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Jueves 20 de Agosto de 2009

El enigma Latorre

En la Argentina todo es posible y ya nada debería llamar la atención. Pero el giro copernicano de la senadora Roxana Latorre en cuanto a su defensa de la posición del campo en el conflicto con el gobierno no deja de generar suspicacias. Los motivos que la llevaron a favorecer el tratamiento en el Senado de la delegación de poderes al Ejecutivo que, finalmente, permitirá al gobierno mantener el actual esquema de retenciones al agro, permiten esbozar varias líneas de interpretación.  

En la Argentina todo es posible y ya nada debería llamar la atención. Pero el giro copernicano de la senadora Roxana Latorre en cuanto a su defensa de la posición del campo en el conflicto con el gobierno no deja de generar suspicacias. Los motivos que la llevaron a favorecer el tratamiento en el Senado de la delegación de poderes al Ejecutivo que, finalmente, permitirá al gobierno mantener el actual esquema de retenciones al agro, permiten esbozar varias líneas de interpretación.

En las últimas 24 horas se han escuchado diversas y tal vez disparatadas especulaciones, pero todas no pasan del rumor poco fundado. Sin embargo, si aún no está claro el porqué de tamaña decisión, el efecto político que ya produjo supera ampliamente esa incógnita. Por empezar, Carlos Reutemann la expulsó del bloque y la condenó al ostracismo. Latorre, hay que recordarlo, acaba de ser reelecta senadora por la lista que encabezó Reutemann y su próximo mandato, que recién comenzará en diciembre, concluirá en el lejano 2015. Es decir, pasará los próximos años enfrentada políticamente con su mentor, Reutemann, y ni qué hablar con el restante senador santafesino, el socialista Rubén Giustiniani. ¿Esa situación le permitirá prestar un buen servicio a la provincia? Poco probable.

Una de las explicaciones que circulan sobre este “pase del año” que produjo Latorre, es que, en realidad, Reutemann avaló la decisión de la senadora en favor al gobierno, pero ahora al tomar estado público y advertir la magnitud de la repercusión política debió “sacrificar” a su colaboradora para no sufrir un costo innecesario que empañe su carrera presidencial. Parece muy poco probable un engendro especulativo de esa naturaleza.

Sin embargo, lo que verdaderamente importa es qué siente la opinión pública y particularmente quienes hace muy poco le dieron el voto a Latorre para que –se pueda coincidir o no- defienda los intereses del sector agropecuario santafesino.

En este país todo está teñido de sospechas, avalado por una la larga lista de calamidades –no precisamente de la naturaleza- que históricamente los argentinos venimos soportando desde prácticamente la independencia nacional.

Roxana Latorre debe haber tenido una razón muy importante para borrar con el codo lo que suscribió junto a Reutemann durante toda la campaña política y desde el inicio del conflicto con el campo. Sus argumentos son pueriles y no alcanzan –tampoco a Reutemann- a explicar lo que hizo y por qué lo hizo. Todo muy poco claro.

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