El Mundo
Martes 07 de Junio de 2016

El drama electoral fue mayor de lo esperado

Este escenario de indefinición era inimaginable una semana atrás, cuando Fujimori sacaba amplia ventaja en las encuestas.

Los peruanos esperaban un final reñido, pero no tanto. Más de 12 horas después de cerradas las urnas, es imposible saber quién ganó las elecciones del domingo y por tanto quién gobernará al país en los próximos cinco años. Casi todos los boletos están a favor de Pedro Pablo Kuczynski, un liberal que nucleó los votos de izquierdistas, centristas y derechistas moderados que no quieren el retorno de la derecha radical, autoritaria y populista encarnada en su rival, Keiko Fujimori.

Pero las matemáticas les permiten soñar a los fujimoristas: Aún faltan los votos del "Perú profundo" y del exterior, donde están seguros de tener ventajas, y de los que por impugnaciones se resuelvan ante el Jurado Nacional de Elecciones con presencia de sus personeros, más fogueados que los del bando rival.

Con un 94,2 por ciento de las actas escrutadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Kuczynski tiene una ventaja de 90.904 votos y se calcula que son casi unos 700.000 los que falta por incluir. Expertos insisten en que la lógica se impondrá y los votos faltantes se repartirán proporcionalmente.

La fiesta está contenida. Cauto, Kuczynski, percibido por la mayoría de observadores como virtual presidente electo, espera con su comando de campaña que se aclare la situación. Las fiestas están contenidas y los corazones palpitantes. Fujimori también muestra cautela, pero se la juega con alfiles como el parlamentario Pedro Spadaro, quien, con un ambiente de fiesta, aseguró que su partido tiene cifras que dan por hecho el triunfo. La actitud de Spadaro, sin dudas autorizada por la candidata, ha sido rechazada por analistas por imprudente, pero ha servido para mantener vivas las esperanzas fujimoristas. De paso, ayuda a que crezcan especulaciones de que los seguidores de la hija del encarcelado ex presidente Alberto Fujimori maquinan un fraude.

El jefe de la ONPE, Mariano Cucho, llama a la cautela, pero la lentitud no ayuda. Analistas no entienden por qué el organismo encargado del conteo oficial no recurrió a las prácticas modernas de transmisión de datos y trabaja sobre papel físico. Según Cucho, recién en las próximas horas llegarán las actas de los otros países de América en donde votaron los peruanos. Los de los otros continentes pueden tardar incluso hasta el jueves, por lo que el cien por ciento estará como mínimo el viernes.

Los más conocedores afirman que solo falta un empujón para que la ventaja de Kuczynski, ahora de un 50,28 contra un 49,72 por ciento, sea irremontable. Pero la situación hará que la gente más apasionada no se convenza hasta tener el cien por ciento. El escenario era inimaginable una semana atrás, cuando Fujimori había sacado ventaja en las encuestas y se encaminaba a un triunfo que se sumaría al del 10 de abril, cuando su partido, Fuerza Popular (FP), se aseguró 73 de los 130 escaños en el próximo Congreso, cifra que lo hará poderoso al margen de lo que pase con el Ejecutivo.

Pero Kuczynski se sacudió a última hora, mostró que a los 77 años aún tiene vigor y arremetió frontal contra su contrincante, 36 años menor pero con deficiencias en materia técnica y sobre todo con más puntos oscuros en su historia personal y la de su sector, para derrotarla sin atenuantes en el último debate.

El guiño de la izquierda. A eso se sumó el apoyo explícito de fuerzas de izquierda, centro y derecha que depusieron temores hacia "el representante del gran capital" y lo aceptaron como única arma para evitar que gobernara un sector que con Fujimori padre (1990-2000) no demostró respeto por la transparencia ni por los derechos ciudadanos.

Para completar, documentos que comprometen a nuevas generaciones de líderes fujimoristas en presuntos delitos como lavado de activos llevaron a muchos a plantearse si Keiko no es Alberto con faldas, algo que ya tenía seguro la otra mitad del país.

Hasta el viernes seguirá el misterio. Lo positivo en las calles y las redes sociales es que la polarización comenzó a bajar y que la cautela se está imponiendo por sobre el fanatismo. Una actitud que nadie puede garantizar que se mantendrá.

Comentarios