Premio Nobel
Domingo 06 de Noviembre de 2016

El dinero no es todo, pero cómo ayuda

La relación entre dinero, consumo y felicidad es materia de estudio económico hace años. ¿Qué dice la ciencia?

Días atrás te contaba que un economista articula su gestión entre los ingresos (por lo general acotados) y egresos (siempre infinitos). Entre estos dos escenarios vas lidiando entre procurar lo que necesitás y protegerte de las precisas e invasivas estrategias de marketing que apuntan a incrementar tu consumo.

Bajo esta premisa, mis hijos, fuente de análisis permanente , me obligan a reflexionar y correlacionar el consumo y la felicidad. Emerge del mismo escenario, si el poderío económico es o no un canalizador de la felicidad que en definitiva todos buscamos.

En el disco Los Reyes de la Canción, del año 2001, "Los auténticos decadentes" incluyen el tema (nro. 9) "El dinero no es todo, ay pero cómo ayuda". Si bien está lejos todavía de ser la consagrada Sinfonía de Beethoven (paradójicamente también es la novena) este singular grupo musical promueve en cada evento que hasta el más aburrido de los invitados salte a la pista y en el mejor de los casos emule el trencito carioca.

El psicólogo americano Abraham Maslow en 1934 propuso como tesis doctoral en la Universidad de Nueva York la llamada Pirámide de jerarquía como una forma de representar las necesidades de un ser humano y su camino hacia la autorrealización personal.

A medida que vas logrando satisfacer las principales necesidades (fisiológicas, de seguridad, de afiliación o sociales) sobrevienen nuevas que te empujan hacia la cima, encontrando en la cúspide el reconocimiento social y auto-realización.

El punto es que en esta cima, y te diría en escalones previos también, emergen los llamados consumos "de lujo", suntuosos o pre-suntuosos. O sea, aquellos que hacemos con un afán de posicionamiento jerárquico y que poco tienen que ver con necesidades básicas. Son bienes que en microeconomía tienen una demanda elástica (cuando aumenta el ingreso, el consumo de estos bienes crece mas que proporcionalmente).

Pero la inquietud que subyace es si los ingresos o el consumo te hacen más o menos feliz, ciber Monday de por medio. Intentar correlacionar dinero y consumo con felicidad es materia de estudio económico hace años. Las principales instituciones educativas del mundo se disputan la temática para encontrar la llave mágica que a todos nos desvela. ¿Es el consumo el motivo de mi felicidad? ¿Es tener más dinero acaso?

Uno de tantos estudios al respecto lo lideró Andrew Oswald investigador de Warwick, quien comprobó que en los diferentes estados de EEUU en los que había mejor calidad de vida (medidos con indicadores objetivos: clima, espacios verdes, salud, educación, transporte entre otros) los reportes de satisfacción de los habitantes eran positivos y estos a su vez tenían un impacto en el consumo. Bajo este argumento se podría inferir que el dinero SI hace a la felicidad.

Para sumar al análisis, Richard Easterlin, en el año 1974, publica un trabajo en el que intenta dilucidar si el crecimiento económico hacia más feliz al hombre, como la teoría económica tradicional lo afirmaba.

El estudio demuestra . comparando varios países que el nivel medio de felicidad que las personas dijeron poseer, no varió prácticamente, al menos en los países en los que las necesidades básicas están cubiertas en la mayor parte de la población.

En su análisis entre 1946 y 1970 indicaba que aunque los ingresos hayan crecido de forma significativa, el nivel de felicidad que declaraban los encuestados no demostraban una tendencia clara u homogénea. A este análisis se lo conoce como la Paradoja de Easterlin.

Tiempo después, el premio Nobel de economía y creador de la economía conductal, Daniel Kahneman, nos hizo saber que existe en las personas "El umbral de la riqueza". Este concepto remarca que la felicidad no es directamente proporcional a mayor cantidad de dinero y, a partir de cierto nivel, tener más dinero no lo hace a uno más feliz, si ya están cubiertas las necesidades básicas.

Explicarle a mi hijo Pancho sobre estas paradojas es poco práctico y mucho menos convincente para él. Lo cierto es que el quiere su Play 4 o "cómprame algo", como sabe decir. Refuerzo entonces la pregunta: ¿que es lo que lo hace feliz (en materia de consumos)?

Descubrí entre las charlas de mis hijos con sus compañeros, que algo que sostenía el sociólogo Thorstein Veblen en el año 1899 en su obra La teoría de la clase ociosa sobre los consumos ostensibles y la emulación pecuniaria cobraba vida en las definiciones de mis hijos.

Entendí que si bien los ingresos y el consumo tienen un impacto en materia de felicidad, mas aun lo tienen si este se logra visible y permiten un posicionamiento en la escapa jerárquica social. Si bien esta es una simplificación a una discusión económica y filosófica, la verdad es que es un fiel reflejo de nuestra evolución como especie.

El capitalismo tiene por esencia medular la competencia como herramienta de posicionamiento social. Los símbolos icónicos son parte de este modelo que a todos nos empuja a correr los limite de la producción y el consumo.

Así como en el deporte, para competir se debe contar con un entrenamiento, en economía se debe contar con los recursos. Y si bien más no es mejor, como dicen los Decadentes…"el dinero no es todo ay…pero como ayuda".

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