Opinión
Viernes 06 de Enero de 2017

El desafío de "conversar"

Vamos a iniciar un año después de otro que nos fue dejando poco a poco ... sin palabras.

Vamos a iniciar un año después de otro que nos fue dejando poco a poco … sin palabras.

Cada vez "evolucionamos" más rápidamente hacia un formato de símbolos, a la síntesis, a usar imágenes, videos, íconos, simplificaciones, 140 caracteres, cuatro segundos de atención en un smartphone, 40 en un site, no llegamos a la segunda página en una búsqueda en Google y menos podemos imaginar cómo fue la vida sin internet. Será que pasamos, como dicen, de "un cambio de era" a una "era del cambio" y eso nos impone otros códigos.

Cambiar es inevitable. Queramos o no, nos pasa.

Los niños que estamos formando no necesitan la presencia física de sus pares ni se aburren… ¡siempre que haya wifi!

Tocamos pantallas, seleccionamos aplicaciones, ponemos "me gusta" a los momentos mágicos como a las cosas más terribles en la vida de cualquiera indiscriminadamente.

Creemos que interactuamos solo por ser veloces en las respuestas, para no perdernos nada, incluso lo que no nos interesa.

Nos multiplicamos en ansiedad y aún así nos frustramos al no poder estar en todo.

Sería bueno en este vértigo —con la excusa de un inicio más— detenernos, volver a "nombrar" las cosas o a lo que nos pasa, de acuerdo a estas nuevas condiciones y por sobre todo a nuestros valores.

Redefinir significados que nos acerquen a la riqueza de las palabras más allá de lo que "compartimos" y nos define en el mundo virtual.

Dejar de perdernos en "enlaces" que abran nuevas variantes de interés ajeno, de los que nos cuesta regresar.

Recuperar el orgullo de tener la mejor reputación (ambas, la real y la digital), por sobre el desempeño en redes y comunidades.

A preguntarnos cómo es la historia hacia adelante, la que vamos a escribir y contar a partir de ella.

A desarrollar mínimas condiciones que hasta ahora no sabíamos teníamos y que nos permitan articular el malestar y esperanza que conviven inexorablemente:

• Actitud: trabajar en lo que se pueda sin dejar de buscar en lo que se quiere.

• Perseverancia: comportarse positivamente. La vida no es lo que pensás, es lo que hacés y lo que se debe, no lo que se tenía previsto.

• Motivación: que no es tener ánimo, es tener motivo, y hablo simple y sencillamente de "lo propio".

Porque la vida no es pensar en hacer. La vida se hace haciendo!

Vamos a necesitar focalizarnos ante tanta dispersión, inventando los términos que hagan falta y todo aquello que sea necesario para lograrlo.

Hoy, mañana, pasado y cualquier día, los invito a crearlos a como se pueda, con aciertos y errores, conviviendo con el fracaso, pero siempre con creatividad, audacia y pasión.

Bienvenidos entonces a este gran desafío.

¡Conversemos!

Javier Joison

Consultor en marketing y formador en liderazgos

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