Selección argentina
Miércoles 22 de Junio de 2016

El equipo llegó a la final sin despeinarse

La selección resolvió rápido la tibia oposición de EEUU, con goles de Lavezzi, luego lesionado, Messi y dos de Higuaín.

A la selección argentina le demandó menos que un suspiro meterse por segundo año consecutivo en la final de la Copa América. La hizo tan o más sencilla que el partido por cuartos contra Venezuela. Anoche Estados Unidos no tuvo tiempo de darle trabajo porque el 4 a 0 empezó a edificarse a los 2 minutos con el cabezazo de Ezequiel Lavezzi. Porotazo grande de Martino que lo eligió para reemplazar a Gaitán. Lástima lo de la lesión del Pocho, quien se fracturó el codo y será baja el domingo en el encuentro que defina qué equipo se queda con la última palabra en la copa. Por más que se esté comentando el partido, bien vale la licencia para destacar al Tata porque jugará su tercera final consecutiva de Copa América. La del 2011 dirigiendo a Paraguay y las dos últimas con Argentina.

Retomando el hilo de lo que ocurrió, mucho no se puede agregar porque Argentina le quitó cualquier incertidumbre de movida. El gol tempranero no sólo trajo alivio en el resultado, sino que le permitió al equipo manejarse con otra soltura para apaciguar el ímpetu que demostraba Estados Unidos cada vez que tenía la pelota o hacía esfuerzo para que no ser arrastrado por Argentina.

En esto se debe dejar en claro, por si alguien vio otro encuentro, el conjunto de Klinsmann casi ni inquietó a Romero. Pero en el primer tiempo molestó porque Beckerman corría y Zardes lucía movedizo entre Otamendi y Funes Mori.

Que Argentina no estuviera cómoda no significó que no tenía el control de todo. Además, con Messi siempre tiene algo más ofrecer. Si no era con esas escapadas con su botín zurdo, alertaba con alguna asistencia maestra, como ocurrió en el cabezazo del Pocho.

Claro, esta explicación del desarrollo suena a una ridiculez para explicar que el segundo gol vino porque Messi quiso colgarla de un ángulo del arco de Guzan. Leo literalmente se decidió a meterse solito en la historia y convirtió el tanto 55 para empezar a mirar a Gabriel Batistuta desde arriba del hombro.

Todo lo que vino después no es chiquitaje, pero sólo sirvió para sacarse el sombrero ante Higuían. Pipita se sacó la venda de los ojos y viene convirtiendo en duplicado, como ante Venezuela.

Ni dan ganas de seguir festejando un 4 a 0 que pudo haber por 6 o 7 goles de diferencia. De lo que sí vale la pena poner en la justa dimensión es la nueva final que disputará Argentina con Martino. Nadie puede poner en duda que hasta aquí fue el mejor equipo del torneo. Ganó todos los partidos, pero le falta el más trascendente. Deberá estar a la altura para que ese reconocimiento se transforme en palabra autorizada.

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