inesperado?

—Sucede lo previsible, la receta neoliberal que no es privativa de la Argentina. Transferencia de recursos de los trabajadores a los empresarios, una política para culpabilizar a los empleados por un presunto alto costo laboral, esto lo vemos en todo el mundo, y no es un invento de (Mauricio) Macri.

—¿Cómo elabora su propia actitud crítica ante la realidad política, elige no resignarse, aunque tampoco indignarse?

—Claro, no se puede andar enfurecido todo el día; sería incluso antidemocrático. ¿Qué voy a hacer, me voy a enfurecer con una señora de al lado de mi casa que votó a Macri? Tiene su derecho, ganaron las elecciones. Me propongo construir una respuesta personal al momento, pero también nos debemos una respuesta colectiva. Por ahora no está apareciendo. Ojalá que aparezca.

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