Edición Impresa
Domingo 31 de Mayo de 2015

“El diseño es crear nuevas realidades”

El brasileño Eduardo Barroso Neto es asesor del programa de Ciudades Creativas de la Unesco. Cree que Rosario debe sumarse a la red y así potenciar sus cualidades como productora de bienes culturales. 

“El diseño es una forma de pensar las cosas, de presentar una solución que además de ser funcional y estética tiene que ser sorprendente e innovadora”, afirma el brasileño Eduardo Barroso Neto, asesor de la Unesco para el programa de Ciudades Creativas. Dice que un diseñador se destaca por su forma de pensar, por su capacidad de actuar bajo una lógica de la nebulosa donde no hay certeza de nada y que el diseño es mucho más de lo que parece, es crear nuevas realidades. Considera que Rosario tiene condiciones culturales que hacen a su identidad para lograr una certificación de “ciudad creativa”.
  Barroso Neto estuvo en Rosario en un desayuno de trabajo organizado por el Centro de Estudios Interdisciplinarios (CEI), de la Universidad Nacional de Rosario. Es un referente en el área de políticas públicas y gestión de diseño. Lideró el Plan Nacional de Diseño en Brasil y actualmente es asesor de la Unesco para el programa de Ciudades Creativas. En diálogo con Más delineó las líneas actuales del diseño, su rol en la vida cotidiana y también en las ciudades.
  —¿Quién es Barroso Neto?
  —Soy un diseñador por vocación y por la forma en que pienso las cosas más que por formación. Un diseñador tiene un conjunto de atributos y características que lo diferencian. Por ejemplo la simetría en el pensamiento, la capacidad de actuar bajo una lógica de la nebulosa dónde no hay certeza de nada y se debe usar la intuición. Tiene que ser inconformista, debe pensar que todo puede y debe ser cambiado para mejorarse. El diseñador es innovador no porque tenga un don divino sino porque sabe manejar las herramientas para crear nuevas realidades. El diseño es una forma de pensar las cosas, de presentar una solución que además de ser funcional y estética tiene que ser sorprendente e innovadora.
  —¿Cómo descubriste tu vocación?
  —Yo nací diseñador y el diseño apareció después en mi vida. Yo no sabía que era ser diseñador pero actuaba como tal sin saberlo. A los veinte años fui contratado para sumarme a un equipo de diseño en el Centro de Investigaciones de Belo Horizonte por mi trayectoria, yo era autodidacta. Más tarde ingresé a la Universidad para certificar mi profesión y no para aprenderla. El psicólogo americano Howard Gardner en su libro Las inteligencias múltiples habla sobre los distintos tipos de inteligencias. La corporal, la musical, la lógico matemática, la verbal, pero se olvidó de la inteligencia del diseño. Esas inteligencias las traemos cuando nacemos. Lo que la gente llama vocación es tener una de estas inteligencias más desarrolladas. Creo que es imposible enseñar a ser diseñador, se pueden aprender técnicas y mejorar. No se puede enseñar, como no se puede enseñar a ser jugador de fútbol o músico. Diseñador se nace, no se hace.
  —¿Qué es el diseño y cuál es su finalidad?
  —El diseño es una forma de acercarse a los problemas que se encuentra en la frontera entre el hombre y el medio ambiente. Puede ser una imagen, un producto o un espacio. El diseño es proyecto, es creación de nuevas realidades. El diseño debe servir para mejorar la calidad de vida de la gente, solucionar sus problemas elementales, después sus necesidades y también sus deseos explícitos o implícitos.
  —¿Quiénes son los referentes en el campo del diseño?
  —En Argentina hay muchos profesionales interesantes: Hugo Kogan, Rubén Fontana y Ronald Shakespear. Pero más que pensar en referentes me gusta pensar en una conciencia colectiva del diseño y esta es una idea que cobra cada vez más sustentabilidad.
  —¿Cuál es el rol del diseñador?
  —Debe ser un promotor de cambios, decodificar repertorios culturales porque la cultura es el principal agente de cambio. Si comprendemos la cultura y las necesidades humanas podemos promover cambios comportamentales. Primero hay que pensar en la necesidad de generar cambios en el comportamiento de la gente para después poder pensar qué productos o qué servicios podemos proyectar.
  —¿Cuál es el futuro del diseñador?
  —El diseño en el futuro va desaparecer como profesión para ser cada vez más una forma acercamiento presente en todas las carreras. La transversabilidad es el nuevo paradigma del siglo XXI. Hay que dejar de pensar al diseñador como creador de objetos de culto para verlo como un profesional que resuelve problemas de cualquier naturaleza. El diseñador debe crear servicios más que productos.
  —¿Cuáles son las claves para lograr valor agregado a través del diseño?
  —El mercado es fatal, o innovas o desapareces. Competir desde la variable del precio es imposible. Es el momento de ver nuestras particularidades. Tenemos que ver nuestro patrimonio cultural, nuestra identidad y nuestro territorio para crear productos singulares que nadie pueda hacer. Si generamos productos que nos identifiquen desde lo cultural nadie va poder competir con ellos, porque nadie tiene nuestra misma cultura. Es por ahí dónde está la salida. Los empresarios tienen buena predisposición pero le falta incorporar la idea de cooperación. Están en el paradigma del siglo XX donde solo piensan en la competencia. Hoy es necesario pensar en la convergencia y en la cooperación.
  —¿Cómo ve a Argentina en cuanto al diseño? ¿Y a Rosario?
  —En Argentina hay buenos ejemplos, buenas ideas y buenos estudios de diseño pero en proporción al tamaño del país y de sus demandas el número es muy pequeño para satisfacerlas. El diseño tiene que ser algo que esté al alcance de nuestros ojos. Rosario tiene una posibilidad hoy que no puede perder de vista: insertarse en la red mundial de Ciudades Creativas de la Unesco. Considero que el cine es una de las expresiones más fuertes en la ciudad. Rosario podría obtener la certificación de Ciudad del Cine porque tiene todo para serlo, oferta, demanda, capacitación, eventos internacionales. Esto va atraer a las otras expresiones como el diseño, la música, la literatura, el arte digital. Para encarar este desafío se tendría que unir el Estado con la Universidad y el sector privado. El objetivo sería no solo obtener la certificación de Ciudad Creativa sino pensar en que se quiere hacer con eso. Hay que proyectar un plan a futuro para cooperar con el resto de las ciudades creativas. Es necesario compartir experiencias.

Comentarios