Cartas de lectores
Martes 16 de Agosto de 2016

El delirio argentino

Me cansé de repetirlo en innumerables notas y conversaciones, y nuevamente por frases que son de dominio público y bajan desde el poder que alientan la decepción, estimo que este pueblo adolece de factores que son insustituibles en otras sociedades.

Me cansé de repetirlo en innumerables notas y conversaciones, y nuevamente por frases que son de dominio público y bajan desde el poder que alientan la decepción, estimo que este pueblo adolece de factores que son insustituibles en otras sociedades. Hablo concretamente del aspecto moral, tenemos hipocresía y un alto grado de desidia. En suma "la viveza criolla" y el ínfimo apego a las leyes se parecen a un correlato inevitable y transitado cotidianamente por todos. Otro de los mojones fundamentales e incomprensibles es que en la Argentina a los funcionarios con sus asesores, ya que no se sonrojan como debería ser por tener varios, se les paga fortunas que ni siquiera pagan países del primer mundo como Alemania, Suecia, Canadá o Japón por mencionar algunos. Y encima el Estado paga esas fortunas, contando con un pobrerío que ronda el 30 por ciento de la población, a los que además mantiene con todo tipo de planes sociales, y con casi la mitad de la fuerza laboral considerada "en negro", es decir ciudadanos que no han blanqueado su situación social. A esto hay que sumarle la galopante corrupción, que ahora dicen que se la combate como al tráfico de estupefacientes. Volviendo a la decepción, no va a ser que esta suerte de locura vuelva a pasar como con "el magnate de Anillaco", que dejó tierra arrasada y luego lo volvieron a elegir senador vitalicio. Entonces sí que estaremos realmente fritos, y a la mente volverá una y mil veces eso que nos contaban en la escuela, acerca de ese prócer que al expirar dijo ¡Ay patria mía!

Felipe Demauro

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