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Sábado 11 de Julio de 2009

El desafío de no abandonar

"Cuando una persona está cursando y queda en libertad es frecuente que abandone los estudios, sobretodo si aún le quedan varios años para terminar. Porque al salir, se enfrenta con la compleja realidad de tener que reconstruir sus formas de subsistencia y eso hace que las preocupaciones se desplacen a hacia otro lado", indica el director del Programa de la UNL, Máximo Sozzo sobre las dificultades de sostener un estudio a largo plazo desde prisión.

Sin embargo, Luis Acosta pudo gambetear esa adversidad. "En 2005 salí de la cárcel y seguí estudiando", dice ahora y recuerda que cursó la primera parte de la carrera en el penal de Las Flores. Y en 2007 se recibió de técnico en higiene y seguridad. Recuerda que continuar fue un proceso difícil: "Trabajaba en la construcción. Entraba a las siete de la mañana, salía a eso de las cuatro, me acostaba un rato y después me dedicaba un tiempo a la lectura. La computadora que tenía no era muy moderna pero me servía para escribir y acceder a internet".

Luis vive con su mamá, su hermano y tiene dos hijos de 12 y 7 años. "Cuando me recibí llevé a mi hijo mayor a la graduación, eso fue como romper con la imagen que él tenía de mí", rememora, y reflexiona: "Una persona sólo se puede regenerar con los elementos más fundamentales: trabajo y educación".

Carlos de la Peña se recibió hace cuatro meses de martillero público también en Las Flores. “En la calle no tenía contacto con la tecnología. Llegué ahí y se me dio esa posibilidad. Uno estudia porque sabe que después afuera, con un título es diferente. Yo a eso lo tenía muy claro”.

Para Carlos cursar en prisión tampoco fue una tarea sencilla: “Todo cuesta allá adentro. Hay que crear ese ambiente para poder estudiar tranquilo. Me armé de ese contexto porque quería estudiar y quería recibirme. Ahora, soy un profesional”.

 

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