La ciudad
Domingo 28 de Agosto de 2016

El Enredo, el taller textil que hace visibles a las mujeres que están detenidas

La experiencia que lleva adelante la diseñadora Marina Gryciuk con las internas del Penal Nº5 tendrá un espacio en la Feria del Bulevar.

"Necesitamos no pensar", dice una de las mujeres detenidas en la Unidad Penitenciaria Nº 5 mientras ata los nudos de las telas que se convertirán en una alfombra, otra de las cientos que hacen desde hace tres años en el proyecto El Enredo, un taller de experiencias textiles que la diseñadora y artista rosarina Marina Gryciuk llevó a la cárcel. Romper con paso lento el tiempo en el encierro, encontrarse en una "tertulia" de la que participan las que están privadas de su libertad y las que sostienen la actividad desde afuera, e intercambiar diálogos donde aparecen deseos y propuestas, es lo que hacen desde que el proyecto se puso en marcha. Y ahora van por más: hacerse visibles a través de sus productos, sus alfombras, que a partir del segundo fin de semana de septiembre venderán en un puesto de la Feria del Bulevar. Un proyecto que busca hacerlas ver, pero también trabajo y un ingreso.

Marina Gryciuk cruzó las barreras de la vieja casona de Ingeniero Thedy 375 de la mano de la ONG Mujeres tras las Rejas, que lleva más de una década trabajando con las mujeres en situación de encierro y todos los jueves les abre los micrófonos a través del programa que se emite por la FM Aire Libre. Con su bagaje de artista y su experiencia con las mujeres de la comunidad qom en el Centro Cultural El Obrador, la diseñadora recaló primero en ese espacio, al que llegó munida de telas, hilos y agujas para la que quisiera sumarse.

"Tenía claro lo que quería hacer: sumarme al trabajo que ya se hacía desde lo manual, porque la manualidad es mi herramienta y los materiales que utilizo dialogan mucho con la situación de la cárcel, porque trabajamos con textiles y también con cosas que la gente descarta y considera basura", explica Gryciuk, y suma que las telas "son algo sencillo de ingresar al penal, aunque no tanto las tijeras y las agujas".

Sobre el vínculo que tejió en estos tres años con las mujeres presas, no dudó: "Te quieren o no, pero creo que si vos entrás, las mirás a los ojos; las llamás por el nombre, eso que en la cárcel se pierde porque todo el tiempo los apellidos suenan como latigazos, y les preguntás cómo están como a cualquier ser humano, se construye algo".

Y ese respeto y, sobre todo, "la constancia" es para Gryciuk lo que permite que "ellas se abran, que tengan ganas de hacer y encontrarse".

Encuentro. Actualmente, son casi una decena de mujeres las que participan los miércoles, en la planta alta del penal, de eso que Florencia Sánchez, parte de la organización, llama "la tertulia", ese encuentro que se genera entre diálogos y producción. "Hay un intercambio de todo, de diálogos, de experiencias, de saberes, porque muchas saben tejer y otras manualidades, y proyectos", agrega.

Al principio tejían y cosían para sus familias, o los vendían entre ellas o a las guardias del penal.

"Con nosotras se da un intercambio en el aquí y el ahora, en ese momento, donde compartís el tiempo y el espacio, el quehacer y también la charla, donde ellas dicen lo que quieren hacer, surgen el deseo, los proyectos y ahí está la experiencia", dice Gryciuk.

La idea de poder vender la producción y así no sólo visibilizarse, sino también hacerse de un ingreso económico para dejar de depender de alguien más surgió hace un tiempo. Sin embargo, las tramitaciones no fueron fáciles, ya que contar con un puesto en cualquiera de las ferias de la Municipalidad requería de la aprobación de una excepción por parte del Concejo que les permitiera sumarse sin ser artesanas. Y ese trámite se extendió por más de dos años y recién lograron tenerlo a fines del año pasado.

Mujeres reales. Permiso en mano, una vez al mes las alfombras que tejen en el encierro saldrán a la venta a través de las integrantes de la ONG, y el primer paso lo darán el 10 y 11 de septiembre en la Feria del Bulevar, en Oroño y el río. "Salir a la calle y a la venta es hacerlas visibles en ese espacio, es que el que se lleve uno de los productos del El Enredo va a saber qué compra, de dónde viene y quiénes lo hacen", apunta la diseñadora.

Sin embargo, la venta es más que eso. Es aprender a afianzar un espacio y el trabajo que hacen, y más aún, la idea de un proyecto colectivo donde están ellas, pero también las que participan del proyecto desde la ONG.

Y fundamentalmente también significará tener un ingreso económico: "Tener su propio dinero no sólo hace a su dignidad, sino también a sentirse más seguras, a no depender siempre del Estado, del de afuera, de sus familias, o de un hombre", dice Gryciuk, y Graciela Rojas, al frente de la ONG, agrega: "Es un trabajo para lograr que se sientan capaces de hacer y de producir, que sepan que pueden hacer otra cosa que no sea traficar o tener hijos".

Así, en las alfombras tejidas, bordadas y anudadas en todos estos meses, y que ya están etiquetadas en su propia marca, El Enredo, saldrán a la luz este grupo de mujeres. Materializadas en su quehacer. Visibles.

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