Dallas
Domingo 10 de Julio de 2016

El dolor oculto detrás de unos lentes de sol

Tres de sus colegas directos fueron asesinados y otros tres resultaron heridos. Sin embargo, ahora no hay lugar ni tiempo para el luto. El servicio llama. "Das tu pésame y vuelves al trabajo".

Su dolor lo esconde detrás de unas gafas de sol, un uniforme azul oscuro y un fusil de asalto. "Cuando vaya a casa, probablemente me derrumbaré", dice el policía que vigila la entrada a una comisaría de Dallas. Tres de sus colegas directos fueron asesinados y otros tres resultaron heridos. Sin embargo, ahora no hay lugar ni tiempo para el luto. El servicio llama. "Das tu pésame y vuelves al trabajo".

El ataque llegó hasta la médula de la policía de Dallas. Uno de los agentes muertos tenía un historial de servicio de 20 años pero entre las víctimas también hay policías que acababan de iniciar su carrera profesional. Sin embargo, la edad, el grado y la formación apenas son importantes ahora. "¿Cómo puedes entrenarte para hacer frente a una emboscada? No se puede", dice el policía sobre el ataque. "Las balas les alcanzaron por detrás, en las cabezas". Ante semejante ataque, también los policías más curtidos son impotentes.

La mañana siguiente al tiroteo, Dallas amaneció muda. Las 22 manzanas cerradas en el corazón de la ciudad están envueltas en un silencio fantasmal. Pequeños conos amarillos marcan en el asfalto el drama de una noche sangrienta. Kulian Gamboa dice que presentía lo que iba a ocurrir, que alguien cometería una matanza entre policías. Y es que "ya son demasiados negros los que fueron abatidos y asesinados", afirma el joven de 24 años. Gamboa cierra los ojos, respira hondo y no alcanza a pronunciar enteramente sus frases. Al término del servicio religioso, al que acudieron cientos de personas, el joven llora junto a amigos.

Conmoción. El dolor es profundo. El pastor negro que encabeza la ceremonia religiosa, Bryan Carter, habla de ira, incredulidad y conmoción. Solo poco a poco la gente de esta ciudad, la novena más grande de EEUU, va comprendiendo lo que aquí ocurrió. Y una vez más, Dallas alcanzó triste fama, poco más de medio siglo después del atentado contra el presidente John F. Kennedy, que hundió a EEUU en un trauma nacional. En un sermón enérgico y conmovedor, el pastor negro T.D. Jakes advierte sobre el mal que acecha: "La tragedia que hoy ignoremos estará mañana en el umbral de nuestras casas". A su lado está el alcalde de Dallas, Mike Rawlings. "Hemos llevado a la próxima generación a un camino cruel", dice. El odio entre negros y blancos, que está latente en algunos sectores de la sociedad estadounidense, lo califica como un "cáncer del separatismo", de la división. Algunos de los contagiados por este cáncer dejan que sus compañeros filmen sus rabiosas arengas. Entre ellos está Daniel McCullough, del movimiento defensor de los derechos civiles "Black Lives Matter". Hasta el día de hoy, los afroamericanos somos "esclavos que recogen algodón", brama.

Al final de un día doloroso, las palabras alentadoras de los pastores, políticos y policías dan cierta esperanza de que Dallas pueda cerrar esta herida. En los capós y parabrisas de dos patrulleros hay flores y animales de peluche. Pasan automovilistas que tocan la bocina y saludan.

El policía con el fusil, que esconde su dolor detrás de unas gafas de sol, habla con psicólogos y religiosos: "Puedes ser militar, fiscal o médico de urgencia, pero no es posible prepararte para la pérdida de personas queridas".

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