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Viernes 08 de Julio de 2011

El escrache estudiantil que abrió el debate por la presencia de Bruera

En marzo pasado, la UES Rosario hizo saber a la comunidad educativa del Colegio Rosario y a la sociedad que un ex ministro de Videla es quien preside  esta institución local

Un escrache estudiantil motivó la pregunta incómoda de una madre. Eso disparó una reacción amenazante del colegio y la posterior decisión de retirar a sus hijos de la escuela. El caso sucedió en el Colegio Rosario y tiene un detonante: la presencia de Ricardo Bruera, ex ministro de Educación de Videla, en la gestión del establecimiento. Estudiantes secundarios y organizaciones de derechos humanos celebran que salga a la luz el debate, aunque subrayan que aún quedan otros “cómplices civiles” de la dictadura en instituciones educativas de la ciudad.

A fines de marzo pasado, alumnos de distintas escuelas nucleados en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) organizaron un escrache frente a la casa de Bruera. La intención era dar a conocer al barrio y a la sociedad que el ex funcionario de la dictadura estaba vinculado al colegio de Ocampo 15 bis.

Pero el hecho permite abrir el debate acerca de la complicidad de civiles durante la dictadura, ya que si bien suele hablarse de los beneficiarios y cómplices económicos del golpe, la polémica parece no permear con la misma intensidad en el ámbito educativo. El caso de Bruera no es menor: ministro de la dictadura entre marzo del 76 y mayo del 77, estuvo a cargo del Operativo Claridad de “depuración ideológica” en las escuelas y universidades, con persecuciones, cesantías y desapariciones como modo de acción.

Al enterarse, Verónica Tsernotopulos, la madre, fue a preguntar a la institución, pero el interrogante generó malestar en el representante legal de la escuela, Claudio Murcilli. Mediante una carta de lectores publicada en La Capital el lunes pasado, la mujer dijo sentirse intimidada en esa reunión, donde la acusaron de querer desprestigiar al establecimiento y le expresaron que si insistía iban a sacar a sus hijos de la escuela.  La madre no esperó que se consume esa decisión y retiró a sus chicos.

El inicio. “Después del escrache tomamos contacto con algunos padres, y estamos informados de reclamos que viene haciendo, y algunos reparos que les vienen poniendo la escuela con relación a estas demandas”, apuntó Juan Emilio Basso, referente de Hijos Rosario, organización que acompañó en el escrache a los chicos de la UES.

“Bruera fue parte de uno de los gobiernos asesinos que más destruyó la educación, y las consecuencias del impacto que tuvo la dictadura todavía la estamos padeciendo, en términos de autoritarismo y disciplinamiento, como en contenidos pedagógicos que fueron barridos. Eso encarna Bruera”, sentenció el militante de Hijos. Sin embargo, señala que “el miedo también es algo que a muchos padres los frenó a la hora de las acciones concretas, salvo algunos que por suerte sí se animaron”.

“El miedo —agrega Basso— que la dictadura logró instalar ha empezado a caerse, pero sigue presente también en muchas familias que no se animan a hacer una exigencia con mayor vehemencia. Pero es todo un proceso. Que el tema se instale y que la comunidad educativa empiece a discutir esto ya es un gran avance”.

Por su parte, el coordinador de la UES Rosario, Pablo Codarín, entiende que el Estado provincial “no puede permitir que alguien que haya sido ministro de Educación de la dictadura hoy esté al frente de un establecimiento educativo”. Contó que por años, y pese a ser feriado nacional, en el colegio no se habló de la dictadura durante el 24 de marzo, cuestión subsanada en marzo pasado tras el anunciado escrache. “Esta situación era conocida por el intendente y el gobernador, que han asistido a actos por el aniversario de la escuela. Bruera estuvo a cargo del Operativo Claridad, una visión de lo que es la educación creo diametralmente opuesta a la que pregona el socialismo”, dice Codarín.

Ministro de la dictadura. La diputada provincial del SI (Frente Progresista), Alicia Gutiérrez, también se mostró preocupada por el caso. “Los que vivimos la época de la dictadura sabemos del papel que jugó esta persona (por Bruera)”, apuntó a La Capital.

Si bien entiende que los colegios privados son instituciones que pueden tener algunas autoridades —como representante legal y comisión— fijadas por los dueños de la escuela, “esto hace que muchas veces se desconozca quiénes son los que están atrás de esto”.

Respecto de Bruera, indicó que aunque no está procesado ni hay aparente denuncia contra él, “fue un funcionario de la dictadura, eso es innegable y no un simple funcionario, sino ministro de Educación”.

Micaela Di Pato es una las adolescentes que integra la UES Rosario. Hija de ex presos políticos, cuenta que tras el escrache, la idea de este grupo es seguir profundizando el tema. “Aprocede, que es la organización que está dentro de la escuela y que tiene que decidir si ese señor se queda o no en la institución, tiene un plazo de 90 días (desde el 30 de junio pasado). Así que vamos a organizar algo. No nos vamos a quedar con los brazos cruzados”, anticipa.

En esa línea de pensamiento, Basso entiende que el debate social sobre el rol de los civiles en la dictadura —en este caso, con los vinculados a la educación— es una discusión abierta “que nuestra sociedad tiene que ir masticando”.

“Nosotros quedamos en mantener un diálogo permanente con relación a eso para poder ir pensando acciones, pero coordinada con los intereses de los padres”, agrega.

Pero allí no se cancela el debate: “Es real que hay otros personajes de la dictadura vinculados a la educación en la ciudad de Rosario, sobre los cuáles estamos evaluando de qué manera los ponemos de relieve, como el caso de Raúl Pangia, que fue parte de la intervención de la dictadura en Psicología y en la Biblioteca Vigil, y sigue dando clases en algunos establecimientos”, concluye.

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