Edición Impresa
Sábado 22 de Agosto de 2015

“El disparate pertenece a la cultura de los chicos y los distiende de las normas”

El escritor Ricardo Mariño dice que los relatos de aventura y de humor son los preferidos de la infancia.

Al igual que en sus cuentos, acostumbra a exagerar, jugar con las palabras, y cambiar el sentido de las cosas. “El disparate pertenece a la cultura de los chicos, y siempre existieron escritores que lo hicieron, desde Lewis Caroll a María Elena Walsh, y por supuesto, lectores que disfrutaron de este estilo”, reflexiona Ricardo Mariño, el reconocido autor de cuentos infantiles, que estuvo en Rosario de recorrida por varias escuelas y participó además de una jornada organizada por la maestría en  literatura Infantil de la Universidad Nacional Rosario (UNR). Durante el encuentro, que se desarrolló a principios de agosto en la sala infantil de la Biblioteca Argentina, no faltaron las anécdotas para responder aquellas inquietudes que surgían de un auditorio integrado casi en su totalidad por maestras que cursan dicha especialidad. Entre la admiración hacia a un autor que lleva publicados más de setenta títulos infantiles y juveniles, y el reconocimiento a sus obras, Mariño se refirió a sus primeros encuentros con la lectura, los comienzos como escritor, esos momentos de inspiración, los relatos preferidos por los chicos y el avance tecnológico que algunas veces interfiere en el modo de contar las historias.

El autor de “Pulgoso y otros cuentos perros”, el último libro publicado este año por el sello Alfaguara del grupo Santillana, admite que el humor es su forma de ver el mundo, y que en la intimidad es un auténtico productor de este género. “Me atrae decir pavadas y hablar sin sentido, exagerar y jugar con las palabras, y cambiar el sentido de las cosas o una letra de un apellido. En momentos de angustia también elijo el humor, que no evita el sufrimiento pero lo contiene”. Este autor auténtico que recurre constantemente a las comparaciones con la vida diaria  asegura que escribir es el estado que mayor libertad le produce. Desde hace algunos años, se dedica también a reeditar sus libros: “Sucede algo raro con la corrección de los cuentos y escritos, descubro que no soy el mismo de aquellos tiempos pero tampoco puedo cambiar la esencia con la que fueron escritos por primera vez”. Entre los libros de su autoría, aquellos que más le gustaron aunque el tiempo pase, destaca “La  invasión”, “Ojos amarillos” y “Perdido en la selva”. Visitas a las esc uelas . Acostumbrados a identificar al autor de un libro, sólo a través de la tapa que lleva su nombre, alumnos de 4º a 7º grado de las escuelas Edmondo de Amicis, Misericordia, Boneo, San Francisco de Asís, Medalla Milagrosa, Santo Domingo Savio, Fuente de Vida, Stella Maris y Sagrado Corazón de Villa Gobernador Gálvez se encontraron con Ricardo Mariño. “Este es el único contacto que tengo con los lectores y la manera de conocer cuáles son los cuentos que más les gustan, qué cosas no entienden, y siempre algún chico hace algún aporte, como una nena que me indicó que en el libro «Cuentos espantosos» hacía un cambio inesperado en el nombre de un personaje. Luego de 20 años desde la primera publicación y de varias ediciones posteriores, esta equivocación se me pasó a mí pero también a los correctores”, apunta. Al referirse a los cuentos o historias que más seducen a los chicos de primaria, el autor de “El mundo de Cintia Scoch” y “El hijo del Superhéroe”, entre muchos otros, asegura que siempre buscan intensidad. “Al margen de las modas, pueden interesarse por los cuentos de terror, de aventura o de humor, pero desean sentir que algo pasará, sea para divertirse o sufrir, también necesitan experimentar los miedos. En estos casos, lo peor que podría pasar en una historia sería el exceso de cuidado, para no correr riesgos”. Asume Mariño que muchas veces se inspira en el mundo de los chicos, sin conocerlos demasiado. Hist orias dispa rata das . “La infancia es una etapa bastante reglada y de aprendizaje, en la que lo disparatado también pertenece a la cultura de los chicos y los distiende de las normas. Siempre existieron escritores que lo hicieron desde Lewis Caroll o María Elena Walsh, y lectores que lo disfrutaron”. Sin embargo, subyace el interrogante de este nuevo niño lector, ¿todavía es aquel que mantiene el hábito de sentarse frente a un libro?, ¿qué formato de lectura consume esta generación de nativos digitales? “Existe mayor actitud respecto a la lectura, que a su vez es diversa y se presenta bajo distintos formatos. Un chico, por ejemplo, ahora es más hábil para leer instructivos electrónicos si se lo compara con un adulto. El mundo de la producción pasa por ahí, así como los abuelos utilizaban el destornillador, el martillo y el serrucho y les permitían a sus hijos jugar con eso porque los preparaba para el futuro, los chicos de ahora también están jugando con algunas cosas que inexorablemente serán sus herramientas de trabajo. La literatura no debiera ser demagógica y tratar de incluir lenguajes que pertenecen al mundo electrónico, algunos argumentos narrativos hoy se desvanecen con la existencia del celular y otros cambios tecnológicos. El fenómeno que se genera en torno a la lectura es un enigma, se lee más porque se consume más, quizás sea porque existe mayor conciencia en las escuelas y políticas ligadas a generar lectura”. El cambio radical, continúa Mariño, no se relaciona con la forma y el hábito de lectura sino con la conducta que tienen los lectores que se vinculan o no con el libro. “Estamos ante un chico más histérico, es decir aquel que no puede prestar atención en algo concreto por mucho tiempo, porque se dispersa y esto tiene relación con el uso de las pantallas, el mundo afectivo y económico en el que vive. El chico es rehén y sujeto del mercado, además decide lo que se hace en la casa ante la pérdida de autoridad de los padres, estamos ante una especie de niño nuevo que es caprichoso y tirano, y que necesita estar siempre entretenido. En este sentido, el libro no es un payaso pero reporta un placer concreto y distinto al resto, por eso no soy partidario de hacer libros electrónicos, en el que los personajes bailen, caminen o interactúen. Cada uno lee aquello que le gusta o atrapa, no parece raro que un padre o un tío compren un juguete carísimo y luego el chico se interese por la caja, con la literatura sucede algo parecido”. Inspiraci ón. Entre los misterios que giran en torno a un escritor, la mayoría de sus seguidores siempre se interesa por conocer e indagar en aquellos momentos o situaciones que guían su inspiración donde fluyen la imaginación y las palabras. “Cuando escribo siento que una idea me sigue y ese mundo del que estoy escribiendo me acompaña a donde vaya”, reflexiona Mariño cada vez que le preguntan. “Sea en un trámite del banco, en el gimnasio o en la cocina, ese estado fértil y bueno de la escritura se genera igual, no importa lo que hagas, pareciera que el mundo colabora con esa idea. El escritor es como un cartonero, va por la calle distraído pero atento a los objetos que le sirven: un esqueletoç de lavarropas, una cocina vieja, una silla, un pedazo de madera o cartón, todo parece servir y se puede convertir en un nuevo objeto. Un escritor es un cartonero de los restos del lenguaje, de los restos narrativos y ficcionales, que no derivan sólo de la literatura”, compara. “Siento que la escritura produce un estado de libertad que no se da en otros espacios”, continúa. Las ideas para escribir al igual que para pintar, explica el autor aparecen  en un estado receptor y creativo, que no son el fruto de una acumulación de razonamiento sino que forman parte del circuito personal y sólo le sirven a quien escribe. “Si viene Cervantes y me cuenta el proyecto del Quijote, uno podría pensar que es una pavada”, agrega. Su hijo de 24 años, estudiante de letras, es el primero que lee sus obras, antes de su publicación. “Ahora lee mis libros pero no lo hacía cuando era chico”, asume con gracia el escritor, quien no tiene un título pero siempre se interesó por la teoría literaria, y hoy accede a aquellos textos que más le interesan a través de su hijo. “El escaso nivel teórico resulta un déficit de la literatura infantil, que es restrictiva en cuanto al lenguaje, los recursos, y las críticas especializadas. La literatura infantil se parece a una copla popular o a una letra de una canción, son producciones que tienen una limitación muy concreta de extensión”.

Relatos de autor

Los libros de Julio Cortázar despertaron el interés y la pasión de Mariño por la lectura. “Fue el autor que me provocó también deseos de escribir, incluso traté de incorporar su tono y de tener una vida en París, viviendo en Chivilcoy. También me cautivó la literatura latinoamericana con la saga de novelistas como García Márquez, Carpentier, Navarro, Reynoso y Borges, a quien considero el escritor más grande del siglo XX, aunque lo descubrí más tarde”, dice y reconoce que no figuran los libros de literatura infantil entre sus preferidos a la hora de la lectura. También cita a Ionesco y Beckett, que inspiraron su manera de escribir, orientada hacia lo absurdo. El escritor de 59 años fue colaborador de Billiken, Clarín y Página/12, además de guionista de  programas infantiles de televisión y tallerista. Obtuvo numerosos reconocimientos, entre los que se destacan el Premio Casa de las Américas (1988) y en 2004 lo distinguió la Fundación Konex.

Comentarios